Un nuevo chantaje de ERC

El futuro del Gobierno de España no puede depender de los problemas internos del independentismo en Cataluña

La dirección de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) ha convocado a sus bases hoy para una consulta por vía telemática, entre las 09:00 y las 20:00, a fin de conocer su opinión sobre un posible apoyo a la investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno tras el acuerdo del PSOE con Unidas Podemos. La pregunta que planteará ERC hoy a sus militantes dice literalmente así: "¿Estás de acuerdo con rechazar la investidura de Pedro Sánchez si previamente no hay un acuerdo para abordar el conflicto político con el Estado a través de una mesa de negociación?". La cuestión es, por su enunciado, susceptible de cualquier decisión posterior de la dirección del partido independentista, una pregunta alambicada que se presta a todo tipo de interpretaciones, un mero paripé para justificar lo que a los fieles de Junqueras y Rufián les apetezca hacer a partir de esta noche. A nadie engañan con estas puestas en escena que pretenden lucir unas formas democráticas de hacer este partido que si algo ha demostrado en los últimos tiempos es un desprecio absoluto a las mayorías y unas formas que rayan en la ilegalidad desde todos los puntos de vista: en las cámaras parlamentarias y en la calle. Pero lo que es indignante no es sólo el hecho de que ERC trate de darse un baño de transparencia y democracia interna, sino que con este tipo de consultas pretenda ser el árbitro del futuro del conjunto de todos los españoles. Que cualquier ciudadano de Cuenca, Santander o Sevilla tenga que estar pendiente hoy de lo que deciden en ERC unos miles de militantes para saber si hay Gobierno estable en España es algo perverso y casi surrealista. Un motivo más para que, de nuevo, se ponga en cuestión el actual sistema de representatividad parlamentaria, que favorece en determinadas regiones a algunos partidos. Pero, por encima de esa cuestión tan debatida y nunca resuelta por los grandes partidos, lo que llama la atención es que la posible llave del Gobierno de España, o no, la tengan hoy personas que ni creen en este país ni han respetado sus leyes e incluso se han echado a las calles para crear el caos o amparado estas conductas. No hace falta concluir, por tanto, que un Gobierno en el que ERC fuese decisivo, bien por acción o por omisión, sería un Gobierno cautivo que habría claudicado ante la evidente extorsión que en los últimos meses ha sufrido el Estado español y, por tanto, toda la sociedad. En manos del actual Ejecutivo en funciones está que las decisiones que adopte hoy mismo ERC se conviertan en una mera anécdota y un ejercicio teatral al que ya nos tiene tan acostumbrado este partido, inmerso en la deriva independentista de tintes antisistema, o supongan una claudicación para la permanencia en el poder.

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