La tribuna

Entre Sierpes y San Acacio

Entre Sierpes y San Acacio
Tomás García
- Doctor En Biología

Sevilla asistió a una gran proliferación de instituciones monásticas masculinas y femeninas a partir del siglo XVI tras convertirse en el núcleo del comercio con el Nuevo Mundo, llegando a poseer más de cien. La calle Sierpes siempre ha sido una encrucijada de luces y sombras, guardando en el pasado su alma mística en varios conventos como contrapunto a las miserias humanas que encerraba el “maléfico infierno” de su Cárcel Real, según palabras de Santa Teresa de Jesús. Tres de ellos surgen en la mitad norte de esta histórica vía, todos desacralizados en la primera mitad del siglo decimonónico. Uno de ellos era el de mínimas de Nuestra Señora de Consolación ubicado en la esquina con Dueñas (actual Rioja), mientras el de dominicas de Santa María de Pasión se extendía entre las calles Pasión (actual Vargas Campos) y Azofaifo.

El tercer centro monacal de Sierpes sería el de San Acacio, un cenobio educativo para frailes de la Orden de San Agustín. Se había fundado en 1593 sobre unos terrenos cercanos al humilladero de la Cruz del Campo, pero las deplorables condiciones de habitabilidad en este lugar recomendaron su traslado al interior. Los monjes alquilaron en 1633 unas casas frente al monasterio de Santa Paula y adquirieron un año después el inmueble situado en la esquina de Sierpes con la conocida entonces como calle de los Leones, llamada de San Acacio tras el establecimiento del colegio y Pedro Caravaca desde 1936 hasta la actualidad. Era una fundación dependiente del convento agustino Casa Grande erigido extramuros cerca de la Puerta de Carmona a principios del siglo XIV –según Alonso Morgado y otros autores–, aunque miembros de la orden pudieran estar ya presentes en la ciudad tras la entrada de Fernando III.

La importancia del edificio ocupado por el Colegio de San Acacio estriba también en sus usos adicionales: 1.- Como primera Biblioteca Pública de Sevilla, desde mediados del siglo XVIII hasta la mitad del siguiente, abriéndose una puerta para el acceso del común de las gentes en la calle Triperas (actual Velázquez); 2.- Como sede de la Real Escuela de las Tres Nobles Artes, germen de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría; 3.- Como oficina central de Correos y Telégrafos entre 1834 (tras la exclaustración) y comienzos de los años treinta del pasado siglo, con un impresionante buzón en su fachada a modo de cabeza de león; 4.- Como sede del Real Círculo de Labradores desde 1948 hasta el día de hoy, que lo preserva y cuida con esmero. De su estructura original nos queda el maravilloso patio barroco cuadrangular trazado por el gran arquitecto Leonardo de Figueroa, conformado por una doble galería con arcos de medio punto en la baja y balconadas con columnas salomónicas en la alta. Un notable monumento en el corazón del casco viejo de Sevilla que aún custodia rescoldos de las luces celestiales que proporcionan paz y felicidad tras los muros de un convento, como sintiera y dijera Luis Cernuda.

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