Provincia

Aparece muerta una mujer en su casa con un fuerte golpe en la cabeza

  • La Guardia Civil busca al autor del crimen y el objeto con el que mató a la víctima, una joven viuda de 26 años que residía en la vivienda asaltada con sus tres hijos pequeños.

Como en cada escena del crimen, en el de La Rinconada hay decenas de curiosos que aguardan no se sabe muy bien qué ni a quién. Permanecen a la espera, de pie, sentados en un escalón o en un bordillo o apoyando el peso de su cuerpo sobre una pared. Algunos llevan niños en brazos, otros hablan en tono bajo y comentan las mil habladurías que ya corren por el pueblo y otros simplemente hacen fotografías con sus teléfonos móviles, tampoco se sabe muy bien a qué. Ninguno se retira, por mucho que pasen varias horas desde la llegada de la primera pareja de la Guardia Civil hasta el levantamiento del cadáver de la víctima. Parecen entusiasmarse cuando un agente de la Policía Científica entra en la vivienda en la que sigue el cuerpo o cuando llega la juez del caso, que algunos, no muchos, reconocen de haberla visto en televisión. Es la titular de Instrucción 6, María Núñez Bolaños, la encargada de investigar el caso de los ERE tras suceder a Mercedes Alaya, que ayer se encontraba de guardia de incidencias.

Retirada de la plaga de curiosos, ya en otra calle, a unos cincuenta metros de la cinta con la que la Guardia Civil indica hasta dónde se puede pasar, una mujer llora. "Estoy helada. Íbamos juntas a llevar a nuestros niños al colegio y no me lo puedo creer todavía. Al menos sus hijos estaban en el comedor cuando ha pasado todo". La mujer explica que la víctima se llama Ana, que debe tener veintipocos años y que no tiene mucha amistad con ella, pero la trata a diario y su muerte le ha dejado un "mal cuerpo" que no es capaz de describir. Habla de ella todavía en presente, como si no hubiera asimilado que ayer fue el último día que llevaron juntas a los niños a la escuela.

La víctima, Ana, de 26 años, apareció muerta en su casa, en el número 5 de la calle Gerardo Diego, con al menos un fuerte golpe en la cabeza. La encontraron unos vecinos sobre las tres y media de la tarde, después de que se saltaran a un patio interior de la casa porque habían oído gritos que salían de dentro de la vivienda. Uno de ellos aupó al otro colocando sus manos en forma de peldaño, de manera que pudo sortear el muro. Dentro yacía el cuerpo de la víctima, ya sin vida. Los tres hijos que tenía a su cargo permanecían en la escuela, ajenos a todo. 

Ana era viuda. Su marido, Diego, murió repentinamente a finales de diciembre. Cuentan en el pueblo que la relación con la familia de su marido no era buena y que los parientes de éste son muy conflictivos. De ahí que los investigadores se estén centrando en las primeras horas en el círculo familiar y el entorno de la mujer asesinada. El equipo de Policía Judicial de la Guardia Civil ha asumido la investigación del caso. Los agentes de esta unidad inspeccionaron la vivienda y tomaron declaración a los vecinos, en especial a quienes encontraron el cadáver.

En esos primeros momentos todo era confusión. Algunos hablaban de que habían visto a varios asaltantes, mientras otros, la mayoría, sencillamente decían no haberse enterado de nada. "No he escuchado nada, de verdad, pensé que era una broma de mal gusto hasta que mi mujer me digo que me asomara y vi toda la calle llena de guardias civiles", decía otro de los residentes en este barrio de la Rinconada, conocido como Huerto Benito. Casi todos coincidían en testimonios como éste. Algunos hablaban con otros vecinos, comentaban rumores que luego callaban cuando se acercaba alguien de la prensa o de la Guardia Civil. 

Mientras, otro grupo de agentes buscaba el arma del crimen por un campo de naranjos próximo al domicilio. Por el momento todas las líneas de investigación permanecen abiertas y se continúa buscando al autor o autores de este homicidio, el cuarto del año en la provincia de Sevilla tras el de la heladería de la Macarena, el del violador del Parque de María Luisa y el del descuartizador de Dos Hermanas.

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