Centenario Castilleja de la Cuesta tendrá un nuevo museo gastronómico

Cien años redondos como tortas de aceite

  • El presidente de Inés Rosales anuncia su objetivo de exportar a todas las capitales importantes del mundo en cinco años

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Cuando Inés Rosales Cabello comenzó a distribuir sus tortas familiares en 1910, quizás fantaseó con la idea de que su producto se comercializaría en toda Europa, en Estados Unidos, Australia e incluso en los Emiratos Árabes, lugares en los que difícilmente podrían ubicar el nombre del pueblo que va unido a las tortas de aceite, Castilleja de la Cuesta. Un siglo después de que se pusiera en marcha esta empresa, y tras muchas generaciones disfrutando de su aroma de anís, Inés Rosales es una marca presente en los cinco continentes que pretende expandirse hacia mercados como China y Japón y espera llegar "a todas las capitales del mundo en cinco años", según explicó ayer el presidente de la firma, Juan Moreno, en el acto para presentar la celebración del primer centenario de estas prestigiosas tortas.

Aunque la empresa crezca y la gestión se profesionaliza con estudios de mercado, inversión en Investigación y Desarrollo y maquinaria, "las tortas de aceite siguen elaborándose a mano respetando la receta original: aceite de oliva, harina, anís y ajonjolí". Una mezcla sencilla pero genuina y fácilmente reconocible, "como comerse las orillas del Guadalquivir", dice orgulloso Juan Moreno.

En este sentido, el presidente de la empresa, que no tiene relación con la familia Rosales, explicó que en la fábrica situada en Huévar del Aljarafe se hacen 300.000 tortas todos los días, "cada una con la firma de la amasadora". La fábrica, que tiene una capacidad de 12 millones de paquetes de tortas de aceite y mil toneladas de otros productos y cuya facturación en 2008 fue de 13,2 millones de euros, cuenta con una plantilla de 121 personas y una inversión en el bienio 2009-2010 de 4,7 millones de euros. Unas cifras que seguramente darían vértigo a la fundadora.

Juan Moreno, presidente de la empresa desde 1985, quiere afianzar el binomio Inés Rosales-Castilleja, asegurando que permanece "como idea inalterable en la cultura empresarial de la compañía por respeto a cuantos, desde el pueblo, hicieron posible con su trabajo el nacimiento y la consolidación de la marca". De este modo pretende poner el nombre de Castilleja en lugares que ni tan siquiera tienen noción de dónde está Andalucía.

Con motivo de este primer centenario, la empresa y el Ayuntamiento de la localidad han programado para 2010 una serie de actividades y proyectos como la creación de un museo gastronómico sobre la renombrada torta. "El pasado de Inés Rosales está en Castilleja", por lo que el presidente de la compañía quiere buscarlo en los desvanes del pueblo y ha pedido a todas las personas de la localidad que rebusquen en sus armarios todos los objetos relacionados con la fábrica que puedan encontrar para mostrarlos en el museo. Además se organizarán cursos de formación sobre la elaboración de las tortas y su envasado, "con el objetivo de invertir en el futuro de Inés Rosales y de la localidad".

El alcalde de Castilleja, Manuel Benítez, que también estuvo presente en el acto conmemorativo, añadió que "las tortas de aceite se han convertido en un mito a lo largo de la historia y se han erigido como embajadoras de la provincia en todo el mundo". Él, como otros muchos vecinos, responde con orgullo cuando le preguntan de dónde es que es "del pueblo de las tortas".

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