Los conductores de Casal prevén un conflicto "largo"

La empresa se niega a la alternativa municipal de las lanzaderas aduciendo que la concesión del servicio de transportes constituye un "derecho exclusivo"

Viajeros aguardan en la Avenida de Portugal el autobús en servicios mínimos de Montequinto.
Viajeros aguardan en la Avenida de Portugal el autobús en servicios mínimos de Montequinto.
Francisco Correal

Transporte público, 21 de mayo 2008 - 05:01

La Gran Sevilla es más pequeña con la huelga de los autobuses de Casal. Los pulmones de la metrópolis están renqueantes. Avenida de Portugal. El best seller del autobús que conduce Manuel Vecino, 33 años, es la lista de Servicios Mínimos: los horarios de los 14 viajes de Sevilla a El Viso pasando por Mairena del Alcor y los 14 en sentido inverso.

Todos los conductores utilizan la misma expresión: "Esto va para largo". Da igual que lleven a los viajeros desde el Prado hasta Mairena y El Viso, caso de Manuel, o que los trasladen desde la estación de Plaza de Armas hasta Santiponce. En la antepenúltima parada camino de Itálica famosa, se produce el relevo de conductores: se baja Manuel, vecino de Camas, y se pone al volante David, residente en la barriada poncina de Puente del Alamillo. La huelga ha supuesto la supresión del partido, como llaman en el argot a la línea suplementaria de desdoble que asume el incremento de demanda en las horas punta.

"Las reivindicaciones son las mismas para todos los conductores", dice David, "da igual que sean de Alcosa, de Torreblanca o de Carmona". Con Manuel, su compañero, se ha ido bajando la legión de trabajadores, empleadas de hogar, estudiantes que convertían este vehículo en autobús urbano. En la última parada, junto a la Venta Venancio, se baja una pareja de turistas, dos valientes que se dirigen a Itálica a pesar de la huelga de autobuses y de la lluvia.

No se habla de otra cosa. Ni en la cabina del conductor ni en el andén de viajeros que hacen cola para entrar. "Tienen mucha cara. 1.200 euros por seis horas de trabajo", dice una chica. Comentario que provoca la airada respuesta de otra viajera. "Tienen que defender sus derechos. Lo que no es justo es que luchen cuatro y se beneficien doscientos". A Santiponce no hay atajos. "A Torreblanca puedes coger otra línea, pero a mi pueblo, como no vayas a Camas y sigas andando... Yo tengo que bajarme en la Renault, de la Renault a mi casa y de mi casa a mi piso".

Manuel Vecino es visueño, gentilicio de los nacidos en El Viso del Alcor. Se siente entre el fuego cruzado de la empresa y el comité de empresa. "Cada uno tira para su lado y nosotros enmedio. En El Viso hay siete turnos y sólo trabajan cuatro. Yo la semana que viene no trabajo y, por tanto, no cobro. Cobramos entre 900 y 950 euros al mes; con la huelga, no pasaremos de los 600. Si no trabaja tu mujer, lo tienes claro". La mujer de Manuel es administrativa. Tienen un niño de 18 meses que se merece todas las tablas reivindicativas. El Viso estaba cubierto por la empresa Jiménez, absorbida hace cinco años por Casal. En las dos trabajó este chófer y dos años antes como camionero. "El camión está muy malo. Aquí por lo menos duermes todas las noches en casa, pero esto no es vida. Llevas una responsabilidad muy grande por menos de mil euros al mes".

Tres autobuses de Casal por la calle Fernán Caballero, arteria principal de Mairena del Alcor. Servicios máximos. Junto al parque de El Viso está la parada del autobús a Carmona, itinerario que cubre Casal. Para mitigar los efectos de la huelga, el Ayuntamiento de Carmona ha dispuesto un servicio de lanzaderas entre este municipio y la pedanía de Guadajoz, que cuenta con un apeadero de Renfe y donde los viajeros pueden coger el Cercanías hasta Sevilla. Como la lanzadera no traspasa el término de Carmona, no incumple los "derechos exclusivos" que aduce la empresa Casal para negarse a esta fórmula alternativa planteada por los municipios afectados.

Francisco Javier Domínguez es sevillano, tiene el negocio en El Viso -bar El Barranco, todos los martes desayunos- y la casa y la novia en Alcalá de Guadaíra. Las cosas más importantes en su vida están unidas por los autobuses Casal "porque me estoy sacando el carné de conducir. Tengo coche, pero no está la cosa para bromas". "¿Que si se nota?", pregunta Francisco Javier, 31 años, en la parada de El Viso. Encima, el chófer no tiene cambio y tiene que entrar en un chino para conseguir las monedas fraccionarias.

En Sevilla, la huelga de Tussam se arregló en vísperas de la Feria. Este joven confía en que la inminente Feria de Alcalá surta idéntico efecto en el conflicto de Casal. "Son ellos", dice el conductor Manuel Vecino refiriéndose a los alcaldes de los municipios implicados, "los que deben presionar ante la empresa". Francisco Javier Domínguez cogió el autobús bien temprano en la parada de Montecarmelo, una de las salidas de Alcalá. En el regreso coincide con un cuponero sin suerte. "Tres cuartos de hora estuve esperando el autobús en Torreblanca".

Suena Sabina en la radio del autobús que conduce el ex camionero Manuel Vecino. Entrando en Sevilla, en la carretera de Málaga, una pancarta reza: "Casal Tercermundista". A varios kilómetros de distancia, David ya ha relevado a Manuel y escucha a José María del Nido en Libre y directo.

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