• Familiares y afectados crean una plataforma para concienciar sobre la gravedad de la enfermedad, exigir prevención y apoyar a los que sufren las secuelas

Marismas del Guadalquivir

La lucha de los damnificados por el virus del Nilo

Rafael Sosa, hostelero de la Venta el Cruce. Su suegro falleció por virus del Nilo, que con las restricciones del Covid-19, ha lastrado su medio de vida en la marismas. Rafael Sosa, hostelero de la Venta el Cruce. Su suegro falleció por virus del Nilo, que con las restricciones del Covid-19, ha lastrado su medio de vida en la marismas.

Rafael Sosa, hostelero de la Venta el Cruce. Su suegro falleció por virus del Nilo, que con las restricciones del Covid-19, ha lastrado su medio de vida en la marismas.

Juan Carlos Vázquez

El Covid-19, que arrasa con tantas cosas, parece haber disipado también el interés informativo o las declaraciones públicas sobre otra epidemia, que irrumpió en el entorno de las marismas del Guadalquivir al final del confinamiento duro, en verano.

La fiebre del Nilo hizo que 76 personas enfermaran con graves síntomas, a pesar de que éstos se manifiesten sólo en un 1% de los que se contagian por un virus que se transmite con la picadura de los mosquitos. Fueron 57 en Sevilla, 14 en Cádiz y 5 en Badajoz. Nueve murieron. En otros pacientes ha dejado secuelas para toda la vida.

Para romper el velo que parece haber caído sobre lo que pasó, aclarar por qué las alarmas no saltaron y, sobre todo, evitar que vuelva a ocurrir actuando antes, un grupo de afectados de Coria y La Puebla del Río han constituido una plataforma, con el asesoramiento de un abogado.

Pretenden recopilar datos, llegar a otros enfermos o familiares directos, según explican. Hay un formulario para inscribirse, accesible a través de la cuenta de facebook Plataforma Víctimas Virus Nilo.

Su reto es también apoyar y ayudar a salir adelante a las personas a las que la encefalitis que provoca este virus del Nilo occidental –aislado en esa zona de África en 1937, cuando en las marismas de Sevilla se ganaba terreno para el cultivo del arroz– ha dejado graves daños neurológicos, que se hable de cómo se manifiesta y de los primeros síntomas, para poder reaccionar a tiempo.

Detrás de la iniciativa hay tres personas: Rafael Sosa, David Artiaga e Israel Espinosa, cuyos testimonios son un ejemplo de la gravedad de lo que ha ocurrido y cómo está condicionado sus vidas, aunque reunirlos sea difícil por las restricciones para que los compartan públicamente.

En el corazón mismo de la marisma y los arrozales

Rafael es yerno de Victoriano Gómez, el conocido hostelero de Arco de Colinas y la Venta el Cruce, junto a los arrozales de La Puebla, primera víctima mortal por el brote, el 20 de agosto.

El padre de David Artiaga, fallecido poco después, tenía 70 años y era trasplantado de hígado, se mantenía en forma andando 10 kilómetros por la ribera del Guadalquivir en Coria, entre 06:00 a 08:30 horas cada día.

El hijo de Israel es uno de los menores afectados, aunque con 4 años salió adelante. Como secuelas tiene dos soplos en el corazón y un endogirismo en el pie izquierdo, además de miedos y ansiedad tras su paso por la UCI.

Sus padres y su hermano, que cumplió tres años en octubre, están citados en el Virgen del Rocío, donde les van a hacer un estudio para intentar dilucidar por qué sólo el hijo mayor enfermó, cuando todos paseaban con el perro junto a un canal de Coria en el que se topaban con nubes de mosquitos, que les picaban.

Los testimonios

“El día antes, yo estaba con los mismos síntomas, tenía fiebre y dolor de piernas, y él me dijo todo lo que tú pasas, lo paso yo y ahora la gripe”, relata Ana María, hija de Victoriano, en esa Venta el Cruce que es un hito geográfico en la antesala de Doñana, junto a 40.000 hectáreas de arrozales y la finca de los Peralta. “Él nació en Colinas –las casas al otro lado de la carretera– ha convivido con los mosquitos toda su vida”.

Ana María Gómez. Ana María Gómez.

Ana María Gómez. / Juan Carlos Vázquez

El día antes de encontrarse mal ayudó a recortar las alas a los patos que cría la familia. Ingresó un 3 de agosto, después de pasar varias veces por urgencias y que le mandaran de vuelta a casa, achacándolo todo a la retención de líquidos. Hasta que la familia avisó a su viejo médico de cabecera, ya jubilado, que fue a verlo y llamó al 061.

Rafael y Ana María –tienen dos gemelas de 7 años, con pánico a los mosquitos tras lo ocurrido– son los únicos que están ahora en un negocio en el que había otra decena de trabajadores, que han tenido que despedir. Arco de Colinas está cerrado y mantienen abierta la Venta el Cruce. El viernes, hasta las 10:30 de la mañana, sólo habían servido seis desayunos.

Primero fueron los tres meses del confinamiento, el verano parecía ir bien –el 95% de su clientela son vecinos del Aljarafe y Sevilla que buscan los paisajes, el aire y el arroz con pato o con conejo–, hasta que llegó la enfermedad de Victoriano, las noticias del virus del Nilo, que lo vaciaron de nuevo. Ahora, luchan en vano con el cierre perimetral, se lamenta Rafael, en un testimonio que ilustra las derivas de dos epidemias.

Un ave, que transmiten el virus a los mosquitos que les pican, en un canal junto a la carretera Puebla del Río-Venta El Cruce. Un ave, que transmiten el virus a los mosquitos que les pican, en un canal junto a la carretera Puebla del Río-Venta El Cruce.

Un ave, que transmiten el virus a los mosquitos que les pican, en un canal junto a la carretera Puebla del Río-Venta El Cruce. / Juan Carlos Vázquez

Algunos informes y epidemiólogos habían advertido de la expansión del virus en la zona, señala, y lamenta que no se reaccionara. “Queremos hacer un seguimiento para que no vuelva a pasar, para que se echen la pelota de unos a otros, entre los ayuntamientos, la Junta y el Gobierno, que no mareen la perdiz” insiste Sosa.

Israel pone el acento en que el brote no se ha superado como consecuencia de los tratamientos (o no sólo por eso), sino por una cuestión biológica en el ciclo del mosquito que tiene que ver con las temperaturas. Su empeño, es que la plataforma sirva también para que personas que se encuentren en zonas de riesgo sepan ver los primeros síntomas de un problema neurológico y acudan al hospital.

Su hijo tuvo vómitos constantes, no seguía la mirada, tenía reflejos en las piernas. Ingresó por urgencia el 31 de julio, vieron desde el principio que era algo neurológico y le trataron con medicación para todo tipo de infecciones que pueden provocar encefalitis. Descartadas las bacterias, el equipo tuvo conocimiento de más casos en Coria y ahí la familia oyó hablar del virus del Nilo.

Los tres promotores de la plataforma refieren los problemas psicológicos tras lo vivido. David Artiaga ha puesto en venta su casa en Coria. “Nos dijeron que era virus del Nilo cuando mi padre ya estaba con el respirador y que no había cura, que su cuerpo tenía que reaccionar”. Antes de ingresar, estuvo varios días con fiebre, se sentía muy cansado, y al cuarto tuvo alucinaciones.

David cree que, con lo que ha pasado y dado que el virus tiende a propagarse es necesario que las autoridades sanitarias den una información “más clara” de los riesgos, de la enfermedad para que todos los casos que haya habido salgan a la luz. “Ha sido una dejadez por parte de todos”, sentencia.

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