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Los mineros jugaban al tenis

  • Una asociación de ex alumnos maristas se reúne para evocar los tiempos de la mina y el esplendor, cuando el pueblo triplicaba la población y número de casinos

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Misa cantada, foto en la escalera, comida en el casino. El único casino que queda en Villanueva del Río y Minas, el Recreativo. Antes también estaban el de la Amistad y el de la Pringue, donde llegaban los mineros a la salida del subsuelo y echaban un primer trago de calandrán, un vino blanco de La Palma del Condado, para quitarse el polvillo del carbón.

La misa, la foto y la comida la protagonizan los miembros de la Asociación de antiguos alumnos de los Maristas, que llegaron antes a la mina que a Sevilla. La Asociación se funda en 1934, el año de la revolución de Asturias. Por ningún otro sitio pasan tantos ríos: Huéznar, Guadalquivir, Parroso, Galapagar y Tomohoso. Pero es la mina ya inexistente, con una hulla que era insuperable para la siderurgia, lo que estos pupilos de Marcelino Champagnat, fundador de la orden de los Maristas, reivindican. La mina impregnó su carácter, su historia y su gentilicio de mineros.

Manuel Morejón (Villanueva del Río y Minas, 1942) preside la Asociación. Su vida laboral transcurrió en África, relacionado con la aviación. Tiene más de diez mil fotos y la lista de bajas de mineros por silicosis. Ramón Gómez Alcaide (1939), es vicepresidente. Cuarenta años de mecánico de aviación. Juan Rodríguez (1950) y José Luis Rodríguez (1949) entraron de botones en el Banco de Andalucía. Enrique García (1950) es periodista y fue jefe de prensa de Rafael Escuredo cuando éste fue presidente de la Junta.

La producción íntegra de la mina iba para Renfe y fue la empresa MZA (Madrid-Zaragoza-Alicante) la que decidió pensando en los beneficios sociales de los mineros crear el Colegio San Fernando. "Una avanzadilla de la educación gratuita", dice Enrique García. No fue la única. Hasta los libros de Geografía le asignaban a la mina veinte mil habitantes (hoy no son más de siete mil) a este municipio, tres mil hombres bajando todos los días a la mina. Iban las compañías de teatro desde Sevilla; todos los circos, incluido el teatro de Manolita Chen. Tenían azucarera, fábrica de cemento, vía férrea propia y pistas de tenis.

Vino la diáspora y encontraron mineros en Bembibre y en Castuera, en Milán y en Cornellá, donde existe un equipo de fútbol formado por mineros que emigraron a Cataluña. "Se fueron más al cinturón industrial de Barcelona que al de Madrid".

Eran tiempos de pujanza económica muy unida al trabajo matriz de la localidad. "Era una economía lo más parecida a la de la Unión Soviética", dice Juan Rodríguez. La paga extraordinaria del 18 de julio en Villanueva se pagaba en mayo, coincidiendo con la Feria. "Y se la pulían entera, porque cuando bajaban a la mina nunca sabían si a la mañana siguiente iban a salir".

Temores fundados en una localidad que a estos indudables avances -ni paro ni analfabetismo en la retrasada España de los años cincuenta- une el hecho de ostentar el récord de desgracias mineras. Presidente y vicepresidente eran dos adolescentes, sus tres compañeros unos niños cuando la explosión de la mina en 1959 se saldó con 16 mineros muertos. "Murió el Bartolo, el Merchán y el padre de los yegüeros", recuerda Morejón. "Nunca se me olvidará el camión del Chato, que llevaba un gallego muerto con una piedra clavada en el pecho", apunta Gómez Alcaide. En 1904 ya hubo 61 muertos en otro siniestro.

La sede del colegio la ocupa actualmente el Ayuntamiento, cuya alcaldesa, María José Cervantes, les cedió un sótano, la antigua carbonería escolar, como sede de la asociación. Allí están fotos y trofeos y harán entrega del premio a la mejor fotografía, que consistirá en una auténtica lámpara minera adquirida en Asturias. "Esto es una rebelión, a mí me echaron del pueblo porque la empresa era todo", dice Enrique García. Hoy volverán a su infancia,años de colegio en clases divididas entre romanos y cartagineses y el incentivo de los émulos. Se siguen reuniendo y el colegio cerró en 1976.

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