75 AÑOS de la base de morón

Un vecino que ha marcado a toda una comarca

  • Se fundó en 1940 como Escuela de Caza. Sólo la parte española tiene un impacto de 100 millones de euros al año.

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Los pueblos del entorno de Morón están acogiendo una exposición itinerante organizada por la base militar por sus 75 años de historia. Ha pasado por Arahal, está en Utrera y seguirá por El Coronil y Morón. Pero la repercusión del aniversario -que incluirá jornadas de puertas abiertas en la base para veteranos y para el público en general, el 30 y el 31 mayo, respectivamente- está siendo moderada, a tenor el peso que la base ha tenido y tiene en la comarca y en una provincia que suele recrearse en los aspectos en los que es referencia. Y, guste o no tener una instalación militar cerca, en éste lo es.

Bastan unos datos para calibrar lo que es la Base Aérea de Morón, que manda el coronel jefe José María Juanas García: tiene un perímetro de 19,5 kilómetros y 1.350 hectáreas; una de las pistas militares más largas de Europa y la mayor rampa de aparcamiento del continente (caben 65 aviones cisterna o bombarderos más 350 de combate). Aquí tiene sede, entre otras, el ALA 11 del Ejército del Aire. Sus unidades, en el marco de la OTAN, participan en la Operación Atalanta, contra la piratería en el Cuerno de África. En Estonia, hay otros tres Eurofighter y cien hombres vigilando el espacio aéreo de la OTAN ante las incursiones rusas. El Segundo Escuadrón de Ayuda al Despliegue Aéreo (Seada) se está trasladando también de Tablada a Morón.

En la base están destinados 1.100 militares españoles y, desde hace cinco años, 600 de la Unidad Militar de Emergencias. Hay 90 civiles (llegaron a ser 200) contratados por el Ejército español. En la parte cedida a EEUU -que, entre otras cosas, alberga el único telescopio de Europa conectado con el Pentágono, capaz de captar cualquier objeto fabricado por el hombre en el espacio profundo- los militares oscilan entre 800 y un millar. Por un acuerdo reciente entre España y EEUU, se ha autorizado una ampliación de hasta 3.000 hombres durante un año para establecer desde Morón un protocolo de actuación contra el yihadismo y hay negociaciones para que esa presencia sea permanente en caso de conflicto. EEUU tiene a unos 400 civiles contratados. Desde 2010, este personal ha ido mermado con tres expedientes de regulación de empleo que han afectado a casi 250 personas. Pero aun así, se trata de un empleo crucial en una comarca con pocas alternativas. La salida de los americanos de las bases de Torrejón y Zaragoza, por ejemplo, ha resentido sus economías locales.

Se estima que sólo la parte española tiene hoy una incidencia económica en la zona entre sueldos, suministros y contratos de unos 100 millones de euros al año, aunque los ayuntamientos siguen reclamando compensaciones por las servidumbres o el posible riesgo y sin obviar que la base ha sido y es objeto de controversia. Mientras que algún sector mantiene vivo el espíritu de las marchas de OTAN no, Bases fuera, con su cénit en los años 80, o lamentan su protagonismo en las más recientes operaciones en la Guerra del Golfo, Iraq, Libia e incluso en la lucha contra el ébola en África o el yihadismo, otros defienden los beneficios de la presencia militar en la zona. En cualquier caso, una empresa con una pequeña parte de esos números sería objeto de atención constante.

El teniente Juan Sanz Peñalvert, destinado en la base desde 1973 y una de las personas que conocen su evolución, la define como "puntera" e "insustituible" en muchos aspectos, de las más importantes para la OTAN y EEUU, y considera que el recelo de una parte del entorno tiene que ver también con la falta de información. Sanz es autor de tres libros que se han escrito con la historia de la base, el último editado con motivo de este 75 aniversario y que firma junto a subteniente Juan de la Cruz Villar.

La base nació poco después del fin de la Guerra Civil, fruto del empeño del comandante Julio Salvador Díaz-Benjumea, director de la Escuela de Caza, por buscar un enclave para ésta alternativo al de Reus, donde la climatología impedía volar con frecuencia. Díaz-Benjumea, que llegó a ser ministro del Aire (1969-1974), era gaditano y quiso llevársela al Sur. En diciembre de 1939, cuando impartía un curso en Tablada, señaló la zona: un llano conocido como El Hornillo, rodeado de tierras de labor que permitían aterrizar en cualquier punto, sin casas cerca (con los aviones de la época, el viaje a Tablada era de media hora), 300 días de sol al año. En junio de 1940 comenzaron las obras. La torre, los hangares y pabellones -por los que ha pasado la historia de aviación, desde aparatos de "madera, lona y chapa", de los que esos campos recuerdan bastantes accidentes, al C-16 Eurofighter o el P-3M Orión- siguen en pie, y acogen ahora la zona logística.

La base está situada al completo en término de Arahal. Hay quien dice que no se rotuló con ese nombre como un castigo por la resistencia de sus vecinos al bando franquista. Pero, según Sanz, se debió a que los primeros diez aviadores se instalaron, a pesar de que los cascos urbanos de Arahal y Morón están equidistantes, en las mismas casas que habían dejado en Morón militares de la Remonta de Écija. Conforme fueron llegando más -en 1945, eran un centenar- se construyeron cuatro barriadas; para oficiales, suboficiales y personal civil. Se ha planteado cambiar la denominación, pero la repercusión en la cartografía militar de todo el mundo en donde está recogida lo hace inviable a estas alturas.

Inicialmente, fueron presos políticos los que empezaron a desbrozar el terreno para las obras, pero se sustituyeron pronto por personal contratado. Fue una pequeña revolución en la comarca. Se contrató a 2.000 obreros llegados de toda Andalucía, Morón pasó en cuatro años de 11.000 a 30.000 vecinos y el Ayuntamiento aprovechó las nuevas técnicas para alzar otros edificios, mejorar la urbanización de calles y cambiaron muchos usos y costumbres. Durante los quince años que la Escuela de Caza fue la única que funcionó en el país -en 1956 se construyó la de Reactores en Talavera, y se cerró la de Sevilla con el traslado de los profesores- salieron de Morón 500 pilotos titulados, 40 de ellos "históricos" del Ejército del Aire, que llegaron a ocupar los cargos más altos.

La historia de la base ha estado ligada a la historia de España, a la de su Ejército y su política de Defensa. En sus primeros años, por ejemplo, los sistemas de comunicación que conoció fueron los de militares alemanes que controlaban desde la zona el trasiego de aviones hacia Gibraltar. El cierre de la Escuela de Caza coincidió con el segundo y más trascendente hito para la base: el acuerdo de colaboración entre España y EEUU, de 1953, en el que, según destaca Sanz en su libro, el propio Díaz-Benjumea pudo tener un papel importante: en aquellos años era Agregado Aéreo en la Embajada de España en Washington.

Las obras de la parte de uso por los americanos supusieron ampliar en 20 veces lo que existía hasta entonces y se iniciaron en 1957. Fue una especie de plan Marshall para la economía local. Morón llegó a los 40.000 vecinos. Se contrató a personal para las obras con salarios de tres dólares (unas 120 pesetas) diarios, que aumentaron los precios de casi todo. Se popularizaron el chicle, los vaqueros, abrieron negocios. Morón se convirtió en una suerte de capital que recibió muchos avances en años aún oscuros en España. Eso sí, cuando cesó la obra, la crisis dejó paso a la emigración a zonas más prósperas. En esa época de las obras se produjo buena parte de la extracción de la piedra que dejó marcada, como otro símbolo, la Sierra de Montegil.

Los militantes que han ido llegando a Morón se han asentando en distintos núcleos, por oleadas. Los más veteranos están en Morón, como el teniente Sanz, que llegó en 1973 desde Santiago de la Ribera (Murcia) y que sólo abandonó la base durante el periodo en el que fue el primer suboficial español que participó en una misión internacional de paz con los Cascos Azules, en Namibia y Sudáfrica. De su quinta y algo más jóvenes, hay en Morón medio centenar de militares que se casaron además y se quedaron en el municipio. Un poco de historia familiar que se aporta a la historia de pueblo.

A partir de los años 70, comienzan a construirse barriadas en Utrera y la presencia de militares se va desplazando hacia ese núcleo, a la llamada Ciudad del Aire, cuya rotonda de entrada preside hoy un F-5. En Utrera y en la propia capital es donde se afincan los más jóvenes ahora. En cuanto a los americanos, acostumbrados a recorrer distancias y con un buen poder adquisitivo, buscan ciudades grandes, como Alcalá de Guadaíra o la capital.

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