Betis - Eibar | Contracrónica

Betis, otro paso hacia el precipicio

  • Los bandazos en la toma de decisiones de la cúpula siguen pasando factura 

  • Mendilibar noquea a Pellegrini 

  • La planificación de Cordón, en evidencia

Los jugadores del Eibar celebran el primer gol, con Tello, en primer plano, pensativo. Los jugadores del Eibar celebran el primer gol, con Tello, en primer plano, pensativo.

Los jugadores del Eibar celebran el primer gol, con Tello, en primer plano, pensativo. / Antonio Pizarro

El Betis se encuentra en plena caída libre y empieza a ofrecer síntomas muy preocupantes en otra temporada en la que sigue inmerso en un bucle de mediocridad infinita. Y todo ello fruto de una gestión deportiva que sigue navegando con una hoja de ruta equivocada: problema en la portería, centrales poco contundentes, centrocampistas faltos de físico, músculo y fuerza para robar e ir a la presión, equipo sin apenas desborde en las bandas, con poco aguante físico...

En definitiva, una apuesta por un estilo alegre de juego que sigue dando pésimos resultados a los verdiblancos, muy lejos de la agresividad, el físico y la velocidad que requieren el fútbol actual. Así, el Eibar disparó ayer el enésimo torpedo al proyecto de los actuales gestores, Ángel Haro y José Miguel López Catalán. Un proyecto que comenzó hace cinco años y que empieza a ofrecer síntomas otra vez de preocupante agotamiento y de necesidad imperiosa de una regeneración, como se viene viendo salvo el paréntesis de Lorenzo Serra Ferrer. Y todo, con la próxima junta del 21 de diciembre de fondo.

La planificación de Antonio Cordón, por muy pocos recursos que haya tenido a su disposición debido a una mala gestión el curso pasado, quedó anoche en evidencia, una vez más. Y del efecto Pellegrini no queda nada. José Luis Mendilibar fue fiel a su estilo, con la presión alta, y le dio un repaso táctico al chileno los noventa minutos. Las pérdidas del balón fueron constantes y se vieron las carencias que sigue arrastrando este Betis hace ya bastante tiempo.

El Ingeniero sigue insistiendo en no cambiar casi nada y en seguir jugando de la misma manera, con planteamientos idénticos de su equipo sin tener en cuenta al rival. Un error persistente del preparador verdiblanco que tiene trabajo por delante, pues cuenta, prácticamente, con la misma plantilla (y las mismas carencias) que el pasado curso. Y el resultado, el mismo, irregularidad y mediocridad. Pero la sensación, como ya ha pasado en otras épocas en el Betis, es la sensación de fin de ciclo que desprende el club verdiblanco y el peligro que ello conlleva si no se ponen las medidas adecuadas a tiempo para frenar una caída total al pozo de la tabla.

Los bandazos de la cúpula dirigente en la toma decisiones siguen pasando factura en el terreno de juego, con un Betis que está después de once jornadas dos puntos por encima del descenso, siendo decimoquinto en la tabla. Sensaciones muy malas y el con el problema detectado, como viene avisando la pelota desde hace mucho tiempo para fulminar cualquier argumento a a hora de defender lo indefendible en un club de Heliópolis en el que el fantasma de la B ya empieza a atisbarse.

El 21 de diciembre es una fecha importante en el futuro de la entidad verdiblanca, con muchas dudas, sobre todo, en cuanto al papel del resto de principales accionistas (¿acción o morir de inacción?) que están fuera del club, mientras el bético de a pie sigue viendo perder y perder a un Betis que ayer dio otro paso más hacia el precipicio.

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