El otro partido Betis-Huesca De la ilusión a ver de lejos el fútbol de élite

  • Fin de curso en el Villamarín con sensación de tristeza tras un año que se presentaba para soñar

  • No volver a Europa, paso atrás que desempolva la mediocridad

Aficionados del Betis, ayer en un Villamarín con mucha menos presencia de la habitual. Aficionados del Betis, ayer en un Villamarín con mucha menos presencia de la habitual.

Aficionados del Betis, ayer en un Villamarín con mucha menos presencia de la habitual. / Antonio Pizarro (Sevilla)

Ni el golazo de Joaquín endulzó la triste temporada que ha firmado un Betis que ayer se despidió de su gente hasta el curso que viene. Fue una despedida amarga, con una entrada, como ha pasado en los últimos partidos del campeonato, más floja de lo habitual en el Benito Villamarín, como reflejo del enfado que tiene gran parte de la parroquia heliopolitana, que durante el encuentro volvió a gritar aquello de "¡Quique, vete ya!".

Un cántico que volvió a mostrar el descontento de buena parte de la afición con el preparador cántabro, cuya figura ya desgastada sigue generando debate por la inacción de la cúpula dirigente.Desde comienzos de 2019 se veía al Betis en caída libre, confirmándose primero con la eliminación en la Liga Europa ante el Rennes y después, en las semifinales de la Copa del Rey frente al Valencia. Y más evidente todavía en aquella cita en casa ante el Getafe, y así, jornada tras jornada...

Los resultados hablaban por sí solos, los verdiblancos, ya sin la excusa de jugar tres competiciones, seguían sin levantar cabeza y se reflejaba en la tabla. Sin embargo, la igualdad de la Liga hacía que el equipo bético aún tuviera opciones de pelear por la séptima plaza, aunque la realidad no invitaba al optimismo y Setién seguía en el banquillo hasta el punto de ser ratificado con un comunicado casi dos días después de la goleada encajada ante el Levante (4-0), quedando la imagen del Betis como club muy lejos de la que requiere una entidad que quiere buscar un hueco entre las mejores.

Para asentarse ahí, los verdiblancos echan en falta mentalidad de élite en sus rectores, pensamiento constante enfocado en buscar grandeza deportiva, en actuar con naturalidad cuando los resultados son negativos (no esconderse) y evitar la inacción para que no ocurra lo sucedido esta temporada. La cúpula dirigente del Betis tuvo oportunidades para destituir a un entrenador con un estilo de fútbol ineficaz, que deja en segundo plano a jugadores como Sergio León y Javi García (ayer sin convocar en el último partido en casa), que no aprovecha del todo la calidad de una plantilla con excelentes futbolistas, que decidió meter ayer a Lainez en el minuto 90, con lecturas de partidos inadecuadas, con falta de trabajo en el balón parado, sin autocrítica, con ruedas de prensa que chirrían e instalado en un fútbol virtual... Argumentos para que la dirigencia hubiera tomado decisiones en un Betis sin opciones europeas que da un paso atrás el año con el mayor presupuesto de la historia.

Aquel cántico que retumbaba al final de La Palmera al grito de "¡yo quiero un Betis campeón!" da paso a la tristeza actual por desaprovechar una ocasión de oro para crecer. Y con mimbres como Pau, Lo Celso, Bartra, Joaquín, Carvalho... ¿Y no es un drama?

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