Betis-Huesca | Crónica El orgullo de Joaquín salva otra agonía (2-1)

  • Un derechazo del portuense, que ya había anotado el primero, otorga el triunfo en el 98’ ante un Huesca descendido que se había quedado en inferioridad.

  • La grada del Villamarín volvió a entonar el "¡Quique, vete ya!"

Joaquín celebra sin camiseta el tanto de la victoria bética. Joaquín celebra sin camiseta el tanto de la victoria bética.

Joaquín celebra sin camiseta el tanto de la victoria bética. / Antonio Pizarro

Enfilaba el partido el último suspiro de una larga prolongación de ocho minutos cuando Joaquín Sánchez, el capitán y baluarte de los colores verdiblancos, enganchó un tremendo disparo desde casi 30 metros para otorgarle al Betis la victoria ante un descendido Huesca, que había jugado los últimos 20 minutos en inferioridad por la expulsión de Pulido. Fue una victoria agónica, otra más de este Betis de Setién en la segunda vuelta del campeonato, en la que su paupérrimo rendimiento lo ha dejado fuera de la pelea por Europa.

Tenía que ser Joaquín el protagonista del último triunfo en casa de la temporada. A sus 37 años –cumple 38 el próximo mes de julio– el portuense tiró de orgullo para erigirse en la figura del encuentro con su doblete y, sobre todo, con ese segundo tanto que esta vez sí celebró a lo grande como premio a su excelente ejecución.

Lo había buscado el equipo verdiblanco, más por amor propio que por necesidad, sobre todo desde que Pulido enfiló los vestuarios tras su alevosa entrada sobre Guardado, por más que el defensa estuviera mirando la trayectoria del balón antes de golpear con sus tacos en el torso del mexicano. William Carvalho, Tello o Loren se habían estrellado ante Jovanovic, quien ya no pudo estirarse más ante la potencia con la que el disparo de Joaquín hizo golpear a la pelota con la red.

El celebrado tanto del portuense no sirvió para atenuar los cánticos contra Setién. El "¡Quique, vete ya!", que retumbó durante todo el encuentro, sonó más fuerte instantes después de ese 2-1. La afición señaló a su culpable de esta pobre segunda vuelta del campeonato, aunque los responsables, por acción u omisión, se encuentran en la zona noble, comenzando por el presidente, Ángel Haro, y continuando por los vicepresidentes, José Miguel López Catalán y Lorenzo Serra Ferrer, esa comisión deportiva que decidió mantener al técnico cántabro pese a las evidentes señales negativas que transmitió el Betis desde el comienzo de 2019.

Con la remota posibilidad matemática de aspirar a la séptima plaza en el horizonte, el Betis salió al partido con la intención de, al menos, ganarse el perdón de los suyos. Era lo mínimo exigible tras el pésimo 2019 que ha sepultado las opciones de repetir las clasificación europea.

Setién apostó de nuevo por una zaga de cuatro, lo que permitía que tanto Joaquín como Tello aparecieran como extremos, el lugar donde ambos mejor se expresan como futbolistas. Tardía decisión del entrenador, que se mantuvo fiel a la zaga de tres centrales durante mucho tiempo, aunque su equipo exhibiera problemas ofensivos y tampoco arreglase sus pésimos conceptos defensivos.

Por el lado izquierdo llegaron las mejores ocasiones béticas. Tras unos primeros escarceos de Tello, con centro-chut incluido, hasta que llegó el gol en el ecuador del primer tiempo. La llegada de Júnior desde atrás acabó en un centro al corazón del área, donde apareció Joaquín para ejecutar un perfecto testarazo más propio de un nueve. La celebración del portuense fue una declaración de intenciones, con una petición de perdón a la grada casi sin celebrar su quinto tanto de la temporada.

La diana tampoco animó el encuentro. Con el efecto del calor haciendo mella en los jugadores, y con la pausa de hidratación rompiendo el partido, sería el Huesca el que estuviera más cerca del gol, con un disparo al poste de Melero tras aprovechar un balón suelto en el área.

Enric Gallego salva una entrada de William Carvalho. Enric Gallego salva una entrada de William Carvalho.

Enric Gallego salva una entrada de William Carvalho. / Antonio Pizarro

Continuó el conjunto visitante más metido en el duelo tras el paso por la caseta. Así llegaría el tanto de penalti de Juanpi, después de que el VAR, al que acudió a consultar el propio Cordero Vega, corrigiera la primera decisión del árbitro, que se vio obligado a anular la amarilla que había enseñado al venezolano por simular una caída tras la entrada de Feddal.

No sería la única acción en la que la tecnología ayudase al colegiado cántabro, que también debió recurrir al visionado de la repetición para expulsar a Pulido, en la acción que acabó por impulsar a los verdiblancos. Pese a que el Huesca, con un doble cambio de Francisco incluido, trató de dormir el duelo, el Betis pisó el acelerador en esa recta final para tratar al menos de salvar su honra ante uno de los dos descendidos de Primera. Y consiguió salvarla en esa última acción del partido con el protagonismo de Joaquín, el eterno capitán verdiblanco, actor principal en casi todos los escenarios importantes de una temporada verdiblanca que merece una profunda reflexión de sus dirigentes.

En el fútbol, como en otros ámbitos, está bien mantener la estabilidad de los proyectos, pero también se debe tener claro que éstos están por encima de las personas. El Betis cuenta con una buena base de jugadores para aspirar a cotas mayores y, aunque será necesario corregir algunos de los errores cometidos en la planificación invernal, la clave volverá a radicar en dejar a un lado los egos personales y centrarse en el bien de la institución. Al menos por respeto a esa afición que incluso en una tarde de calor africano acudió a acompañar a los suyos al Villamarín. Y a Joaquín, claro, su mejor representante.

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