El Palquillo

Avión a los sueños

  • Sentado en el asiento del avión y por encima de las nubes se colocó los auriculares, y allí sonó Tejera (¿quién mejor?) interpretando El Cachorro- Saeta Sevillana. La música parecía que iba marcando el destino.

Azahar en primavera Azahar en primavera

Azahar en primavera

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Se subió la cremallera de una chaqueta que lo resguardaba bien del frío, el viento y la lluvia. Ocasionalmente también de la nieve. Londres nunca sabes por dónde te va a salir. Miró hacia atrás y se despidió en silencio, de una casa que compartía con dos polacos y un italiano. Agarró la maleta y salió sigilosamente a aquella mañana de nerviosismo. Roberto, que vive en Brixton, se encaminó buscando la Victoria Line, y buscó las conexiones necesarias para llegar a Gatwick. Cuando llegó al aeropuerto buscó su puerta de embarque, y le dio un vuelco el corazón cuando en la pantalla sobre la mesa de verificación de los billetes apareció escrito “Sevilla – San Pablo (SVQ)”. Sentado en el asiento del avión y por encima de las nubes se colocó los auriculares, y allí sonó Tejera (¿quién mejor?) interpretando El Cachorro- Saeta Sevillana. La música parecía que iba marcando el destino. Procesión de Semana Santa en Sevilla. Aromas de un recuerdo. Albores de la Primavera… Y tras un gran repertorio, llegó el momento de aterrizar, de pisar la tierra de su sangre. El corazón le palpitaba como si tuviera a su vez cuerpo propio, y golpeara el pecho con buscando salir a ver la luz de su ciudad. Al abrirse las puertas encontró una sonrisa especial. En los brazos de su madre se sintió a salvo, como si el avión o Londres no existieran, o fuera un sueño lejano.

“-Te he hecho bacalao con tomate…” Le dijo su madre a Roberto.

Al llegar al barrio, todos los naranjos estaban invadidos por el azahar. No sabía donde empezaba el blanco y acababa el verde. Puntillismo de Seurat parecía aquello.

El tendero de la esquina, tenía toda la calle con olor a incienso… como todas las cuaresmas.

La tintorería con el perchero en el escaparate, relleno de túnicas multicolor.

Y la abuela esperando en el balcón. Todo seguía igual.

Viene para 10 días nada más, porque ha de volver a Londres para trabajar. Pero estos 10 días valen por todo lo demás.

Al fin y al cabo, la Vida es esta semana.

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