Así luce el manto de salida de la Soledad de San Lorenzo tras la restauración de CYRTA
La empresa ha tenido que emplear técnicas exigentes que han supuesto todo un reto a la hora de plantear la intervención
El manto, joya textil decimonónica, ya puede volver a usarse para los cultos y otros actos
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La empresa CYRTA ha concluido en estas últimas horas la restauración del manto de salida de la Soledad de San Lorenzo, una de las grandes piezas del bordado decimonónico de la Semana Santa sevillana. La pieza, que fue depositada en los talleres el pasado abril, regresará a las dependencias de la corporación del Sábado Santo tras casi siete meses de intervención, en la que se han empleado técnicas exigentes y que han supuesto un reto para los restauradores. El manto ya puede volver a ser utilizado con normalidad tras este proceso, que devuelve el esplendor completo a esta joya textil.
La restauración ha sido sufragada gracias a la subvención concedida por la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte de la Junta de Andalucía, que tanto soporte económico están ofreciendo a diferentes proyectos de las cofradías sevillanas, como la restauración del Simpecado de la Macarena, el retablo mayor de la capilla del Museo o el azulejo del Santísimo Cristo del Amor en la calle Villegas.
En el año 1866 empieza a gestarse la ejecución de un manto bordado para Nuestra Señora de la Soledad. La autoría del mismo era desconocida hasta una reciente investigación, si bien venía atribuyéndose, sin fundamento alguno, a Teresa del Castillo. Ya en 1998 se apuntaba que podría deberse a la firma de Josefa Antúnez, pues una noticia aparecida en el diario El Porvenir de 28 de marzo de 1867 menciona como su autora a «la Señora de Muñiz» y la mencionada bordadora firmaba a veces como «Josefa Antúnez de Muñiz». La aparición de documentos en la Hermandad de la Columna y Azotes en los que Antonio Muñiz firmaba como esposo de Josefa Antúnez recibos por trabajos de la artista corrobora la teoría y certifica bien a las claras que fue la mayor de las hermanas Antúnez quien ejecutase la pieza, que se dilató en el tiempo ocho años.
Dificultades económicas hicieron que la prenda no se concluyese y su estreno el Viernes Santo de 1867 fuese sólo parcial. Los pagos fueron prolongándose en el tiempo hasta 1872, y no se continuó el bordado, abriéndose una suscripción entre los hermanos para poder culminar la obra. Por fin, en 1875 se concluiría el manto, sobre el que han intervenido los talleres de Guillermo Carrasquilla en 1954 y Rosario Bernardino en 1988.
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