De votos
La Bocamanga
Cuando hay más de una candidatura lo primero en lo que se resiente la hermandad es que un hermano mayor pueda tener la mejor junta de gobierno posible
No es una errata, no. Voy a hablarles hoy de votos y no de devotos, de los votos que se meten en las urnas en las elecciones de las hermandades, de los votos de los devotos. El caso es que hemos tenido en los últimos tiempos una serie de procesos electorales en distintas hermandades que me han hecho reflexionar acerca de los mismos.
Parto de la base de que admiro y agradezco a todos los hermanos que quieren presentarse a unas elecciones en una hermandad, especialmente a los que optan al cargo de hermano mayor, seguidos muy de cerca por los de mayordomo. Creo que personas que están dispuestas a sacrificar su tiempo para servir a la hermandad merecen ya no sólo el respeto de sus hermanos, sino su agradecimiento sincero. No creo que nadie se vaya a presentar para hacer mal las cosas o conseguir que la hermandad sea peor de lo que era sin ellos. Otra cosa es la cuestión de la idoneidad y la capacidad de cada uno.
De un tiempo a esta parte los procesos electorales de las hermandades se han contagiado de una forma de hacer las cosas más cerca del ámbito político. Campañas electorales, asesores de campaña, planes de comunicación… Es cierto que viendo el número de hermanos de la mayoría de las hermandades ya el proceso no puede ser igual, ya hay hermanos que no se conocen entre sí, ahora los hermanos demandan saber qué proyectos se barajan por parte de los candidatos, ahora hay más hermanos fuera de Sevilla… Eso justifica lo de la comunicación por supuesto.
Es legítimo el interés de cada hermano en formar parte de una junta de gobierno, cosa supeditada a que haya primero un candidato a hermano mayor que confíe en la capacidad de cada uno para la responsabilidad que se le exige según el cargo al que opte. Ese servicio a la hermandad normalmente no sólo requiere tiempo, del que falta y no del que sobra que decía mi recordado y admirado Luis Rodríguez-Caso, sino que implicará también una serie de gastos económicos que, por leves que sean, requieren lo suyo. Perteneciendo a una junta de gobierno es obligada a la asistencia y participación de todo lo que organice la hermandad y si tiene un fin caritativo más aún, eso significa que hay que comprar papeletas y tiras de rifas y tómbolas, loterías de Navidad, talonarios de ambigú, pagar a escote la cena de los días en los que los cabildos se alargan más de lo preciso, la comida de hermandad, llevar siempre efectivo en el bolsillo para el cepillo que se pasa en las misas… Hay que robarle tiempo a la familia y a los amigos, a las aficiones, a las oportunidades de viajes y, sobre todo, al descanso. Desde luego que visto así no parece muy atractivo.
En contraprestación de todo ello está el orgullo de poder servir a la hermandad para mayor gloria de Dios y de su bendita Madre, orgullo de poder dejar siempre una hermandad mejor, mejor en formación, culto y caridad. En esta parábola de los talentos al cofrade modo todos los hermanos están llamados, porque para servir a la hermandad no hay que estar obligatoriamente en la junta de gobierno ni ser siquiera auxiliar de la misma.
Lo que no incluye en ningún caso ya no sólo el servicio a la hermandad sino el simple hecho de presentarse como candidato es el ser objeto del insulto y de la crítica despiadada en las redes sociales y las barras de los bares, porque para defender un enfoque o la idoneidad de un candidato no es necesario hablar mal de otro. El respeto, el amor fraterno y la caridad cristiana tienen que estar siempre presentes en las elecciones de las hermandades antes, durante y después.
A veces ocurre que algún candidato a hermano mayor se ofrece sin valorar las posibilidades ni de servir ni de ser mínimamente elegido. Vemos con normalidad la existencia de dos candidaturas y la mayoría de las veces surgen de esta situación. Ya el caso de tres candidaturas ni les cuento. Antiguamente, el hermano mayor era una persona buscada y sugerida por sus hermanos, hoy en día parten más bien de decisiones personales. Ojo, que admiro el afán en todos los casos. Cuando hay más de una candidatura lo primero en lo que se resiente la hermandad es que un hermano mayor pueda tener la mejor junta de gobierno posible ya que los más idóneos para cargos quedan repartidos entre ellas. Luego está el sentimiento de los que no salen elegidos, esa sensación de perdedor que acaba muchas veces alejándolos de la hermandad, una perdida sensible siempre puesto que una hermandad nunca debe prescindir de quien ha estado dispuesto a servirla. Y no quiero pensar en las actuaciones por parte de los elegidos que no fomentan la fraternidad ni la integración de los que no lo han sido.
Por eso permítanme terminar con la conclusión a la que acabo llegando siempre en estos casos, poniendo a la hermandad por encima de todo y de todos podrá gustar más o menos pero siempre acertaremos. Eso es válido para los que se presentan, para los que votan, para los que ganan y los que no, para todos. Recuérdenlo siempre y piensen qué haría Jesucristo en su lugar.
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