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Cofradias

Medio siglo en una mañana

  • La Plaza de España recibió, 50 años después, a la Macarena para la misa del aniversario de la coronación. El intenso calor no fue obstáculo para miles de fieles.

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El sueño se cumplió 50 años después. No finalizó la coronación canónica de la Esperanza Macarena cuando Bueno Monreal le impuso la presea. Ni cuando salió el 3 de junio de regreso a su barrio. Tampoco cuando el pueblo abrazó el paso en la Plaza Nueva tras salir de la oficial Avenida, entonces de José Antonio. Ni cuando el palio mandado magistralmente por Rafael Franco y llevado a la gloria por la cuadrilla de los ratones entró en la Anunciación para reencontrarse con la Buena Muerte. O cuando Marta le riñó en la calle Parras porque "te fuiste por cuatro días y tardas siete en volver...". Ni siquiera cuando los cuatro zancos se posaron en la basílica y Juanita Reina le cantó a viva voz la copla Esperanza y Macarena. La coronación canónica de la Virgen de la Esperanza tuvo su punto culminante ayer cuando por fin, la Virgen pudo llegar a la Plaza de España, lugar soñado, para el solemne pontifical, hoy llamado misa estacional. Allí se reunió parte de lo mejor de la ciudad, de su cultura más popular, el regionalismo de Aníbal González y el de un paso de palio de inspiración juanmanuelina aunque lo bordara Esperanza. Genio de la arquitectura y puro genio macareno. Nunca se construyó un altar más bello para la Virgen de Sevilla. Y bien que lo supo el maestro del regionalismo que desde su privilegiado enclave vio cómo la gran plaza que le regaló a la ciudad para la exposición de 1929 se completó cuando llegó la Macarena. Medio siglo de espera en mañana de júbilo. 

Todavía resonaba en las naves catedralicias el eco de la fantástica homilía que el arzobispo Castrense, Juan del Río, regaló a los macarenos en el último día del triduo, cuando por la mañana a las ocho, como la Virgen de los Reyes, patrona de la ciudad, la Macarena partía hacia la Plaza de España. Las campanas de la Giralda repicaron para anunciar que comenzaba el día más grande entre los días grandes que han vivido los macarenos, y con ellos buena parte de la ciudad, desde el pasado sábado. Esa procesión de la mañana resultó especialmente bella. Había un cierto ambiente de 15 de agosto. La Macarena se gusta en esas horas en las que despunta el día. Aunque había bastantes personas viendo a la Virgen resultó muy fácil caminar junto al paso por las calles que tenía que haber recorrido la Virgen hace 50 años. Plaza del Triunfo, Miguel Mañara, Contratación, San Gregorio... un recorrido idílico y soñado en el que se produjeron estampas memorables que siempre quedarán en la memoria de todos los que las vivieron. La bajada de la calle San Gregorio a los sones de Macarena de Cebrián y de Sevilla Cofradiera, de Gámez Laserna, fue sencillamente indescriptible. 

La Virgen ha regalado en estos días un sinfín de perfiles distintos a los habituales y ha conquistado territorios hasta ahora inexplorados. "La Virgen puede con lo que le echen. Vaya donde vaya lo llena todo", decía un macareno delante del paso. Así ocurrió hace unos años cuando hizo suyo el Alamillo y la Cartuja. Y así pasó de nuevo ayer cuando la Virgen conquistó el Parque de María Luisa y la Plaza de España. Y cómo la ansiaban en el Parque. Y cómo esperaban a la Macarena en La Raza con esa corona hecha con flores gracias a la pericia y excelente trabajo de Javier Grado y de Manuel Antonio Ruiz-Berdejo. Cómo lo disfrutaron Pedro Sánchez Cuerda y José Ignacio Rojas. 

El horario se clavó en el traslado de la mañana. La Virgen avanzaba poderosa para adentrarse en la Avenida de Isabel la Católica mientras la mayoría del público y las representaciones de las numerosas hermandades que estuvieron presentes se acomodaban en su lugar. La espera en la plaza se amenizaba con un surtido de valses y óperas que hicieron la competencia por momentos a la banda del Carmen de Salteras que ha estado sobresaliente en todas las procesiones. Como lo han estado los costaleros, los habituales de la Virgen, y los del Señor de la Sentencia que lo bordaron en los dos trasladados. 

Y si Aníbal González sabía que su Plaza de España serviría como el mejor templo y altar para la Esperanza, los que concibieron su monumento, el arquitecto Manuel Osuna y los escultores Manuel Nieto López y Guillermo Plaza, que curiosamente lo denominaron Reencuentro, le dieron el escorzo preciso para que mirara cara a cara a la Macarena, imagen ante la que tantas veces rezó. 

Llegó la Virgen al pie de la plaza con la mejor letanía de marchas posibles: Como tú, ninguna (2014), Aniversario Macareno (1989) y Coronación de la Macarena (1964). Tres piezas compuestas por la coronación. A las 11:20, como estaba previsto, la Virgen estaba parada justo al pie de la plaza y comenzó a sonar la sinfonía La Virgen de la Esperanza, compuesta para este momento por Alberto Barea, autor también de la misa. Cuando el paso, después de recorrer media circunferencia de la plaza, quedo enclavado en su lugar terminó la música y comenzó la misa oficiada por el arzobispo, monseñor Asenjo, que estuvo acompañado por su obispo auxiliar, monseñor Gómez Sierra; el arzobispo Castrense, monseñor Juan del Río; el obispo de Asidonia-Jerez, José Mazuelos; y dos obispo sudamericanos, de Chile y Costa Rica, que han participado en el Congreso Mariológico Mariano Internacional organizado esta semana por la hermandad. 

El calor, los termómetros rondaron los 30 grados, y sin ninguna sombra, hizo que quedaran algunas sillas libres, sobre todo en los últimos sectores, y que fueran muchos menos los sacerdotes concelebrantes. Pese a ello, la Cruz Roja apenas tuvo que atender una veintena de incidencias por golpes de calor leves. Los puestos de agua funcionaron a la perfección y el personal de la hermandad repartió unos abanicos para aliviar la temperatura. La ceremonia fue digna del lugar en el que fue oficiada. Resultó solemnísima. Desde el canto de entrada hasta las palabras de despedida de monseñor Asenjo. La cima de la misa estacional fue, sin duda, cuando Estrella Morente, tocada con mantilla y con la medalla de la hermandad, interpretó en el ofertorio la copla Esperanza y Macarena, de Quintero, León y Quiroga. 

En su homilía, Asenjo llamó de nuevo a la conversión, a la renovación espiritual y a comprometerse con la Iglesia: "En esta hora de la Iglesia y del mundo, el Señor nos pide que nos dejemos de andar por las ramas, para apuntar a lo decisivo y esencial. Dos son las respuestas que el Señor y su Madre bendita esperan de nosotros en la clausura de este año de gracia. De ambas nos ha hablado reiteradamente el papa Francisco en su primer año de pontificado: la primera, la conversión y la renovación espiritual personal y comunitaria; y después, el fortalecimiento de nuestro compromiso evangelizador y misionero". 

A las 13:24 había finalizado la misa y a diez minutos de las dos el paso comenzaba a bajar la rampa al compás de las marchas que interpretaba la orquesta sinfónica. La otra cima fue la interpretación del pasodoble Suspiros de España cuando la Macarena abandonaba la plaza. Fue la apoteosis de un sueño macareno que continuó en el triunfal regreso de la Esperanza a su casa.

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