La Alegría de la Feria

Calle Rioja

07 de enero 2011 - 05:03

PEPE Reina se llama como el portero del Liverpool y mi encuentro con él fue ayer totalmente balompédico. Es de El Pedroso, en la Sierra norte sevillana, el pueblo del editor José Manuel Lara, y salía de misa de doce con Pilar, su mujer, manchega de Alcázar de San Juan. Nos saludamos junto al mercado de la Feria justo en el momento en que un grito de júbilo coral salía del bar La Alegría de la Feria. ¿Qué tal se han portado los Reyes?, me preguntó Pepe Reina. No me dio tiempo a responderle. Los dos miramos hacia el bar y supimos por la hora que el Betis acababa de marcar un gol en Getafe. El rey Juan Carlos celebraba a esa hora la Pascua Militar. La víspera había celebrado su cumpleaños: nació en Roma en plena Guerra Civil. La madre de don Juan Carlos era muy bética y alguna vez, con el testimonio impagable de Gregorio Conejo, se la vio jalear un gol de Alfonso Pérez Muñoz, el futbolista que da nombre al coliseo donde el Betis se ha colado en los cuartos de final. Hace 17 años, el Betis subió a Primera (con el presidente Gordillo en la plantilla) y eliminó al Barcelona de Cruyff en la Copa del Rey. La misma semana que salió ardiendo el Liceo de Barcelona. La Copa del Rey. Su Majestad está en una disyuntiva: su madre bética; su padre, conde de Barcelona. Por culpa del gol que se cantó en La Alegría de la Feria, el pobre Pepe Reina se quedó sin saber cómo se habían portado conmigo los Reyes Magos.

Voy a satisfacer su curiosidad por escrito. Los monarcas de Oriente saben que es sota, caballo y rey: unos calcetines, un pijama y libros. El oro, el incienso y la mirra de mi felicidad. Ha sido una epifanía llena de guiños. A mi hijo pequeño le trajeron un Buzz Ligthyear con escafandra. Cuando lo vio, mi hija mayor, que ya está en la universidad, no pudo reprimir su ilusión por un astronauta tan simpático. Como todos los años, abrimos el rosco de Reyes de San Bruno (en la acera de enfrente a La Alegría de la Feria, la panadería de Pepe, que ya está en cuartos de la Copa del Rey y nació en el día de la República) y el regalo le tocó a mi hija Andrea: era un Buzz Ligthyear literalmente impregnado de nata.

Dos Buzz. Salimos de paseo y veo a dos Eusebios, el filósofo de Cardenal Spínola y Eusebio Álvarez-Ossorio, que el día de Reyes sacó su expositor de Pinochos y Plutos a la Plaza del Pan. Acaba de marcar el Betis y saludo a dos Luises en coches que siguen trayectorias perpendiculares, Luis Andújar, el joven librero de viejo, y Luis Aguilar Astola, el carbonero bibliófilo. Todos por parejas, como el arca de Noé. Y los Reyes me echaron dos premios Nobel de Literatura: Boris Pasternak y Mario Vargas Llosa. El doctor Zhivago, en su primera traducción directa del ruso al español (mérito de Marta Rebón), va a ser el médico de cabecera de mi mujer.

El día de Reyes la librería de El Gusanito Lector, en la misma acera que La Alegría de la Feria, estuvo abierta hasta las doce de la noche para facilitar la logística de los Reyes, que pasaron por el establecimiento de Esperanza Alcaide y quizás dejaron sus iniciales, como en la casa de campo donde Sandor Marai sitúa la acción de El último encuentro. El rey de Reyes, me dijo la librera, había sido el Nobel peruano, ese viaje equinoccial al Congo, la Amazonía e Irlanda que aparecen en el índice de El sueño del celta. De Conrad a Joyce pasando por Fitzcarraldo.

Los Reyes le han regalado a la ciudad un puente de plata. Hoy los niños vuelven al colegio, pero tienen un fin de semana por delante para experimentar con los juguetes. Se acaba la tregua navideña, la más larga después del verano. El primer premio de la Lotería del 11 acabó en 13. 11 por dos 22, fecha de las elecciones en mayo, el colofón de la Feria. Empieza una campaña electoral con sabor a sinécdoque, la parte por el todo. Con esa sensación de castillo de naipes de que quien gane en Sevilla ganará en Andalucía y en España. Como subir a Primera y eliminar al Barcelona en el mismo envite. El nuevo alcalde cantará los goles en La Alegría de la Feria. Se van los Reyes y Herodes se desespera. Otra vez han vuelto a engañarlo.

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