Bodas de plata en Chicarreros
calle rioja
Aniversario. La carrera artística de Enrique Casellas empezó en 1992 y lo celebró con un concierto conmemorativo celebrado en la céntrica sala rodeado de amigos de la música
Veinticinco años de la Expo 92 y también de Enrique Casellas con la música. Este cantante del barrio de la Macarena lo celebró por todo lo alto con un concierto el pasado domingo en la Sala Chicarreros con la presencia de numerosos amigos de la música. Su cantera fue el coro de la hermandad de la Divina Pastora, pero sus inicios artísticos los data en el mismo 1992, cuando compone y canta unas sevillanas, en pleno boom del género, Mi medalla del camino, que se convierten en una especie de himno de la hermandad del Rocío de la Macarena, que es la genial cuadratura del círculo de dos devociones, una urbana y amurallada, la otra campestre y marismeña.
Desde entonces, cuatro discos en solitario y una fértil actividad como compositor para otros muchos artistas: Amigos de Gines, María de la Colina, Manuel Lombo o José Manuel Soto, con la particularidad de que con éste ha sido compositor y hasta su representante. Además de las bodas de plata de la Expo, Enrique Casellas ha tenido una curiosa manera de adelantarse a las celebraciones del año Murillo, el cuarto centenario del nacimiento del pintor. Como los beneficios de su concierto, titulado La música y yo, han sido destinados a la obra social de la hermandad de la Divina Pastora de Capuchinos, Casellas propició una visita al convento de esta congregación. Allí vivió Murillo durante cuatro años (1665-1669) y pintó más de una veintena de cuadros. Un periodo poco conocido por sus estudiosos. Los Capuchinos se establecen en ese convento en 1627, el mismo año en el que muere Luis de Góngora, fallecimiento cuya conmemoración tres siglos después fue el acta de nacimiento de la generación del 27.
Casellas tiene otra relación con Murillo. En los meses de la Expo, no actuó en la Cartuja, pero sí fue requerido en muchos eventos que tuvieron lugar en la ciudad. Uno de los locales en los que fue artista habitual fue un bar llamado Ole Murillo, un sitio de copas situado en los Jardines Murillo. En el concierto, Casellas estuvo arropado por Juani de Cantores de Híspalis, Los Alpresa, Isabel Fayos, Sal y Son, Juanlu Montoya, Virginia la Pipi, Vicente Gel... del Alma de Sevilla o Pasiones. No pudo estar su amigo y compañero David Gutiérrez, que acaba de ser operado de una hernia y con el que realizó una reciente gira de conciertos para grupos en diversos lugares de Europa: París, Bruselas y Gaastad, en Suiza, donde llegaron a un escenario de película entre montañas a bordo de un telesilla.
Si José Manuel Soto participó en el festival de la OTI en Miami, con la producción de Gonzalo García Pelayo y acompañamiento musical de Gualberto García, dos nombres fundamentales de la new wave musical andaluza y española, Enrique Casellas puede presumir de ser uno de los pocos sevillanos que han ganado el festival de Benidorm. Fue en 1998, el mismo año que Zidane ganó el Mundial con Francia frente a Brasil y perdió la final de la Copa de Europa con la Juventus frente al Madrid.
Antes que Casellas, lo había ganado el grupo musical sevillano Círculo Vicioso del que formaban parte José María Sagrista o Aquiles del Campo, un saxofonista que sí trabajó musicalmente en la Expo con su hermano Gautama, hijos los dos del pintor Santiago del Campo. No fue fácil para Enrique Casellas ganar aquel festival de Benidorm en el centenario de la generación del 98. Unas horas antes había salido de costalero para sacar a la Divina Pastora, la hermandad de su barrio, del convento donde su madre trabajó de cocinera.
El festival de Benidorm lo presentaban Ana Obregón y Pedro Rollán y además de los concursantes contaba con las actuaciones estelares de la Oreja de Van Gogh y una jovencísima Shakira. Casellas es cantante de muchos palos. "Estamos en un limbo temático. Tocamos canción andaluza, pero no sólo sevillanas; somos cantautores, pero no hacemos canción-protesta".
En la Sala Chicarreros, Álvaro Peregil lo distinguió con la medalla de la asociación Amigos de Peregil por coger el legado de Pepe Peregil cuando se llevó a unos cuantos artistas a Manzanilla, la Silicon Valley de los taberneros, para dedicarle un disco a su Virgen del Valle, patrona de la localidad. Casellas contó con Rafa Serna, el pregonero que fue, con Pascual González, el pregonero que no pudo ser, y con otros artistas singulares como Manuel Melado, que como Peregil conserva ese don innato, casi renacentista, de hacer arte en su lugar de trabajo.
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