Breviario de la dignidad humana

Calle Rioja

Rebeldía. Paco Pérez Valencia ha convertido el patio de la Fundación Madariaga en un muro de alegatos gráficos y 'collages' contra las crueles guerras y perniciosas posguerras.

Pérez Valencia, junto a una obra con título de Peckinpah y las referencias al crimen de Miguel Ángel Blanco.
Pérez Valencia, junto a una obra con título de Peckinpah y las referencias al crimen de Miguel Ángel Blanco.
Francisco Correal

11 de febrero 2015 - 05:03

TOCAYO y colega de Francisco de Goya, que también pasó por Sanlúcar, Paco Pérez Valencia (Sanlúcar de Barrameda, 1969) expone sus goyescas, desastres de muchas guerras, sastre de muchas paces, en la Fundación Madariaga. Hasta el lunes puede verse su muro de las vergüenzas en el patio del antiguo pabellón de los Estados Unidos del 29, país que lo remite a un viaje a Chicago en el que concibió la idea y el proyecto de la Universidad Emocional.

Tres chicas Almodóvar -una de ellas es Carmen Maura, por supuesto- saltando la comba de Pablo Picasso; Anguita en el diván de Freud con Marx y Lenin en su cabeza, Arzallus, Felipe y Pujol en la sala de espera; Gadafi convertido en personaje del Calígula de Albert Camus en su edípico final: "¿Por qué me matan si soy su padre?".

Paco Pérez Valencia fue uno de los niños que participó en tapar las vergüenzas del muro de Torneo que separaba la ciudad del río, hipotecada por la vía del tren. "Pinté un paisaje urbano del barrio de Santa Cruz". Un día, su hijo de once años le pidió que le explicara el conflicto de Ucrania. Hay una generación de jóvenes que no saben que Sarajevo no es sólo el punto de partida de la Primera Guerra Mundial, sino que también se asomaba a los telediarios con la guerra de los Balcanes en plena Expo del 92, el certamen que dinamitó definitivamente el muro de Torneo.

El 13 de julio de 1997, este artista, ahijado artístico de Paco Molina y Luis Gordillo, cumplía 28 años. La tarta más triste de su vida. Ese día fue asesinado Miguel Ángel Blanco, uno de los iconos de su exposición, con cuatro ilustraciones, collages con recortes de prensa y trazos de pintor, que le valieron amenazas de muerte "cuando todavía no sabía lo que era internet".

Ese año 97 había estado en Sidney exponiendo en la sala de unos galeristas australianos que habían visto su obra en Arco. "De allí me traje unos colores que son los del desierto en el que se rodó la película Mad Max. Recuerdo los ecos en las noticias de la liberación de Ortega Lara y el asalto en Perú a la embajada de Japón". Dibujos salvajes y salvajadas dibujadas, como la pistola en el despacho del profesor Tomas y Valiente, un disparo a bocajarro al Tribunal Constitucional. El asesino aparece en la viñeta adyacente en una simulación de alumno de su víctima.

La exposición la ha titulado Dibujos Salvajes. Un epíteto que es una referencia artística: ha leído recientemente Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño, y Grupo Salvaje, de Sam Peckinpah, es una de sus películas favoritas. Sin menoscabo de La balada de Cable Hogue o Quiero la cabeza de Alfredo García. Las estrellas de su cartelera serían Ingrid Bergman, la actriz de la película Strómboli, palabra sinónimo de volcán con un rostro humano que parece Abril Martorell, pero en realidad es un poeta inglés que descubrió por Vila-Matas. Marlene Dietrich es la musa de los labios fríos. "No me gusta fumar, pero me encantaba verla fumar en Sed de mal, de Orson Welles".

Ha terminado su barbecho en la Universidad Autónoma de Barcelona, donde de octubre a febrero, desde hace varios años, enseña inteligencia emocional a alumnos de Arquitectura (ayer tenía una cita con Vázquez Consuegra) o de Bellas Artes, para hacerles ver que el arte está más allá de sus cánones y puede llegar al marketing o la investigación financiera. Apadrina una célula clandestina y secreta dentro de una multinacional "porque creo que se puede cambiar el mundo a través de la empresa".

Dibujos y propuestas de los últimos 25 años, porque Pérez Valencia no tira nada y todo vuelve a ser vigente. Una masa negra, entre toro y tricornio, aplasta la superficie roja y gris "porque soy una tempestad permanente. Como marino, no sé estar en calma chicha o en marina seca". Hay deudas con paisanos: un poema de Juan José Vélez, un sanluqueño que ganó el Adonais de poesía; un retrato de Isidro Muñoz, guitarrista y hermano de Manolo Sanlúcar.

Los Dibujos Salvajes de Paco Pérez Valencia forman parte de la quinta edición del New Year's Brunch, almuerzos del nuevo año que organiza la animadora cultural Belleda López Montero. Ha llenado el pabellón de Estados Unidos de pasquines y de sentencias personales: "La Comedia es una forma de la Física".

Bienvenido al Infierno es una composición a partir de una fotografía de Gervasio Sánchez inspirada en la guerra de los Balcanes. Hay también judíos de un campo de exterminio deconstruidos por imágenes del telediario o un sudario sobrecogedor, una fotografía de un niño bosnio que no llegó a cumplir los siete años, fotografiado con una delicadeza de arrullo, de nana de Miguel Hernández, por el fotógrafo portugués Paulo Nozalino.

Pérez Valencia cree que la poesía y la filosofía son las únicas armas cargadas de futuro. "Decía Pasolini que el teatro era revolucionario. Yo pienso lo mismo de la poesía en estos tiempos de hostilidad y de inmediatez".

Lleva consigo el Breviario de la dignidad humana de Camus. "Yo también, como él, he sido portero de fútbol. Eso es la soledad. Pero he sido más aficionado al boxeo y al ajedrez".

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