Un Broadway sevillano

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Un Broadway sevillano
Un Broadway sevillano
Juan Ruesga Navarro

26 de diciembre 2017 - 02:33

El compositor Manuel Marvizón declaraba hace unos días, con ocasión del estreno del musical El Médico en Fibes, que Sevilla debía convertirse en el Broadway del sur de Europa. Que había llegado el momento de dejar de ser una ciudad solamente de exhibición de simples franquicias. Y pasar decididamente a la producción de musicales de calidad. Y que éstos se sumaran a los atractivos que la ciudad ya tiene y sumar nuevos visitantes o conseguir que los que ya habían decidido venir pasaran un día o dos más en Sevilla. La propuesta resultaba muy atractiva, no sólo en sí misma, sino también por lo que podía suponer para la escena sevillana. Los musicales tiene la virtud de atraer a numeroso público y que necesitan un gran esfuerzo de producción que da trabajo a numerosas empresas y profesionales del gremio. Intérpretes, compositores, diseñadores, constructores, carpinteros, pintores y decoradores. Sastres y diseñadores de vestuario. Maquilladores. Empresas y técnicos de sonido e iluminación. Músicos. Transportistas y artes gráficas. Hoteles y empresas de catering. Agencias de publicidad. Agentes escénicos. Bufetes especializados. Locales para ensayo y almacenamiento. Etcétera. No hay que olvidar, dato muy relevante, que estos musicales se producen con esfuerzo inversor privado y obtienen sus beneficios de la taquilla, es decir del interés del público.

Si existe un potente entramado de oficios y empresas de todo tipo que den servicios a las necesidades de estas grandes producciones, también se beneficiarán los espectáculos dramáticos, coreográficos y de flamenco del saber hacer de esos talleres y empresas especializadas, tanto si son grandes producciones, como medianas o pequeñas. En los pasados años de mala situación económica, los pocos talleres que existían han tenido que buscar acomodo en las empresas de publicidad y eventos especiales como cabalgatas y otros menesteres, perdiendo parte de sus profesionales de los oficios escénicos como tramoyistas y otros.

Sevilla, con Maestranza y Fibes y la próxima apertura del teatro que construyó la SGAE en la Cartuja, ya cuenta con grandes escenarios y aforos para apoyar la idea de Marvizón. Más los auditorios que nos legó la Expo, algunos de ellos en marcha y otros con sus potencialidades a la espera. Y los teatros como el Central, el Lope de Vega y las salas Alameda, Fundición, Cero TNT y otras. Diez, doce o quince ofertas escénicas cada semana en la ciudad y a lo largo de todo el año, junto a los teatros y auditorios de los pueblos de la corona metropolitana, ya son una masa crítica suficiente para pensar en la viabilidad de la idea.

En Sevilla ya hubo un Broadway local como nos relata José Más en su novela La orgía (1919) que comenzaba en el Teatro San Fernando y terminaba en el Cervantes y los locales de todo tipo de la Alameda. Pasando por el Teatro Principal en Sierpes, el Café Novedades en la Campana, los nuevos cines, como el Llorens y los cafés cantantes del entorno y los teatros de variedades como el Kursaal en la plaza del Duque. Un broad way (camino ancho), que Sevilla puede volver a tener.

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