"Buscamos refugios en todos sitios, hasta en la Catedral"

Gregorio Cabeza. Medio siglo de la riada del Tamarguillo

A sus 91 años, este funcionario modélico recuerda el trabajo que desarrolló al frente del organismo creado para mitigar los efectos de las inundaciones hace medio siglo.

Gregorio Cabeza, en su casa de la calle Canalejas.
Gregorio Cabeza, en su casa de la calle Canalejas.
Francisco Correal

25 de noviembre 2011 - 05:03

El 25 de noviembre de 1961 se desbordó el arroyo del Tamarguillo y miles de sevillanos se quedaron sin hogar. Pedro Gual Villalbí, ministro sin cartera de Franco, nombró a Gregorio Cabeza (Carmona, 1920) al frente de la Secretaría de Viviendas y Refugio.

-¿Dónde vivió la guerra civil?

-Tenía 16 años. En Carmona. La guerra fue mucho peor que la riada. Por supuesto que sí.

-¿Cómo llega a Sevilla?

-Mi padre, cordobés de Lucena, abrió una joyería en Harinas, 14. Yo hice oposiciones del Estado y entré en el Ministerio de Comunicaciones.

-¿Conocía a Gual Villalbí?

-De nada. Depositó toda su confianza en mí.

-¿Dónde tenía su oficina?

-Al lado de la Encarnación y en los alojamientos del Polígono San Pablo.

-¿Qué misión le encomendó?

-Recoger a los miles de sevillanos que se quedaron sin hogar y buscarles un refugio provisional. Los metimos en todos sitios, hasta en la Catedral, con el visto bueno de Bueno Monreal. El cardenal habilitó todos los templos de Sevilla como refugios.

-¿Con qué los hacían?

-Primero con pabellones en Charco Redondo y en la zona de los Merinales.

-Lo de pabellón suena a Exposición. Usted conoció las dos.

-A la del 29 me trajo mi padre. La del 92 la conocí con mis hijos. Mi trabajo era hacer pabellones para unas pobres gentes. Sólo en el Polígono San Pablo metimos a dos mil personas.

-¿Sale a la calle a sus 91 años?

-Todos los días por la mañana.

-¿Qué piensa cuando ve las imágenes de los rumanos acampados bajo el puente?

-Me trae recuerdos, pero los motivos son distintos.

-¿Se mojó literalmente?

-Inevitablemente. Había que salir a buscar a las familias y llevarlas a los refugios. Me mojé muchísimo. Y mi mujer conmigo.

-¿Cuál era el método de trabajo?

-Ayudar al prójimo, recoger a la gente y darles un techo seguro.

-¿Hubo escenas de pillaje?

-El comportamiento de las familias en los refugios fue ejemplar. Y eran elementales, espacios muy reducidos con lo justo.

-Franco vino en abril de ese año, 1961, a la Feria y al Vacie. ¿Lo vio?

-Por fotografías. Yo me incorporo después.

-Franco murió hace 36 años. El Vacie sigue en pie...

-En aquella época conseguimos quitarlo. Es lamentable que haya vuelto a levantarse con todos los avances. Cuando las circunstancias no se corrigen, vuelven a reproducirse.

-¿Le habla a sus nietos de aquellas batallitas?

-Lo han leído en mis archivos.

-¿Ha pensado escribir sus memorias?

-No están agregadas en un libro, pero mi vida está escrita. Lo tengo todo archivado.

-Sevilla tuvo 53 suburbios. ¿Hubo otro caso en Europa?

-No sé en Europa, pero fue algo único e increíble.

-El Guadalquivir no creció. ¿No hay que fiarse de los arroyos?

-Ni de los arroyos ni de nadie.

-¿Recibió ofertas para hacer un trabajo similar fuera de Sevilla?

-No, pero sí venían de todos lados, empezando por Madrid, para ver cómo funcionaba la Secretaría de Viviendas y Refugios. Lo veían como un modo ejemplar de alojamientos.

-¿Los políticos actuales le piden consejo?

-No. He hablado con algunos.

-Dice Nicolás Salas que la suerte fue que ocurrió a primera hora de la tarde...

-Es verdad. Pero era una tragedia ver a tantísimos niños obligados a abandonar su casa, sus juguetes.

-¿Qué siente cuando llega la temporada de lluvias?

-Desde entonces no me gusta la lluvia, aunque es necesaria.

-¿Qué lección podemos sacar para el futuro?

-Que la gente no puede estar con el ánimo caído. Que de épocas mucho peores hemos salido.

-El benefactor de tantos refugiado, ¿se refugia en sus recuerdos?

-Vivo al día. Me falta mi mujer, María Dolores. Murieron mis dos hermanos, Araceli y Andrés. Me falta mi hijo mayor, Paco, que era marino. Pero tengo a José María, que fue conservador del Alcázar, y Gregorio, el pequeño, que tiene un establecimiento en Carmona. Y tengo a mis siete nietos.

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