Calle Rioja

Calle Relator, un museo de cerámica viva

  • Legado. Varios negocios de la calle que une la Alameda con Feria tienen rótulos y dibujos que de forma altruista les donó Francisco Chaparro, ceramista recientemente fallecido

El bar Piola, Relator esquina con la Alameda, con un dibujo de Francisco Chaparro. El bar Piola, Relator esquina con la Alameda, con un dibujo de Francisco Chaparro.

El bar Piola, Relator esquina con la Alameda, con un dibujo de Francisco Chaparro. / Salomón Cejudo

RECIENTE su muerte, se fue el mismo día de las elecciones generales, pocos artistas tienen una vida de su obra tan presente, tan palpable como Francisco Chaparro. Aunque está cerrado el taller de Barro y Cristal donde tantos aprendieron un oficio o hicieron un amigo, el tramo de la calle Relator que va de la Alameda a la calle Feria está lleno de su pálpito creativo. No hay un negocio de esa calle que no lleve su impronta, su sello, su firma.

El juego de la Piola da nombre a un bar que ya es historia de la nueva Alameda. El dibujo de los niños jugando a ese salto de las olimpiadas infantiles lo hizo Chaparro. Marina Cuadrelli es encargada de este bar. Sobrina de Jorge Cuadrelli, el argentino que fundó Viento Sur Teatro, recuerda al artista y al cliente que se sentaba. “Eva, la encargada del bar Hércules, es ceramista y trabajó con él”, dice Marina.

A Inmaculada Torrejón, de Sanlúcar de Barrameda, le hizo ese regalo ortográfico, la ilustración del Punto y Coma que da nombre a su librería, cuando se mudó de la Alameda a Relator. “Tengo su libro de sus andanzas de misionero por América”. Pasa por la puerta Juan Luis Aguado, pintor. “Tenía cuadros míos”.El que pasee por esta calle verá 26 azulejos, casi todos de animales reales y mitológicos, dibujados en el taller y en la casa del maestro ceramista, donde ahora vive Concha, su compañera. Su casa está justo enfrente de El Barbero de Sevilla, mucho más que una barbería donde trabaja Manuel Estepa, gaditano. “Aquí dentro ha habido conciertos de jazz, coros de godspel y Chaparro expuso su obra más de una vez”, dice este peluquero que utilizó la ópera de Rossini. Muestra en el móvil un encuentro con el ceramista que envió para el concurso El secreto de la colmena de pequeñas empresas innovadoras. Chaparro no sólo entraba para exponer su obra, también era el lugar donde se cortaba el pelo.

El cura (que fue) y el barbero no hacían ningún donoso escrutinio con los libros. A dos pasos de su casa, junto a la discoteca que fue Munich y ahora es Vinilo tiene dibujadas las dos columnas de Hércules y Julio César, el Gol Sur de la Alameda, y entre ellas tres visiones de la Giralda: la torre Almohade, la Giralda con el campanario de Hernán Ruiz y la torre restaurada. A pie de dibujos, un texto de la Historia de Sevilla de Arana Varflora donde hablaba de los 1.600 álamos a los que debe la Alameda su nombre y las columnas de Gol Norte.

Del Punto y Coma a los puntos suspensivos que dibujó Chaparro detrás de de A falta de pan... Una panadería vintage donde trabaja María Ángeles Jiménez, de Benaocaz (Cádiz). “Días antes de morir me regaló un azulejo con las columnas de la Alameda”. “Me dijo que no podía tomar pasteles porque estaba a régimen”.

De sus últimos trabajos, hizo el cartel con la historia del bar Aguilar, último mohicano de la anterior Alameda, taberneros de Manzanilla (Huelva) cuyo espacio ocupó la joven franquicia No Piqui. Chaparro tiene más obras. No conocía el punto y final.

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