Sevilla

Confinado en un Cruz y Ortiz

  • El encierro del Covid-19 en un edificio de viviendas de los arquitectos sevillanos

Edificio de viviendas en la calle Doña María Coronel. Edificio de viviendas en la calle Doña María Coronel.

Edificio de viviendas en la calle Doña María Coronel.

Pocos meses antes de que se declarase la pandemia del Covid-19, alquilé un pequeño piso en el barrio de San Lorenzo, al que tampoco eché demasiada cuenta, pero que me causó buena impresión porque la distribución de sus cuartos lo hacía muy diáfano a pesar de ser un bajo. Para quien trabaja casi todo el día y entra y sale más que permanece, un piso de alquiler tarda años en ser vivido, rara vez se convierte en hogar. Pero la reclusión forzosa que hemos padecido desde mediados de marzo aceleró esa identificación personal con la casa donde habito. Tampoco quedaba más remedio.

El mismo curso acelerado de conocimiento de la vivienda lo he pasado con los vecinos, y fue en la azotea que utilizábamos como patio soleado de esparcimiento donde me contaron que este edificio de pisos de la calle Hombre de Piedra era uno de los primeros trabajos de Antonio Cruz y Antonio Ortiz. Desde fuera, las fachadas, elegantes pero sobrias, no cuentan mucho, pero guardan en su interior lo que entiendo es uno de los éxitos de las viviendas de estos dos arquitectos sevillanos: el patio, el corral, el recinto interior como refugio ante la vida de la gran ciudad. El distribuidor de la luz como instrumento de serenidad, todas las casas de los Cruz y Ortiz hacen un uso eficaz de ese sol sevillano que hay que domesticar.

El edificio de Hombre de Piedra se sitúa alrededor de un patio que, a su vez, está unido con el rectángulo abierto sobre el que pivotan los antiguos corrales sevillanos. Son esos espacios que piden a gritos unos buenos macetones y mucho verde, que en este caso se protege durante estos días ardientes con un toldo que cierra los patios. Cerca de Hombre de Piedra, en la calle Lumbreras, hay otro edificio con tipología de corral de Cruz y Ortiz, también de esa fase inicial de sus trabajos. 

La Biblioteca Pública Infanta Luisa, situada en un manzana castigada de la ciudad de Sevilla a pesar de que podría ser Patrimonio de la Humanidad, es un ejemplo de lo que ha explicado: un edificio inserto, casi invisible, elegante, en un gran jardín, que aún se reserva dentro un pequeño recinto abierto para la lectura en tranquilidad. Casi un cenobio. 

El edificio de viviendas más ejemplar de los Cruz y Ortiz es el de la calle Doña María Coronel, una construcción que hoy no parece haber sido construida en 1974. A veces recuerda ciertos edificios italianos de mediados del siglo XX, racionales e industriales, y otras, una pulcra casa de una calvinista ciudad del norte. Sin embargo, la concepción es la misma, pero esta vez mayúscula: un patio con una curiosa forma de riñón se alza como un hueco de entre las plantas de viviendas.

El refugio. 

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