Sevilla

Duquesa de Alba y de la Barqueta

CERCA de la Cartuja sin pisar la isla. La plaza Duquesa Cayetana de Alba, que todo el mundo conoce en Sevilla como la Barqueta, recoge el espíritu del monasterio de San Clemente cuando su marido, Jesús Aguirre, lo eligió como sede del pabellón de Sevilla hasta que este comisario chocó con el sheriff Alejandro Rojas-Marcos.

Si alguien aún duda de que Cayetana de Alba es una duquesa del pueblo, que se dé una vuelta por este palacio a la intemperie que es la plaza que lleva su nombre. En vísperas de la inauguración de la colección de la casa de Alba en el Museo de Bellas Artes, la plaza Duquesa Cayetana de Alba recibió miles de visitas.

"Aquí se hace la parada de regulación", explica Juan Miguel García, 43 años, una década como conductor de Tussam, que a la duquesa de Alba, que probablemente no habrá subido en su vida a un autobús urbano, le sonará a uno de esos filósofos alemanes que editaba Jesús Aguirre en Taurus cuando se propuso divulgar en España la Escuela de Fráncfort.

En un cuarto de hora (11:30 a 11:45) pasan 25 autobuses urbanos por la plaza de la Duquesa, sin contar turísticos, escolares o interurbanos, que duplicarían ampliamente la cifra. Son cien autobuses a la hora, mil diarios en una frecuencia de diez horas. Un homenaje del callejero a quien hoy abre las puertas de sus casas de Dueñas y Liria para mostrar su patrimonio artístico.

Perder un autobús tiene sus ventajas. Alessia, 22 años, perdió el C3 y se pone en la parada del C1 para ir a la Universidad. Estudia cuarto de Filosofía y tiene clase de Metafísica. "No la conozco, soy italiana". Alessia es del sur, de Basilicatta. Le dice al periodista que allí rodó Pasolini El Evangelio según San Mateo. Sí ha oído hablar de la maja desnuda de Goya, que Picasso quiso reeditar sin conseguirlo con la actual titular de la casa nobiliaria. Alessia eligió Sevilla para estudiar por los amigos sevillanos que fueron con un erasmus a Bolonia. Se perdió la exposición de pintores venecianos que precedió en el Museo a los fondos de la casa de Alba.

La duquesa de Alba regula simbólicamente el tráfico entre los polígonos y el centro. Todas las posibles dualidades pasan por esta rotonda: Macarena y Triana, Nervión y Heliópolis, patricios y plebeyos. Suprimidas por la peatonalización las terminales de la Plaza Nueva y la Encarnación, es la plaza que soporta un mayor tránsito de viajeros.

Alessia se va en el C1 y llega otro C3. Juan Miguel García, su conductor, no descarta ir este fin de semana con su familia a la exposición del Museo de Bellas Artes. "A la duquesa la vi una vez en el Nervión Plaza. Un personaje pintoresco". "A los enanos", dice de sus hijos Juan Miguel, 11 años, y Ana, 10, "ya los he llevado al Louvre, al Prado y al Museo de Ciencias Naturales". Juan Miguel nació en Alcaudete, en la provincia de Jaén. "De allí son los mejores mantecados. Dicen que los de Estepa, pero a mí me parecen muy sosos". En Alcaudete no rodó Pasolini, está el alma de Berlanga en unas imágenes del No-Do con un cartel en la plaza de Oriente en el que se leía Alcaudete con el Caudillo. Su pintor favorito se llama Josefa Moreno. "Es mi madre. Pinta paisajes, bodegones".

Si el autobús fuera un museo, no se vería un cuadro. Al mediodía, el C3 va atestado de gente. Miky, nigeriano de 39 años, lleva un par de ellos vendiendo pañuelos en la plaza Duquesa Cayetana de Alba, señora de la Barqueta. Algún nostálgico de la Expo vendrá por Calatrava a por latín y a ver al duque. La relación de Jesús Aguirre con este espacio recuperado lo evoca José Villa en el perfil del duque de Alba publicado en el Diccionario de Ateneístas.

Cada parada de autobús es un retrato sociológico. El puente del arquitecto cántabro Juan José Arenas separa la plaza de la Cartuja. Los horarios comerciales, universitarios, domésticos, de ocio y negocio marcan el devenir de estos gigantes de la locomoción que rinden en la plaza de la duquesa. Ya terminó la clase de Metafísica. Hermosa metáfora para el duque ausente, que seducía feligresas con sus sermones y conquistaba intelectuales con su políglota encanto.

Muy pocos usuarios de los autobuses urbanos saben que la plaza tiene el nombre de la dueña de Dueñas. La Barqueta es un topónimo de la ciudad que remite al esplendor fluvial que se llevaron los galeones. De su posterior ostracismo, con un muro que decoró Ortiz Nuevo y demolió Manuel del Valle antes del de Berlín.

El conductor de Alcaudete reanuda el trayecto. Mete la primera. Metafísica con marchas.

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