Su Eminencia se vuelve amarilla

Las calles de este barrio están jalonadas de bazares, fruterías y peluquerías chinas

Su Eminencia se vuelve amarilla
Su Eminencia se vuelve amarilla
D. J. G.

13 de febrero 2011 - 05:03

Como pasear por una ciudad asiática sin salir de Sevilla. Oriente está cada vez más presente en los barrios de la capital hispalense, como en el de Su Eminencia, cuya arteria principal, la calle Ingeniero de la Cierva, se ha convertido en una de las zonas más colmatadas por los negocios chinos. La diversificación amarilla pasa aquí de la teoría a la realidad: bazares, fruterías, bares de tapas sevillanas y hasta peluquerías regentadas por estos asiáticos que han ido amedrentando al comercio tradicional, el más perjudicado por esta competencia, al existir libertad horaria cuando una tienda no supere los 300 metros cuadrados.

Manuel Silva es uno de los más perjudicados. Este pequeño empresario abrió la primera de sus tiendas de ropa en 1980. Durante estos 31 años ha llegado a tener tres, de las cuales en la actualidad mantiene dos, y lo más previsible es que en pocos meses sólo cuente con una. Silva asegura que la competencia china ha llegado en el peor momento, lo que ha provocado que el 90% de los negocios tradicionales de Su Eminencia echen el cierre. "No contratan a ningún español, y si lo hacen es para que les sirva de intérprete y pagándole muy poco. Abren hasta el Viernes Santo", asegura este comerciante, que como Bernardo Álvarez, de la ferretería Casa Otilia, mantiene que "no hay local que se haya cerrado que no lo hayan alquilado los chinos".

Los trabajadores de Muebles Tarragona, sector en el que aún no han proliferado mucho los chinos, están tranquilos por ahora, aunque les llegan noticias de que en varios polígonos sevillanos los asiáticos ya regentan grandes naves para la venta de muebles. En Ingeniero de la Cierva los vecinos se han acostumbrado a los negocios chinos. Nada es extraño para ellos. Ni siquiera la peluquería situada junto a la sede de la asociación vecinal. El corte para hombres cuesta 7 euros, el de mujer sube a 9 (con lavado incluido). En la frutería de en frente, regentada por un matrimonio chino, se venden dos kilos de patatas a un euro. Y en el Bar Pacífico, a pocos metros, la carta incluye montaditos de pollo y ensaladilla elaboradas por chinos, a precios económicos, como el menú que se ofrece a los trabajadores de la zona.

La relación del vecindario con estos inmigrantes se ciñe a lo estrictamente comercial. No va más allá. Viven en sus casas donde ven canales de televisión chinos y leen la prensa de su país. Los menores apenas juegan con los niños del barrio y algunos de ellos, incluso, ayudan a sus padres en el negocio. Del colegio a la tienda. Por lo demás, la convivencia con los chinos es pacífica en los barrios donde viven.

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