Epístola moral al Fabio olímpico
Calle Rioja
Medallero. El 92 fue un año olímpico (22 medallas en Barcelona) que dejó en la Cartuja un pabellón del COI diseñado por el arquitecto mexicano Pedro Ramírez.
LA mañana es soleada, un rubio marilyn. Cuatro ciclistas pasan por el puente de la Barqueta y hablan del camino de Santiago. En las inmediaciones del que fue pabellón del Comité Olímpico Internacional (COI) reina el icono de Gambrinus en el pabellón de la Cruzcampo. El protagonista de la novela de Bohumil Hrabal Bodas en casa medía su felicidad en "piscinas olímpicas de cerveza".
Junto al pabellón del COI, el parking de Isla Mágica y la glorieta del mismo nombre con las indicaciones del estadio olímpico. Un capricho cortesano de Alejandro Rojas-Marcos, que era el alcalde de Sevilla el año de los Juegos de Barcelona y de la Exposición Universal. Estadios olímpicos son los de la Barcelona 92 y los del Olímpico de Játiva o la Olímpica Valverdeña. Desde los Mundiales de Atletismo de hace 13 años, en el estadio de la Cartuja no se vieron más carreras que las de quien quería un buen sitio para ver a Madonna o Bruce Springsteen.
El pabellón del COI conserva su aspecto exterior en las columnas, aunque en su remodelación perdió el pebetero en el que ardía la llama de la antorcha olímpica. Lo diseñó para la Expo el arquitecto mexicano Pedro Ramírez, también autor del pabellón de México en el que asumió las tareas de comisario. El edificio lo comparten en la actualidad la discoteca-teatro Antique, con un patio interior dominado por los colores negro y rojo y una alfombra con publicidad de ron Legendario, y Aqarium, un restaurante sonoro que sirve comidas a domicilio y publicita con el logotipo de London 2012 un menú pizza por el precio de 7,95 euros.
La parte trasera da a la puerta norte de los Jardines del Guadalquivir, objeto de los planes de Acondicionamientos Ambientales y Reforestación de Riberas sufragados por el fondo Europeo de Desarrollo Regional. Pepe conoce bien este territorio. Macareno, ayer lucía una gorra de Canal Sur (la televisión autonómica ocupa los pabellones que fueron de Andalucía y de Retevisión) mientras ejercía su tarea de guardacoches en la zona trasera del Antique. "En ese pabellón", señala el que fue del Futuro y ahora es del Medio Ambiente, diseñado por Oriol Bohigas, "yo estuve trabajando en la metalurgia de las cubiertas. De vez en cuando venían unos ingenieros americanos a inspeccionar las obras. Echamos más horas que un reloj, porque corría prisa".
Ahora se lo toma con más calma. Incluso coge su bicicleta cuando considera finalizada su media jornada. "Si no es por la discoteca Antique, del pabellón olímpico no quedan ni los cimientos. Los chatarreros empezaron a desmontarlo". El comisario del pabellón del COI era Carlos Ferrer Salat, que fue dirigente de la patronal española. Por este edificio pasó procedente de Extremadura la antorcha olímpica que finalmente prendió en Barcelona el 25 de julio de 1992. Los Juegos de las 22 medallas para España. Con Marina Alabáu al frente, habrá que cambiar el COI por Alcoy para incorporar más moral que el Alcoyano.Viendo el canal de jaramagos y floresta que jalonan lo que fue un fértil canal sale sola la epístola moral y cartujana: "Estos, Fabio, ay dolor...".
El 9 de agosto de 1992 la Cartuja debió llenarse de gente, colas en los pabellones de Mónaco, Canadá y Fujitsu, entusiasmo del público que presenciaba la Cabalgata con diseño de Joan Font. Veinte años después, 9 de agosto de 2012, en la plaza de Europa, antiguo pabellón de España, camino de los Descubrimientos (si me quieres escribir, no sabes mi paradero) actuación estelar de Kiko Rivera a las 23'59 de la noche, acompañado por los dj's Quini Rivera e Israel Álvarez. Un buen día para las arcas de la familia, porque hora y media antes está anunciada la presencia en el recinto ferial de Isla Cristina, acompañada por la banda sinfónica del Liceo municipal de Moguer, de Isabel Pantoja, la madre del protagonista de esta llamada First Love Parade. Todo queda en casa.
En un lateral del pabellón del Comité Olímpico Internacional que hace veinte años presidía Juan Antonio Samaranch, eximio franquista-leninista, un mural indigenista con una parrafada indigesta: "El verbo América es conjugar participios pasados con presentes condicionales, es reorganimar todos los pretéritos de las cuentas cuentos de indios del Mediterráneo con los indígenas de América y del Pacífico, es poner bien los dedos en los que los une en vez de despreciarse con megatónicas megalomanías". Simbiosis de Pemán y Eduardo Galeano.
Por el entorno pasan excursiones a Isla Mágica, el bus turístico y descapotable, uno de ellos con la leyenda en la parte trasera Ven a Santander, ¡Te esperamos!, y los pasajes migratorios de gentes sin rumbo y cargados de cachivaches. Éstos pasan olímpicamente, cicerones de sí mismos en una ciudad fantasma "en la que nadie vive y nadie duerme", como dice el guardacoches que hace veinte años trabajó en las cubiertas del edificio de Oriol Bohigas. El del Futuro, que ya está aquí.
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