Presentación

Expo 92: Un proyecto de Estado

  • Los líderes empresariales de la Sevilla actual, con tradición familiar o sin ella, iniciaron su carrera profesional a principios de los 90.

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Un proyecto de Estado y un tercio de siglo de la historia de Sevilla. En 1976, el rey Juan Carlos habla por primera vez de la posibilidad de celebrar el 500 aniversario del Descubrimiento con una Exposición Universal en Sevilla. El Ayuntamiento de Sevilla aprueba solicitar la Expo en enero de 1981. La petición ante el Bureau International des Expositions se hizo en marzo de 1982.  En 1983 se decide que Sevilla y Chicago compartan la organización. La ciudad norteamericana se descuelga en 1985 y el BEI consagra a la capital de Andalucía como  sede definitiva y en solitario.

El proyecto de Estado va más allá de la conmemoración del quinto centenario del descubrimiento de América. La idea fue expresada por don Juan Carlos en su primer año de reinado, contó con la aprobación del primer Ayuntamiento democrático de la ciudad presidido por Luis Uruñuela, el apoyo del Gobierno de UCD en la solicitud, más tarde el entusiasta impulso del presidente González en la ejecución y organización, y también con un protagonismo del presidente Escuredo desde su etapa al frente de la Junta preautonómica. Un perfecto escaparate del entramado institucional del recién estrenado régimen democrático. La presencia latinoamericana fue total: todos los países tuvieron alguna representación, con pabellones propios o en el de América.

Las cumbres iberoamericanas, que celebrarán su vigésimo segunda edición en octubre próximo en Cádiz, se iniciaron un año antes en Guadalajara (México). Y en julio de 1992 se produjo en Madrid la segunda reunión, que tuvo un eco inmediato de visitas y presencia de mandatarios americanas en Sevilla. En el ámbito español, todas las comunidades autónomas participaron  con pabellones propios en torno al lago, presidido por el de España. Pero una cumbre presidida por el Rey que había organizado el comisario Olivencia no se celebró, a pesar de haber sido aceptada por las comunidades históricas.

La ciudad repitió algunas de las pautas de la Exposición Iberoamericana de 1929. Sevilla estaba lejos de su mayor esplendor,cuando en 1908 surgió la idea de hacer una gran exposición ultramarina, como para impulsar su desarrollo. Al comienzo de los 80 el objetivo fue el mismo. Pero una severa crisis económica, de mucha menos intensidad que el crac del 29, echa por tierra durante unos años la llegada de grandes compañías internacionales en la vanguardia de las nuevas tecnologías.

La Expo provoca una gran transformación de la fisonomía de la ciudad. La huella de la Expo es espectacular. Puentes, circunvalaciones, un nuevo aeropuerto, el primer tren de alta velocidad de España, un terreno de 215 hectáreas justo al lado de la ciudad. Sevilla fue muy generosa con la Exposición Universal. Otras ciudades han aprovechado estos eventos para rehabilitar terrenos degradados situados lejos del centro. En este caso fue todo lo contrario: un terreno virgen, pegado al casco antiguo, al otro lado del río.

No se enamoraron los sevillanos del proyecto hasta que no se inauguró la Expo. Pero al final fueron los grandes protagonistas de los seis meses que duró el certamen. Esa ventana abierta al mundo alentó vocaciones empresariales, de tal manera que puede considerarse que es el origen de lo que hemos bautizado como Generación del 92. Los líderes empresariales de la Sevilla actual tenían entre 30 y 35 años en 1992. Algunos tenían tradición familiar y otros no, pero la exposición cambió sus vidas. Es otra de las huellas de la Expo.

Quedan asignaturas pendientes en la ciudad. Una de ellas, hacer de la isla de la Cartuja una parte viva de Sevilla y no un espacio colmatado que se abre por la mañana y duerme por la noche.

La última de las huellas es inmaterial. El prestigio y renombre de haber sido la bandera de España en un gran proyecto de Estado.

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