Fiesta

Convite de boda con las estrellas Michelin en Sevilla

  • La cena posterior a la gala de famosa guía de la alta cocina fue un gran acto de hermandad para festejar los triunfos sin recetas secretas

  • Así discurrió la celebración en el Casino de la Exposición 

Julio Fernández, de Abantal, presenta sus creaciones para la cena posterior a la gala. Julio Fernández, de Abantal, presenta sus creaciones para la cena posterior a la gala.

Julio Fernández, de Abantal, presenta sus creaciones para la cena posterior a la gala. / Juan Carlos Muñoz

Pepe Rodríguez compite en popularidad con el mismo Bibendum, muñeco de Michelin y rey del photocall que presidió este miércoles el centro del Casino de la Exposición. Hace 20 años que el popular cocinero consiguió la estrella que conserva El Bohío, su restaurante de Illescas, y casi una década que recibió el Premio Nacional de Gastronomía, pero el gran público lo reconoce por su etapa televisiva como jurado de Masterchef. "Esto es novedoso, cuando me dieron la estrella hace 20 años no se armaban estos folclores, estos líos, yo me enteré porque me llamaron a mi casa, pero es muy bonito que tu proyecto vital se vea premiado con una distinción así, delante de tus compañeros", comenta el chef.

El foco mediático que tiene hoy la alta cocina acercó anoche, pese a la lluvia, a algunos curiosos que vieron las estrellas proyectadas en un Casino de la Exposición que se vistió de rojo para recibir a los artistas de la gastronomía española. Todo un lujo en una ciudad que presume de ser la capital de la tapa y que ahora debería reflexionar sobre cómo mejorar su posición en este particular firmamento culinario. 

En la gala de las estrellas de Michelin brilló la ciudad por encima de todo. Dice Mayte Carreño, directora comercial de Michelin Travel Partner, que hasta se había intentado recrear el olor a azahar. Pero también el buen hacer del sevillano Julio Fernández, cocinero de Abantal. "Yo estoy satisfecho, continuamos brillando un año más", comenta con modestia el chef que ostenta una estrella desde hace once años mientras enseña una de las creaciones que aportó al cóctail posterior a la gala, una facera de atún encebollao de aspecto pétreo y sabor delicioso.

En la alta cocina hay trampantojos, no todo es lo que parece, pero hay una ecuación que se suele repetir: la genialidad suele discurrir en paralelo a la humildad. 

Xanty Elías, del restaurante onubense Acánthum, prepara sus creaciones para la fiesta. Xanty Elías, del restaurante onubense Acánthum, prepara sus creaciones para la fiesta.

Xanty Elías, del restaurante onubense Acánthum, prepara sus creaciones para la fiesta. / Juan Carlos Muñoz

Quizás por eso el ambiente, tras desvelarse el secreto de las nuevas estrellas, era de fin de curso, de absoluta hermandad y alegría. El cordobés Paco Morales, uno de los triunfadores de la noche al hacerse con la segunda estrella para Noor, se abraza emocionado a Xanty Elías, chef del restaurante onubense Acánthum. Confiesa que está en una nube tras conocer el fallo de los inspectores de Michelin y sus ojos brillan dedicando el premio a sus padres y a su familia ahora más extensa que nunca tras la apertura de su bar Nanita junto a Mariana Tapia en el centro de Córdoba.

Los más grandes de la alta cocina no han parado de posar. La selfie con Martín Berasategui trae cola. Dice el vasco, que toca el mismo cielo con un total de 12 estrellas, que el cocinero vanidoso es el que nunca ha empatado con nadie. En la gala de Sevilla sumó dos estrellas más para sus nuevos restaurantes de Bilbao y Lisboa. "El secreto es que siempre estoy en la cocina", apunta el chef mostrando su cara más auténtica cuando se le pregunta por su éxito en la Guía Michelin. 

Martín Berasategui y los gemelos Torres posan junto al muñeco Michelin. Martín Berasategui y los gemelos Torres posan junto al muñeco Michelin.

Martín Berasategui y los gemelos Torres posan junto al muñeco Michelin. / Juan Carlos Muñoz

Berasategui no oculta que esta biblia de la alta cocina le cambió la vida a él y otros muchos cocineros que, una vez mencionados, asumen un compromiso inquebrantable con su profesión. Ya no se trata de ganar o perder estrellas, la clave para Julio Fernández, de Abantal, es hacer las cosas por ti mismo sin pensar en los reconocimientos. Montar un restaurante pensando en el éxito en una publicación no suele funcionar, opina Nacho Dargallo, de El Gallinero de Sandra, que revalida su puesto como bib gourmand y que acaba de conseguir un plato para El Disparate, el restaurante del hotel urbano The Corner House que regenta en la Alameda de Hércules. Una tendencia, la de la gastronomía en los hoteles, que gana fuerza también en la guía.

La noche discurre con aires de boda, mientras siguen circulando platos de los 12 jamones de Jabugo encargados para la ocasión. El novio bien podría ser Jesús Sánchez, el cocinero del Cenador de Amós, el único que se ha alzado en esta edición con las tres estrellas. Posa con su mujer, la madre de sus dos hijas, con la sencillez de un vecino de Villaverde de Pontones, un pueblo cántabro de poco más de 400 habitantes que alberga ya un templo de la gastronomía. Cuesta localizarlo entre las 600 personas que se reunieron en el Casino de la Exposición para festejar el evento. También a Dani García que, contra el pronóstico de algunos, estuvo apoyando la fiesta un año después de lograr su pasaporte para ese club selecto de los triestrellados Michelin y poco después anunciar el cierre de su negocio. No se retira ni mucho menos, tiene otros proyectos de vida que pasan por la cocina y la apertura de nuevos restaurantes por el mundo. Huye del protagonismo, pero su camisa negra destaca entre las chaquetillas blancas de muchos de sus compañeros de fatigas. 

Muchos invitados preguntan por Israel Ramos, el jerezano que ha debutado con una estrella para Mantúa y que hace tiempo que apuntaba maneras. Forma parte del equipo de jóvenes cocineros veinteañeros que se unieron al proyecto de Ferrán Adrià en la desaparecida La Alquiería de Benazuza que creó toda una escuela con su lenguaje y códigos incluidos. Por allí pasó también Benito Gómez, que ha logrado ahora su segunda estrella para Bardal. Este barcelonés de nacimiento y rondeño de corazón también fue uno más en la cocina de Tragabuches, el proyecto familiar de Dani García.

Al igual que Marcos Granda, el cocinero de Skina, el otro malagueño que obtiene las dos estrellas, digiere el triunfo mientras las creaciones de los chefs encargados de preparar la cena, siete andaluces con estrella capitaneados por Ángel León, siguen saliendo de las cocinas. "Se come todo, incluida la pinza", aclara una camarera que ofrece el muslito de cangrejo coñeta del chef del mar. Hay quien el aliño de pepino andalusí de Paco Morales le recuerda al aguaíllo de su madre. 

De eso se trata, de reinventar la cocina y volver a los orígenes. Lo consigue Abantal con la crema morisca que acompaña a sus mollejas de cordero, el pil pil que bañan los chocos de Acánthum, el atún con tomate de Aponiente, el ajoblanco de Bagá, la sopa de pota de La Costa, la croqueta de pularda y foie de LÚ Cocina y Alma o el chipirón relleno de morcilla de José Carlos García. 

Sabores de siempre presentados como nunca. Los camareros que trabajan en la gala alucinan mientras rellenan las copas de los chefs. "Es como si a alguien que quiera ser futbolista lo meten en un entrenamiento con las estrellas de la Liga", comenta uno de los jóvenes que sirven la cena. Elías Cabrera, responsable de la aventura gastronómica que lleva el nombre de Salvaje, de la familia de Sal Gorda, se muestra agradecido ante los responsables de Turismo de Sevilla y al alcalde, Juan Espadas, por haber hecho posible un evento gastronómico que nunca hubiera imaginado en Sevilla.

El sueño de algunos era compartir cena con Pedro Subijana, uno de los miembros selectos del club de las tres estrellas. Y ayer se cumplió, el veterano cocinero comenta el buen momento de proyección que vive Sevilla. "Conozco esta ciudad, he venido muchas veces, y me impresiona verla así realmente", explica amable con todo aquel que se le acerca.

Cuando llega el momento dulce del postre y la copa la pista de baile empieza a animarse mientras algunos repasan sus fotos para asegurarse de que llevan en sus teléfonos testimonio gráfico de todos los grandes momentos de una gala que se cerró en el Teatro con una foto de lujo. Todos los cocineros con tres estrellas: El Celler de Can Roca, Lasarte, ABaC, Arzak, Akelarre, Martín Berasategui, Azurmendi, Quique Dacosta, DiverXo, Aponiente y, desde este miércoles, Cenador de Amós. 

Lluvia brillante para una noche con nubes y paraguas que no cerró el camino a Sevilla, la capital que confía en haber sembrado para ir recogiendo mejores frutos en las próximas ediciones ahora que Andalucía, sin duda, es el gran destino gastronómico de moda.

 

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