"Ganamos un contrato en Escocia por 26 millones, crearía 140 empleos en Sevilla, y nadie nos avala"

Son y están

Dos hermanos que dirigen una empresa cuya continuidad en le metalurgia se remonta a 1836, saben cómo prosperar adaptándose a la demanda de cada época. De proveer a la industria aceitera, después a la siderurgia y a la naval, dieron el salto a las estructuras para espectaculares puentes y edificios, y con la fuerte crisis en España han girado hacia las obras públicas en países de Europa, América y África.

Miguel Silvestre, junto a su hija Cristina, y Eugenio Silvestre, junto a su hijo Eugenio, ante una de las grandes piezas para el nuevo puente de Cádiz.
Miguel Silvestre, junto a su hija Cristina, y Eugenio Silvestre, junto a su hijo Eugenio, ante una de las grandes piezas para el nuevo puente de Cádiz.
Juan Luis Pavón

30 de septiembre 2012 - 05:03

Estudiaron en las Escuelas Francesas y ahora, con 64 años de edad Eugenio, y con 62 su hermano Miguel, se están poniendo las pilas en el dominio básico del inglés porque el presente y el futuro de la empresa se dilucida fuera de España. "Nuestros hijos, claro, no tienen ese hándicap lingüístico de la infancia. Su reto es convertirse en la tercera generación al frente y ser capaz de garantizarle la continuidad a la cuarta".

Mientras recorremos sus líneas de producción y vemos las grandes piezas que están haciendo para el nuevo puente de Cádiz, comprobamos que su ambición, y su quebradero de cabeza, tienen más bien acento escocés. Forman parte de las empresas ligadas al consorcio de Dragados, Hochtief, American Bridge y Morrison, ganador del concurso para construir el Forth Replacement Crossing, espectacular puente atirantado de 2.700 metros de longitud, que conectará la autopista entre Edimburgo y Fife. La licitación total asciende a mil millones de euros. Los hermanos Silvestre, formando su empresa Megusa una alianza temporal con otra sevillana, Tecade (con la que también se unieron para el proyecto del puente gaditano) tienen firmado un precontrato por valor de 26 millones de euros para proveer a dicho puente de 10.000 toneladas de estructuras metálicas. Pero les está penalizando sobremanera ser una firma española, por el descrédito internacional que pesa ahora sobre la viabilidad de nuestra economía, y el Gobierno escocés les exige avales por valor de 11 millones de euros, y a cargo de una entidad financiera afincada allí y que les merezca especial confianza. Triple salto mortal.

Los dominios del Monasterio de San Clemente son el origen de esta empresa en 1836. Era Velasco, Pando y Cía, que dio paso a Fundición San Clemente, en la calle Calatrava, dedicada sobre todo a producir maquinaria para prensar, molturar, refinar y almacenar en la industria aceitera que exportaba a países como Francia. Eugenio Silvestre padre compró la empresa, en 1958, amplió y diversificó la producción (se hacían también vagones, rejas, cocinas económicas, incluso lápidas) y tuvo que trasladar las instalaciones al Polígono Calonge. Sus hijos, al frente de la compañía, recuerdan que "nos obligaron por el ruido que generaba la fábrica. Hasta los curas protestaban porque decían que no podían dar la misa con el ruido".

En 1978, manteniendo la de Calonge, crearon una segunda empresa, Metalúrgica del Guadalquivir (Megusa), junto a Astilleros, ocupando terrenos propiedad del Puerto mediante régimen de concesión administrativa. Así lo evoca Miguel Silvestre. "Eran años de auge en la construcción naval. Astilleros Sevilla hacía de promedio once barcos cada año. De cada uno, habitualmente buques con un peso total de 35.000 toneladas, nosotros hacíamos el tanque alto, el tanque bajo, y el forro fondo, y se los mandábamos como si fuera un barco cortado en rodajas".

-¿Cómo reaccionaron ante el bajón de la actividad en Astilleros?

-[Miguel] A raíz del parón naval, nos especializamos en hacer puentes. Ya hemos intervenido en la construcción de 98 puentes y pasarelas. Por eso no nos ha faltado el trabajo. Y ahora que está parada la obra pública en España, nos esforzamos por trabajar para el extranjero. Conocen nuestra calidad y experiencia grandes empresas españolas, como Dragados, Fomento, Ferrovial, Corsan... Por ejemplo, el año pasado Dragados contó con nosotros en Canadá para asesorarles sobre problemas que tenían con técnicas de soldadura.

-¿El auge constructivo que supuso la Expo 92 en Sevilla fue clave para la evolución de su empresa?

-[Miguel] Sí, porque nos obligó a evolucionar, a relacionarnos con grandes constructoras e ingenierías, y resolver proyectos que nos han servido de carta de presentación por toda España. Para la Expo, hicimos grandes estructuras de los puentes de Barqueta y Alamillo, la esfera bioclimática, que aún sigue en la Cartuja, las puertas del recinto (Triana, Cartuja, Barqueta, Itálica y Aljarafe), y estructuras para los pabellones de Andalucía, Canadá, Fujitsu, Castilla y León... [Eugenio] Es una pena que no se hayan reutilizado en Sevilla, en barrios periféricos ligados a la entrada y salida de la ciudad, las estructuras y las lonas como, por ejemplo, las de Puerta Itálica, que estaba junto a lo que ahora es la Escuela de Ingenieros. Durante años, las he visto tiradas en chatarrerías.

-¿Cómo se plantean su entrada en el mercado de otros países?

-[Miguel] En algunos casos hemos asistido a ferias comerciales, con el apoyo de Extenda (Junta de Andalucía). Por ejemplo, en Panamá. Y hemos estado en Marruecos, Argelia, Cuba, Colombia... Nuestra idea nunca es establecernos de modo permanente, sino mandar un grupo de técnicos, fabricar en parte allí y en parte en Sevilla, y montar. Es mejor estrategia, trabajar por proyectos y no por presencia. En cada país, mediante acuerdos con empresas locales. En noviembre voy a Colombia, lo hacemos por nuestros medios, es un país en alza.

-¿Por qué no se fían en Escocia?

-[Miguel] Por el desprestigio de la marca España. Porque en su día conseguimos un contrato de 1,5 millones para hacer lo que estamos ultimando en Sevilla para ese puente de Edimburgo: los cofferdams, moldes encofrados de los pilares, que son bajados al lecho marino para ser rellenados de hormigón. Piezas enormes de 30 metros de longitud, 27 de anchura y 15 de altura. Pesan un millón de kilos. Las enviaremos hasta Edimburgo, a partir de octubre, en una barcaza-plataforma que es la más grande vista en nuestro río, con 32 metros de ancho y 90 de largo. Por la antigua esclusa no hubiera cabido.

-¿Y nadie les está echando un cable desde España?

-[Eugenio] Los escoceses no se fían de los bancos españoles, y cada vez nos están poniendo condiciones más duras... [Miguel] Desde el punto de vista técnico, es un proyecto que podemos afrontar perfectamente, está en la línea de lo que hacemos para el puente de Cádiz. Pero, conforme se ha enturbiado la crisis financiera española, en el seno de la Unión Europea han cambiado las tornas. Al principio, todo fue favorable, vinieron varias veces a Sevilla, conocieron nuestro sistema de fabricación y nos iban a suministrar el material. Ahora quieren que nos proveamos nosotros y a nuestro coste. Y para un contrato de 26 millones, nos exigen avales por valor de 11 millones. Si no superamos ese escollo, perdemos el trabajo. Sería lamentable, con la necesidad que hay de actividad industrial en nuestra tierra. Desde los organismos del Gobierno español dedicados a la exportación no hemos tenido apoyo.

-¿Qué supondría esa anulación?

-[Miguel] No se crearían 140 empleos en Sevilla para desarrollar en conjunto 500.000 horas de trabajo. Ya tenemos acordado con la Autoridad Portuaria que nos cederían dos naves de Astilleros para sacar adelante todo esa producción.

-¿Cómo están las instalaciones de Astilleros?

-[Miguel] Son magníficas. Hay dos naves que no se pueden usar aún porque están los barcos no terminados por la quiebra. Su fabricación estaba avanzada, pueden ser remolcados a otro lugar donde los terminen. Febrero de 2013 es la fecha límite para que los saquen.

-¿En la Junta de Andalucía no han reaccionado para influir en la concesión de los avales?

-[Miguel] La opción hipotética que nos dan es la de los Fondos Jeremie, de la UE para Andalucía. Esperamos respuesta.

-¿Qué plantilla tienen?

-[Eugenio] Oscila mucho en función de la carga de trabajo, por lo general estamos en unos 70 trabajadores. Además, subcontratamos a talleres de Sevilla y Córdoba que tenemos homologados, y podemos decir que tres de ellos subsisten gracias a nuestros encargos.

-Con el fuerte aumento del paro en Sevilla, con el cierre de Astilleros y el desplome de su industria auxiliar, ¿es fuerte la presión para pedirles empleo?

-[Eugenio] Hay días en los que son muchas personas, algunos con problemas muy serios. Hay que tener mucho tacto a la hora de tratarles, porque su situación personal y familiar es ya desesperada... [Miguel] Qué más quisiera que dar cabida en nuestra empresa a todo el que lo pide y lo vale. Por ejemplo, a magníficos profesionales de Astilleros que conocemos. Por eso es aún más triste que cuando te arriesgas a crecer y consigues un proyecto, en lugar de ayudas lo que recibimos son frenos.

-¿Cómo se abastecen de acero?

-[Miguel] Siempre material con certificados de calidad de la Comunidad Europea. Lo compramos en Polonia, Ucrania, Macedonia y pronto todo será de China. El ahorro es de 200 euros por tonelada.

-Dos hitos de los que se sientan especialmente orgullosos.

-[Miguel] La concesión, por parte de la empresa Dragados, del premio a la calidad total. Y haber sido los primeros en España en fabricar un puente metálico para línea ferroviaria de alta velocidad, es el viaducto sobre el río Piedras en el valle de Abdalajís, en Álora (Málaga). Una obra que ha marcado tendencia. [Eugenio] El puente fue montado entero a pie de obra con sus 1.212 metros de longitud, y fue lanzado mediante grandes gatos hidráulicos para que avanzara poco a poco como plataforma por encima de los 19 pilares, de 106 metros de altura cada uno.

-¿Les sorprende ser socialmente unos desconocidos en Sevilla?

-[Miguel] Nos ha ido bien sin hacer ruido. Todo el que llega a las oficinas y ve la galería de infraestructuras en las que hemos participado, suele tener de reacción: Coño, ¿todo esto lo han hecho ustedes? Pues sí. Somos una empresa familiar, y hemos crecido a pulmón, con nuestros medios, sin solicitar ayuda ni para comprar ordenadores. Somos muy distintos de los empresarios oportunistas y rutilantes. No hemos montado despachos ni salas deslumbrantes. Tenemos lo suficiente para desarrollar perfectamente el trabajo, con sencillez.

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