Luz con el tiempo dentro

Calle Rioja

Historias de agosto. Un atasco en el Aljarafe y una biblioteca en la playa de Mazagón sugieren un viaje literario entre Cernuda y Juan Ramón Jiménez.

Luz con el tiempo dentro
Luz con el tiempo dentro
Francisco Correal

13 de agosto 2012 - 05:03

JUNTO a la señal con las palabras Umbrete y Benacazón, los coches subían esa cuesta del Aljarafe con la velocidad de carretas del Rocío. Pero eran otras fechas festivas, casi antípodas del Pentecostés, las que sugería vistas desde el interior del vehículo, ritmo de tortuga, el cartel de la nave de El Patriarca: mantecados, polvorones, turrones, bombones, mazapanes. Miles de automovilistas huían de la ciudad-tostadora camino de las playas. Elegimos Mazagón, paraíso del litoral que pertenece al término municipal de Moguer. En la zona urbanizada no había una sola plaza libre de aparcamiento. Recordaba otra visita, en el autobús de Damas, a la casa en primera línea de playa, con ribetes de Le Corbusier, diseñada por el arquitecto Luis Díaz del Río.

Dejamos Mazagón y nos adentramos en una línea de bosquedal y un cartel: playa Parador de Mazagón. Mi coche fue el antepenúltimo que pudo entrar en el parking habilitado por la Consejería de Medio Ambiente. Caminata hacia la playa. De pronto vemos el parador propiamente dicho, una aportación tan decisiva de Fraga Iribarne al país como la Ley de Prensa e Imprenta. Pese al nombre, playa del parador de Mazagón, este lugar privilegiado de la naturaleza es lo más opuesto a un recinto cerrado. De hecho, es el lugar de expansión y esparcimiento veraniego de bañistas de Palos, de Moguer o de San Juan del Puerto. Un rincón familiar donde se alquilan tumbonas a módicos precios. Lo primero que llama la atención a pie de playa es que la biblioteca es más grande que el chiringuito. Será porque estamos en los dominios municipales de Juan Ramón Jiménez, que cruzó ese océano Atlántico que se atisba desde la orilla para hacer Andalucía en Puerto Rico. Su huella está muy presente en Moguer, en cuya casa-museo ejerció en tiempos como comisario el novelista, poeta y letrista de Arcángel Juan Cobos Wilkins. Otras huellas más visibles son el letrero que aparece a la entrada del pueblo, "luz con el tiempo dentro", extraída de un párrafo del poeta moguereño, y una secuela más prosaica del inmortal poeta: la gasolinera más próxima es de la empresa Platero. Es Juan Ramón un poeta de la generación del 98 o del 95 según las preferencias de hidrocarburo del automovilista. O un autor diesel.

Este viaje a Mazagón desde Sevilla es, por ajustarme a la sorpresa por el hallazgo de la bien surtida biblioteca, un trayecto entre dos autores andaluces galardonados con el Nobel de Literatura. Juan Ramón lo obtuvo en 1956 y faltan pocos días para conmemorar los 35 años de la concesión del más importante premio literario al poeta sevillano Vicente Aleixandre, al que tuve ocasión de visitar aquel verano de 1977 en su casa de Velintonia. Esta lotería de las letras al poeta del 27 nacido en el palacio de Yanduri la evoca la señal que aparece en la Autovía del Descubrimiento cuando uno lee viniendo de Huelva: Sevilla 77. De la misma manera, el guarismo Sevilla 63 lo asocias con el año en el que Luis Cernuda, compañero de grupo poético y de ciudad de nacimiento de Aleixandre, murió en México, última etapa de un largo destierro asociado con otra señal de esta concurrida carretera: Sevilla 36.

Juan Ramón murió en Puerto Rico y en México Cernuda. A mi hijo, cuando compartimos chapuzón en esta playa estupenda, le cuento que América está muy lejos pero allí hablan el mismo idioma, y África está muy cerca, pero hablamos lenguajes diferentes. La distancia, por tanto, no es el olvido. Más lejana le resultó en cierta forma Sevilla, Andalucía en general, a Cernuda que otros ignotos destinos. "El sur es un desierto que llora mientras canta", escribe en un poema. Se llama copla, quejío o tonadilla. Atrás quedaba la biblioteca y este paraíso de Mazagonia, nombre que le pido prestado a mi amigo Luis Clemente, que eligió ese destino para terminar uno de sus estupendos libros.

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