Sevilla

Naves expoliadas: Los ladrones de chatarra saquean los polígonos

  • Seis edificios que acogían a empresas desaparecidas o en concurso han sido saqueados hasta los cimientos en los últimos años.

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En la calle Pino Estrobo, una de las vías del polígono industrial El Pino paralelas a la A-92, hay un solar en el que hace tiempo que no queda ni medio escombro. Hasta 2014, fue la sede de una empresa llamada Llaza. La compañía presentó suspensión de pagos y el edificio quedó abandonado. En cuestión de días, un grupo de personas llegaron y desmontaron la nave. Si no fuera por su apariencia, porque trabajaban sin ningún tipo de medida de seguridad y porque a veces iban con ellos sus mujeres y niños, cualquiera podría pensar que se trataba de unos trabajadores legalmente contratados para el derribo. Nada más lejos de la realidad. Eran unos expoliadores que se llevaron la nave prácticamente entera: las piezas metálicas y la estructura para venderlas como chatarra, los cables para pelarlos y fundir el cobre, y los ladrillos o bloques de hormigón para construir chabolas.

Los primeros días del expolio, se subieron al tejado equipados con radiales y fueron cortando las piezas metálicas. Cuando la estructura estaba ya tan debilitada que corría riesgo de derrumbe, aplicaron un sistema tan primitivo como efectivo para tirar el techo. Utilizaron unos ganchos y unas cuerdas para atar los pilares a sus furgonetas. Con los vehículos en marcha, avanzaron hasta hacer que la estructura cediera y se viniera abajo.

Un trabajo casi perfecto, si no fuera porque es ilegal. En otras ocasiones no salió tan bien. En concreto fue en otra nave del polígono El Pino. Antes de que llegaran con los vehículos a enganchar la estructura, el techo estaba tan debilitado que se derrumbó. Lo hizo sobre un suelo en el que, unos segundos antes, jugaban los niños de los expoliadores. Milagrosamente, nadie resultó herido.

En los últimos cuatro años han sido seis las naves expoliadas en Sevilla. Saqueos y robos ha habido en decenas de edificios ubicados en polígonos, pero expolios desde los cimientos al techo ha habido seis. Cuatro de ellos en el polígono El Pino (tres en la calle Pino Central y uno en Pino Estrobo) y dos en el polígono La Chaparilla. La mayoría de los casos se concentran en el último año y medio. La Asociación de Parques Empresariales de Sevilla (APES) ha detectado estos expolios y los ha denunciado ante las autoridades. Sin embargo, se ha encontrado con una auténtica maraña burocrática a la hora de alertar de cada caso.

"Avisamos a la Policía, que llega, los identifica y los echa. Cuando la Policía se va, vuelven. Como son naves cuyas empresas han desaparecido o entrado en concurso, no sabemos quién es el propietario, de ahí que nadie ponga una denuncia y la Policía no pueda actuar. En una ocasión la Policía Local los echó, pero porque no tenían papeles, no porque estuvieran robando. En otras ocasiones la propiedad ha pasado a ser del banco. Damos parte entonces a Urbanismo, que lo que hace es llamar a los Bomberos para que examinen la estructura y poco más", explica el coordinador de esta asociación, José Manuel Fernández, cuya entidad representa a diez polígonos de la ciudad (El Pino, Chaparrilla, Negrilla, Carretera Amarilla, Calonge, Store, Navisa, Torneo, Parsi y Aeropuerto).

El representante de APES admite que hay una mayor sintonía con el gobierno municipal actual que con el anterior y que se han mantenido varias reuniones con el Cecop, pero el temor a nuevos saqueos sigue existiendo. Sobre todo porque se han producido todos de manera muy similar. Empresas que han cerrado o presentado un concurso de acreedores, que abandonan la nave y, en cuestión de días, aparece una cuadrilla de personas para llevarse el edificio. Los expoliadores suelen ser de nacionalidad rumana y llama la atención lo bien equipados que van. Igual que sorprende que hayan sabido cuándo se quedan vacías las naves.

En el caso de otro edificio situado en la calle Pino Central, antigua sede de la empresa OPT 95, los expoliadores llegaron al día siguiente de que los trabajadores de la empresa se llevaran sus pertenencias y el material y la documentación que quedaba en la nave, ya que la compañía se había mudado a otra zona. "El proceso duró diez días, desde que llegaron hasta que se llevaron todo. ¿Cómo supieron que el edificio estaba vacío?", se pregunta el coordinador de APES. El presidente de la entidad, Antonio López Balbuena, sospecha de que hay alguien que maneja información privilegiada y que se la facilita a los expoliadores, probablemente con el fin de obtener algún beneficio económico, bien con el material de chatarra bien ahorrándose los costes de un derribo legal.

En cualquier caso, los expolios se han convertido en un problema serio de seguridad en los polígonos industriales. Nadie vigila las naves saqueadas y son los propios empresarios los que tienen que asumir esas funciones. "Cuando cortan o sueldan algo, saltan chispas. En el caso de la nave de OPT 95 las chispas provocaron un incendio en una callejuela que separaba la sede de esta empresa de la colindante. "Ardieron por lo menos veinte metros de matorral, aunque el incendio pudo ser sofocado por los trabajadores de la empresa con los extintores. Gracias a que todavía no habían cerrado y estaban ahí, si no podría haber sido mucho más importante. Un incendio en un polígono industrial siempre da mucho miedo, porque en las naves puede haber una gran cantidad de material inflamable", dice Fernández.

Lo dice y mira hacia el otro lado del antiguo solar de OPT 95, donde tiene su sede la empresa farmacéutica Cecofar, que cuenta con un almacén robotizado y unas instalaciones dotadas con una tecnología puntera. Un almacén robotizado amenazado por las chispas de las soldadoras de los rumanos que cortan chatarra en la vieja nave colindante.

Los incendios son un problema todavía más serio si encima el mapa de hidrantes que manejan los Bomberos no coincide con la realidad. Ocurrió también en El Pino, donde ardió una nave de semillas. Cuando llegaron los Bomberos, no había hidrantes donde decía el mapa que la empresa de abastecimiento de aguas (Emasesa) facilita al servicio de extinción de incendios del Ayuntamiento de Sevilla. Obviamente, la nave se quemó entera mientras los Bomberos averiguaban de dónde podían tomar agua para apagarla.

Al final, han tenido que ser los empresarios de los polígonos los que actualicen el mapa de la red de hidrantes. "Y nos encontramos varias sorpresas. En los mapas de Emasesa aparecían hidrantes que en la realidad no había y viceversa, en algunas calles había bocas de riego que no figuraban en ningún sitio". La limpieza es otra asignatura pendiente, un signo más del abandono al que las administraciones someten a los polígonos industriales. En El Pino sigue habiendo calles sin salida y edificios en obras, totalmente parados. Industria no hay. La que queda se va a Alcalá. Sólo el comercio parece reactivar estos recintos.

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