Negocios de siempre con el cine de ahora
calle rioja
Tradición. La productora La Favorita estrena en el festival de cine de Sevilla 'Últimas Unidades', un homenaje a cuatro comercios centenarios del centro de la ciudad
Es como una carrera oficial. Sierpes, Francos, Cuna, Amor de Dios. Con la Campana como eje. Es posible imaginar a Gustavo Adolfo Bécquer pidiendo recado de escribir en la Papelería Ferrer; al cardenal Marcelo Spínola encargar a su secretario que le compre una medalla de la Virgen en la Cordonería Alba; a un amigo de Picasso que lleve a enmarcar en Cuadros Venecia un retrato hecho por el pintor malagueño; o que Jorge Guillén, aprovechando su presencia en Sevilla para homenajear a Góngora con sus compañeros de generación en diciembre de 1927, se pase por la barbería de Antonio Melado, extremeño de Burguillos del Cerro, para cortarse el pelo antes de que la mayoría de aquellos poetas, con la gozosa excepción de Alberti, empezaran a quedarse calvos.
Cuatro negocios centenarios a los que cuatro jóvenes cineastas homenajean en la película Últimas Unidades. Papelería Ferrer es de 1856; Cordonería Alba, de 1904; Cuadros Venecia, de 1913; y la peluquería Melado, de 1927. Fidel Pérez (1977) y Antonio Aparcero (1983) producen la película; Hugo Cabezas (1986) y Alejandro Toro (1986) son sus directores. Cuatro profesionales del cine nacidos entre las primeras elecciones democráticas y la entrada de España en la Unión Europea. 'Últimas unidades' se estrena mañana en el Teatro Alameda.
La globalización ha convertido las ciudades en entes gemelos e insípidos sometidos a una pérdida de personalidad por la abundancia de franquicias. La idea inicial de José Ferrer Poch y Josefa Vidal era viajar de Barcelona a Cádiz para coger un barco y hacer fortuna en América. El barco tardaba seis meses en salir, aprovecharon sus conocimientos en el negocio del papel y se establecieron en 1856 en Sierpes. Allí sigue el apellido, ahora con la séptima generación presente con Lucía Mejías en el documental.
Francisco Alba Galán pone en marcha en 1904 Cordonería Alba. El año que nace la Cruzcampo y James Joyce sitúa el 'Ulises' por las calles de Dublín. Igual que García Tortosa, traductor de la novela del irlandés, dice que ésta sería una guía para reconstruir esa ciudad en caso de terremoto, algo parecido se puede decir de esta película para mostrar el pulso de la ciudad a lo largo del último siglo y medio de historia. Jesús Spínola regenta esta tienda de la calle Francos con una máquina para hacer cordones tan centenaria como su comercio.
Un año antes de que estalle la Primera Guerra Mundial, Emilia Ávila Cereceto funda Cuadros Venecia. Es la tienda de las calles Lagar, puro laberinto cernudiano, y Cuna, donde todos los artistas de la ciudad enmarcan sus cuadros o sugieren que lo hagan a sus clientes. El negocio lo llevan ahora las hermanas Emilia y Teresa Moscoso e Ignacio Mena, esposo de la primera, cuñado de la segunda. Manuel Melado (Sevilla, 1940), barbero, hijo y padre de barberos, les regala a los jóvenes de La Favorita, nombre de la productora, la frase con la que abren su película: "Si no sabes sonreír, no abras una tienda". Saben que además de risas y sonrisas hay muchas lágrimas, muchos sudores. "Los negocios que tienen más de un siglo los estamos luchando con la vida", dice una de las hermanas Moscoso.
Lástima que no hayan podido incluir al cine Cervantes, que data de 1873, en la misma calle Amor de Dios donde tiene Melado su barbería, y que ha tirado la toalla en puertas de su siglo y medio de historia. Una película (inédita) del cine Cervantes. Con música de Pablo Cervantes, eligieron un marco muy especial para reunirlos. "Podíamos haberlo hecho en un plató o en plena calle…". Eligieron otro lugar centenario, Las Teresas, hoy casa Plácido. Un bar del barrio de Santa Cruz que se funda en 1870, el año que muere Bécquer, y refunda en 1939 Plácido Sánchez Muñoz, salmantino de Guijo de Ávila. "Me imagino el centro de la ciudad dentro de 30 años mucho más vulgar", dice Jesús Spínola, y desgraciadamente no hay que echarle mucha imaginación.
Fidel Pérez debe su vocación cinematográfica a que en su casa no había televisor, sustituido por un proyector de cine de su padre, "un poco Cinema Paradiso"; Aparcero, a su afición muy precoz a videos y ordenadores; Alejandro Toro la descubrió en los cortos que con los amigos rodaba en la casa de su abuelo; y Hugo Cabezas, en su incipiente despertar con la fotografía, punto de partida de "largometrajes, le dábamos ese nombre porque duraban muchísimo". Hugo y Alejandro hicieron una película sobre Carolina Marín. "Mientras la editábamos montamos una pista de bádminton". La Sevilla de siempre con la mirada de ahora. "Hemos pasado de dejar fiado el bocadillo en la tienda a pagar con el reloj en el supermercado", dice Fidel, que tiene en su currículum haber trabajado con Ridley Scott, George Lucas y Pedro Almodóvar.
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