Calle Rioja

De Ojos Verdes a Perfidia

  • Oficio. En un acto multitudinario pero cargado de íntimas emociones, Marina Bernal presentó su libro ‘Anónimos Infinitos’ con propinas de flamenco y de la tuna universitaria

De izquierda a derecha, María Jesús Pereira, Francisco Correal, Pepe da Rosa, Marina Bernal e Isabel Fayos

De izquierda a derecha, María Jesús Pereira, Francisco Correal, Pepe da Rosa, Marina Bernal e Isabel Fayos / Juan Carlos Muñoz

POR exigencia del guión, hubo que abandonar el anonimato del título del libro de Marina Bernal Guerrero, Anónimos Infinitos (Sevilla Press), para glosar sus virtudes en un acto rebosante de público, de cariño, de anónimos casi infinitos. Pepe da Rosa hizo de maestro de ceremonias en el teatro de la Fundación Cajasol; tres de los prologuistas la acompañamos en el escenario: Isabel Fayos, que puso el epílogo de una de sus canciones, María Jesús Pereira y quien suscribe. La Marina nos llama. En realidad primero nos llamó Miguel Gallardo, el editor, principal muñidor de este acto, que nos convirtió en compinches anónimos –Marina nunca lo supo hasta que el sueño se hizo papel– de un regalo de Reyes que se presentó ayer, a dos meses del 14 de abril, que como todos saben, y Pedro Sánchez el primero, cae en Domingo de Ramos.

El libro lleva el subtítulo de Microrrelatos de la vida. En el día de San Valentín, con Valentín García, protagonista del relato La radio y tú, en el gallinero, junto a Salomón Hachuel y Raquel Revuelta, con las bodas de plata de su apuesta con la Moda Flamenca, el libro es una declaración de amor a la vida, al periodismo y a Sevilla. En una ciudad donde en primavera el tiempo vuela. Hace justamente un año, el 14 de febrero de 2018 era Miércoles de Ceniza. Este año viene más despacio, pero imparable. La Semana Santa con su penitencia es la quintaesencia del anonimato. Una fiesta en la que el editor es cicerone y además participante, como hermano de la Soledad de San Lorenzo con la que salen todos sus hermanos. En primera fila, estaba José Joaquín Gallardo, decano saliente del Colegio de Abogados, de Chicarreros a Chapineros; en uno de los palcos, Paco Gallardo, el médico y novelista, otro de los prologuistas.

Un acto multitudinario y cargado de íntimas emociones. Como cuando la autora señaló, también en primera fila, a Carmen Guerrero, su tía, hermana de su madre, de la dueña de los Ojos Verdes con los que titula uno de sus relatos más emotivos. Su tía Carmen le inculcó el veneno del periodismo, que bien llevado no conoce ni necesita antídotos. Pasó por el Centro de Nuevas Profesiones donde ejerció su magisterio Julio Manuel de la Rosa.

Un día le faltó su padre, el protagonista del relato Faro, hermosísimo, armadura contra los edipos, y Marina decidió emprender un viaje iniciático con su madre hasta Fuenterrabía. Una querencia de familia, un relato de Manuel Halcón en la geografía de Pío Baroja. Hubo música en el escenario. La voz de Eva Mengíbar acompañada por la guitarra de Juan María Real hicieron versiones de José Luis Perales, el que fue remero en la plaza de España, y de Lole y Manuel. Todo es de color en el libro de Marina.

La presentación terminó como los Goya. Con la presencia de media docena de tunos de Económicas, Medicina y Agrónomos. El trivium de la rondalla. Interpretaron temas como Perfidia, Mar y cielo o Adelita que hicieron las delicias del respetable, que diría un clásico. Música de chachachá o bolero con títulos como los microrrelatos de Marina Bernal.

“Cuando me siento perdida busco tu luz”. Así empieza el relato Faro, que dedica a su padre. Faro como el de Chipiona que alumbra sus cuadernos de bitácora; como el Faro de Ceuta o el Faro de Vigo, nombres de periódicos, el segundo llegó a ser dirigido nada menos que por Álvaro Cunqueiro. Sostiene Pereira (María Jesús, que ha leído varias veces la novela de Antonio Tabucci) que Marina Bernal (Sevilla, 1968) es periodista desde que pone los pies en el suelo hasta que se acuesta. Le abren todas las puertas por su bonhomía, con una sonrisa que tiene alma de Pulitzer. Le duele el abandono de los niños y el desvalimiento de los mayores sin consuelo. Une vida y belleza como en la película de Frank Capra. Uno de sus relatos se titula Rafa Serna, el poeta de Sevilla, aplaudido en su lucha contra la prosa más puñetera.

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