El azulejo de Santa Rita del convento de San Leandro pierde varias piezas
El suceso vuelve a encender la alarma sobre el penoso estado de conservación de la fachada y del conjunto del monasterio
El estado de conservación de la fachada del convento de San Leandro se agrava, con el consiguiente peligro. El último episodio ocurrió en la noche del jueves, cuando se desprendieron seis piezas del azulejo de Santa Rita de Casia situado en el frente que da a la plaza de San Leandro, una meritoria pieza realizada, en torno a la década de los 50, por la fábrica trianera de Cerámica Santa Ana. El calor ha sido la causa que, presumiblemente, ha ocasionado esta caída que ha puesto de manifiesto que el cenobio necesita de una rehabilitación urgente para garantizar su supervivencia, más después de las últimas actuaciones que han acelerado su deterioro.
El retablo cerámico se encuentra desde hace varios meses cubierto por una lámina plástica para evitar que se caiga por completo. Fueron técnicos de Urbanismo los que realizaron esta actuación, como explica Salvador Guijo, persona de confianza de la comunidad: "Urbanismo vino hace unos ocho meses para realizar varias intervenciones de urgencia. Pusieron de manera preventiva un plástico en una de las ventanas de la iglesia porque se había caído la vidriera. Hicieron los mismo con el azulejo. Pensamos que con el calor que ha hecho estos días se ha abombado y por eso se ha desprendido".
Los técnicos de Urbanismo también retiraron la chapa metálica de las protecciones que evitan que los desprendimientos de la parte alta de la fachada lleguen a la calle. El objetivo era el de aliviar el peso, pero los efectos han sido más nocivos: "Clavaron las picas en la pared de arenisca y sólo dejaron la malla. El agua ha entrado y las paredes se han reblandecido. Son actuaciones que se hacen con toda la buena intención pero sin el efecto deseado".
Pero la principal afección que sufre San Leandro viene de atrás y de otra actuación equivocada. En las obras que la gerencia hizo entre los años 1992 y 1994 colocaron una viga de hierro en la iglesia que ha hecho que, con el tiempo, los muros laterales se abran perdieron su función: "Ya no tienen la fuerza de antes y se están inclinando hacia afuera. Se está agrietando todo el centro del edificio".
La inversión que habría que acometer para salvar el edificio es muy grande. La fachada está muy afectada y alguna de sus zonas, como la mansarda, está a punto de desplomarse. Las grietas que recorren el convento cada vez son más grandes: "Desde Urbanismo nos dijeron que le iban a meter mano ya. La obra de la fachada estaba presupuestada en 116.000 euros, pero es mucho más, y con una inversión mayor, lo que hay que hacer".
Mientras la gran rehabilitación llega, son muchas las pequeñas actuaciones que se pueden llevar a cabo gracias a la generosidad y colaboración de muchas personas. La próxima semana comenzará la restauración de la tabla del círculo de Alejo Fernández gracias a la iniciativa del catedrático de Arte Enrique Valdivieso.
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