carmen espejo cala. PROFESORA DE LA FACULTAD DE COMUNICACIÓN DE LA UNIVERSIDAD DE SEVILLA

"Sevilla perteneció a la red de ciudades europeas donde nació el periodismo"

  • Junto a su equipo de investigación está deshaciendo muchos tópicos sobre el nacimiento y la historia del periodismo, actividad que tuvo sus orígenes en las barrocas 'relaciones de sucesos'.

Carmen Espejo, en su despacho de la Facultad de Comunicación de la Hispalense. Carmen Espejo, en su despacho de la Facultad de Comunicación de la Hispalense.

Carmen Espejo, en su despacho de la Facultad de Comunicación de la Hispalense. / fotos: belén vargas

Carmen Espejo (Dos Hermanas, 1965) y su grupo de investigación 'Historia del Periodismo y las Lecturas Populares en Andalucía' lleva años intentando deshacer lugares comunes y tópicos sobre la materia. Licenciada y doctorada por la Facultad de Filología de la Universidad de Sevilla, llegó al mundo del periodismo gracias a su tesis sobre Antonio di Benedetto, un periodista y escritor argentino que sufrió la represión de la dictadura militar. "A partir de ahí me empecé a interesar por el ámbito de la literatura de no-ficción, del periodismo y, poco a poco, fui llegando a una visión de la literatura más sociológica que estética", asegura. Prueba de este interés es su amplia obra de investigación, con libros como 'La aparición del periodismo en Europa. Comunicación y propaganda en el Barroco', 'Historia de la Comunicación Escrita (de la Prehistoria a la Irrupción de la Imprenta)', o 'Relaciones de sucesos en la Biblioteca de la Universidad de Sevilla', entre otros.

-Los profanos en la materia solemos ubicar el origen del periodismo en el gozne entre el siglo XVIII y XIX, con la Revolución Francesa y los inicios del siglo XIX. Sin embargo, sus investigaciones demuestran que el periodismo nació en el Barroco.

-Una de mis ambiciones y la de mi grupo de investigación es derribar apriorismos como el que usted acaba de comentar, ese que afirma que la prensa nació ilustrada y burguesa. Ese equívoco nace de que, quizás, indentificamos la prensa con un producto serio y de calidad, sin darnos cuenta de que hay otro fenómeno más masivo y rentable: la prensa popular. Sin embargo, cuando uno investiga los orígenes de la prensa cae en la cuenta de que nació popular y que sólo después se convirtió en prensa culta e ilustrada.

-¿Cómo nació la prensa?

-Como un producto dirigido a una población masiva y no necesariamente alfabetizada, ya que estaba destinado a leerse en voz alta y tenía ilustraciones para su mejor comprensión.

-Vamos, que el origen de la prensa es modesto y popular.

-Cuando empiezo el curso, para descolocar a mis alumnos, analizo una relación de sucesos -uno de los primeros productos periodísticos que existieron- que se publicó en Granada y en Sevilla en el siglo XVII y que cuenta la historia de una monja transexual que, descargando sacos en un convento de Úbeda, "le salió naturaleza de hombre", es decir que le salieron los genitales. La noticia es real, aunque quizás un poco exagerada, y rompe muchos esquemas, porque habla muy claramente. Al final cuenta que el padre fue a sacar a la monja del convento y que ambos marcharon "muy contentos", porque "después de 12 años de cautiverio sabe muy bien la libertad". Eso es romper por completo los esquemas preconcebidos sobre el Barroco, durante el que pensamos que la Contrarreforma llegó a dominar la mentalidad popular también. Parece que el pueblo llano se reservó un resquicio de libertad intelectual.

-¿Cómo eran estas 'relaciones de sucesos'?

-Era un producto lo más barato posible, que no costaba más de un maravedí. Solía ser un pliego doblado por la mitad impreso con tipos móviles y grabados reciclados de otros libros ya editados. Lógicamente, tenían poco calidad.

-¿Y existían cabeceras como hoy en día?

-No, el título de la relación de sucesos hacía mención a la noticia que se relataba. Las cabeceras aparecerán más adelante, a finales del XVII, con las gacetas. La cabecera nació vinculada a la prensa de Estado, a la oficial.

-Ahora hablaremos de ese tema, pero sigamos con las 'relaciones de sucesos'. ¿Había impresores especializados en este tipo de productos?

-No. Los impresores hacían y vendían todo lo que podían: un libro, una pragmática, una bula o una relación de sucesos. En el caso de Sevilla, que durante el Siglo de Oro fue la ciudad con más imprentas de España, se observa una especialización en este tipo de prensa popular.

-¿Por qué?

-Porque, gracias a su puerto, Sevilla estaba muy bien conectada con otras ciudades europeas donde también se imprimían este tipo de productos. No es un rasgo de retraso cultural, sino todo lo contrario. Sevilla era mucho más europea entonces que la mayoría de las ciudades españolas.

-Como antes insinuaba, estas relaciones no eran tanto para ser leídas como para ser escuchadas, algo lógico en unos momentos en los que había tantísimos analfabetos.

-Exacto, el periodismo nace vinculado a los espacios donde se comparte la información. Eso ocurre actualmente también. Como usted bien sabe el periódico no acaba cuando alguien lo lee, sino cuando se comenta en el bar. El impacto de la información es mayor al número de lectores que tiene un periódico.

-Me estoy acordando del escritor Luis Landero, que contaba cómo cuando era niño en su Albuquerque natal leía el periódico a un corro de analfabetos que lo escuchaban con veneración.

-Todavía en el siglo XX, en Sevilla, había algunos cafés que anunciaban la lectura en voz alta del periódico en determinados horarios.

-En la difusión de las noticias también tuvieron importancia los romances de ciego.

-Los ciegos estaban muy bien organizados y tenían un poder importante, como ahora con la ONCE. Las hermandades de ciegos de las ciudades estaban protegidas por el Estado. Por cierto, que también acogían a personas con otras discapacidades, y por eso se llamaban hermandades de ciegos y vistosos. Estaban muy bien organizados y durante una época tenían prácticamente el monopolio de la venta ambulante de la relaciones de sucesos y de las gazetas. En el siglo XVIII empezaron a ser autores e impresores. En España, hasta los años treinta del siglo XX, hubo romances de ciegos. En Brasil, en los mercados populares, todavía existen.

-Solían tratar de noticias luctuosas, ¿no?

-Sí, eran la crónica negra del momento. También tocaban las catástrofes naturales y las apariciones celestes. En el siglo XIX se produjo un auge de los romances que trataban crímenes vinculados a las relaciones amorosas. Pero también había materiales que tocaban asuntos serios, como batallas, política, diplomacia.

-¿Y qué eran las 'gazetas'?

-A mediados del siglo XVII empezaron a organizarse estos temas serios en productos con una periodicidad mensual o semanal que tenían detrás, de manera encubierta o abierta, al Estado. Es un gran cambio en la historia del periodismo, porque se pasa de un mercado en el que la oferta iba en función de la demanda a otro en que priman los intereses de algunas instituciones o particulares. De alguna manera, el Estado secuestra el periodismo y organiza el mercado con productos de mayor calidad y periodicidad, escritos ya con un discurso periodístico, exentos de retórica.

-¿A qué nos referimos cuando decimos Estado, a la Corona, a los cabildos...?

-A todas estas instituciones. Generalmente, las gazetas nacían a instancias de alguien de la corte, del monarca o de alguien cercano. En el caso de España, fue el hermanastro de Carlos II, Juan José de Austria, el que impulsó La Gazeta Nueva.

-¿Fue la primera que hubo en España?

-Eso es lo que han mantenido algunos. Sin embargo, mi grupo de investigación lleva años observando cómo en la periferia de la Corona de Castilla surgieron una serie de gazetas que no dependían directamente del Rey, aunque estaban escritas a mayor gloria de éste, y que se producen durante toda la primera mitad del siglo XVII, antes que en Madrid.

-¿Dónde?

-Sevilla, Valencia y Barcelona. Evidentemente pesó mucho la condición portuaria de estas ciudades.

-Es decir, que la ciudad de Sevilla está en los orígenes del periodismo español.

-Sí. En 1618 existe aquí la Gazeta Romana. Se llamaba así porque Roma era en aquellos momentos el principal foco de información, como Nueva York ahora mismo. Sevilla perteneció a la red de ciudades europeas donde nació el periodismo como fenómeno urbano que se desarrolla en un mercado competitivo.

-Otro producto informativo del Antiguo Régimen eran las 'cartas de aviso'. Todavía algunos periódicos, como el 'Diario de Avisos', de Tenerife, guardan algunas reminiscencias de aquel tiempo.

-El antecedente de la palabra noticia es aviso. Desde el siglo XIV, cualquier institución que se preciase tenía como práctica habitual y reglada el que todos sus miembros se intercambiasen avisos referidos a la propia actividad de la institución o avisos generales sobre acontecimientos de la actualidad, lo cual produjo una Europa perfectamente informada. Lo que pasaba en Sevilla a los quince días se sabía en Viena.

-A finales del XVII y principios del XIX el periodismo dio un salto evolutivo muy vinculado a la Revolución Francesa.

-Al liberalismo en general. Es el momento en el que los periódicos dejan de venderse por las noticias que contienen para hacerlo por la autoridad de quiénes los escriben. Es decir, que se pasa a un periodismo de opinión que ayudó a sedimentar el liberalismo en España. De nuevo Sevilla y, sobre todo, Cádiz, fueron ciudades en las que floreció el periodismo. En el caso de Cádiz, en la época de las Cortes, hay meses donde se llegaron a producir cien periódicos, algunos con una vida muy corta. En aquel entonces se hablaba de la diarrea de las imprentas. Fueron cabeceras muy plurales que defendieron desde las posiciones más conservadoras hasta las más jacobinas.

-¿Y en esa selva de publicaciones hubo alguna que destacó?

-Sí, El conciso, que fue reeditado por el Diario de Cádiz con el Bicentenario. Fue uno de los periódicos más importantes. Otros fueron El semanario patriótico o El Robespierre español.

-Ya más entrado el siglo XIX, el periodismo romántico evoluciona claramente hacia la política y la literatura. Es el momento de Larra, de Bécquer...

-Hay un momento de la historia del periodismo en el que ser periodista es ser político y viceversa. Cada político, independientemente de su orientación conservadora o liberal, va a tener su periodiquito. Incluso hay algunos historiadores que defienden que son los periódicos los que generan la existencia de uno u otro partido político. Desaparece el discurso periodístico conciso que se había ido creando en tiempos anteriores para dar paso a una escritura similar a la retórica parlamentaria. Se escribe como se declama en las Cortes.

-Los periódicos también empiezan a ser lugares en los que hacer carrera literaria.

-Claro, aquellos que tenían dinero para tener su periódico sin necesidad de escribirlo empiezan a contratar a escritores e ilustradores que ya pueden vivir del periodismo. Antes del XIX los periódicos son empresas personales, sin asalariados.

-¿Cuándo empieza en España a ser el periodismo un negocio, con editores en los que priman los intereses empresariales sobre los políticos?

-En este aspecto, en España hubo un cierto desfase con respecto al resto de Europa. El primer periódico que inaugura el modelo de prensa de negocio es The Times, de Londres, que aparece en 1785. En nuestro país, sin embargo, este tipo de periódicos no aparece hasta finales del siglo XIX.

-Demos un salto. Siempre se dice que la verdad es la primera víctima de la guerra. La Guerra Civil española no fue una excepción. Usted ha estudiado el periodismo en ese conflicto. ¿Cómo fue?

-Imagínese. La guerra no sólo supuso cierre de cabeceras y la represión de periodistas, que fueron víctimas frecuentes en los dos bandos, sino también una tremenda carestía de las materias primas del periodismo, como el papel. Fue un trabajo que se hizo con unas condiciones materiales mínimas.

-Hubo periodistas que intentaron hacer un trabajo relativamente independiente, como Chaves Nogales.

-Sí, pero siempre tenemos que recurrir al mismo ejemplo, porque no hubo muchos más. Es evidente que las circunstancias apenas dejaban un margen. El periodista tenía que alinearse, le iba la vida en ello.

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