"En Suecia es un escándalo dejar a tu hijo de cuatro meses en una guardería"

Los invisibles

Cambió Sevilla por Estocolmo y los estudios de Económicas por Enfermería. En Suecia estudió en el hospital que da los premios Nobel de Medicina y allí nacieron sus dos hijas

Rocío Leal, en una mesa de la cafetería Ochoa.
Rocío Leal, en una mesa de la cafetería Ochoa.

16 de octubre 2010 - 05:03

CRECIÓ en Juan XXIII, su madre tuvo una mercería en el Cerro del Águila, estudió en el Porvenir. Pero las dos hijas de Rocío Leal (Sevilla, 1974) hablan sueco.

-¿Por qué se fue a Suecia?

-En realidad, porque en Sevilla conocí a un sueco.

-¿Se la llevó a su país?

-Al contrario. Yo soy la que da el paso para irnos a Suecia. Él llevaba cinco años viviendo en España. Tenía una minusvalía visual que nunca le había producido problemas en su país ni en Alemania, Francia o Chile. Era economista, trabajó en una sucursal de la Caixa en Marbella y de gerente en una empresa en Toledo. Nunca le hacían fijo, no le decían el porqué.

-¿Y usted se rebela?

-Yo estaba de comercial en San Pablo Motor, de BMW. Un trabajo muy duro. No había vida ni posibilidades de hacer una familia.

-¿Qué solución adopta?

-Nos casamos en 2001. Le digo a mi marido: "Te vas a Suecia, consigues un trabajo y cuando lo tengas me llamas". A las dos semanas me llamó de su ciudad natal, en Oskarshamu, en la costa báltica.

-¿Le costó dar el paso?

-Soy la pequeña de tres hermanos, la única que vivía en casa. Llegué a Suecia, estuve cinco meses dando sueco intensivo. Clases gratuitas para todos los extranjeros con permiso de residencia. Hice la prueba de acceso a la Universidad y entré en el Karolinska Institut, el que da los Nobel de Medicina. De allí salí enfermera de la Cruz Roja. Nacieron mis hijas y busqué un hospital más cercano.

-¿Niñas suecas o sevillanas?

-Son suecas, pero siempre les enseño fotos de Sevilla. Pongo mucho flamenco en casa, más que el que yo misma escucharía. Y las siento para que vean corridas de toros. Si se enterasen se escandalizarían. Veíamos corridas por el canal internacional de TVE hasta que las quitaron.

-¿Cómo lleva la nostalgia?

-Lo lleva peor mi marido. Siempre sueña con volver. En sus planes está volver un día a España. Yo soy la sosa que lo frena.

-¿Se rehabilitó en el trabajo?

-Está haciendo el doctorado en Económicas, con una tesis doctoral sobre diferencias de género a la hora de tomar decisiones y actitudes de riesgo. Los tópicos se confirman. La mujer es más calculadora, se arriesga menos.

-En su caso, la arriesgada fue usted al decidir irse a Suecia...

-Lo arriesgado habría sido quedarse aquí. Yo aposté por lo seguro. Aunque creo que aquí empieza a cambiar la mentalidad, me angustiaba formar una familia teniendo que dejar a mis hijas en una guardería o con la abuela, o que alguien con una minusvalía no pueda aspirar a un trabajo normal. Él tenía ganas de luchar y no vivir del subsidio. Me fui muy dolida. En Suecia me abrieron todas las puertas.

-Igual algún día se cruzó por una calle de Estocolmo con Stieg Larsson, el autor de Millenium.

-O en el metro. Allí es muy normal ver a un ministro en el metro. Es un país muy libre, de tradición socialista. A la gente no le gusta destacar ni parecer superior.

-¿Qué echa de menos?

-El calor de la gente. Aquí aunque no te conozcan te sonríen o hablan contigo. En Suecia, si no hay alguna finalidad en la conversación, es una pérdida de tiempo.

-¿Cómo es el modelo sueco?

-Allí es normal, antes de empezar una carrera o un oficio, tener un trabajito, ahorrar dinero y ver mundo. Si tiene 18 años y sigue con sus padres, el padre se preocupa y el hijo se averguenza. La movilidad geográfica tiene el inconveniente de que los mayores no viven con sus hijos; viven solos hasta que no pueden más. Trabajo de enfermera de noche en geriatría y oncología del hospital de Sabbatsber, uno de los más antiguos de Estocolmo.

-¿De qué tiene más discos, de Abba o de sevillanas?

-Están empatadas, pero mis hijas se saben más canciones de Abba.

-Dos de los 27 países de la UE, pero bien distinto...

-Dejar a tu hijo de cuatro meses en la guardería, en la cultura sueca, me parece un escándalo. No tiene sentido, no le veo el beneficio. Allí la baja maternal es de año y medio. Y la paternal. En los parques hay más papás que mamás.

-¿Ha encontrado a las suecas de las películas de Landa?

-Tengo más grabado el recuerdo de hombres que parecía que no habían visto una mujer en su vida. La sueca es liberal. Es normal que sea ella la que intenta ligar. Al llegar, pensaba: no me mira nadie. Embarazada de siete meses, fui a Ikea con una amiga argentina con un bebé de cuatro meses. Íbamos a meter las cajas en el coche. No te ayudan por no ofenderte.

-¿Le inculca a sus hijas las tradiciones de su ciudad natal?

-A la mayor le puse un vídeo de Semana Santa y empezó a hacer una procesión con dinosaurios y una Barbie vestida de Virgen.

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