Taxi: 20 años en guerra

El gremio ha protagonizado un rosario de incidentes, huelgas, agresiones y amenazas en las últimas dos décadas en Sevilla

Fernando Pérez Ávila

19 de febrero 2017 - 06:15

El sector del taxi de Sevilla lleva dos décadas en pie de guerra, con continuas protestas, huelgas salvajes, peleas y sabotajes entre taxistas y ataques contra el autobús, los vehículos de alquiler con conductor o cualquier medio de transporte que amenace el monopolio que un grupo de taxistas ostenta en la parada del aeropuerto de San Pablo desde hace quince años. Los taxistas han colapsado la ciudad en varias ocasiones desde principios de siglo, y por distintos motivos, algunos de los más peregrinos, como la subida del precio de los carburantes o la peatonalización de la Avenida de la Constitución. En muchas de las fotografías de estas huelgas, batallas e incidentes sucedidos desde el año 2000 aparecen casi siempre los mismos protagonistas. Ningún gobierno local, y han pasado ya cinco desde entonces, ha obtenido una paz duradera en el sector.

El actual, que preside Juan Espadas, tiene ante sí el reto de garantizar la seguridad y el derecho a ejercer su actividad libremente de las empresas de movilidad conectada que han llegado a la ciudad recientemente. Cabify opera desde septiembre de 2016 y tarde o temprano llegará Uber y quizás surjan otras plataformas similares. Pero en el año 1999 no había ninguna de ellas y los taxistas amenazaron continuamente al Ayuntamiento con iniciar una huelga durante el Campeonato del Mundo de atletismo. Entonces acusaban de competencia desleal a Tussam. La organización del Mundial se vio obligada a reforzar la flota de vehículos oficiales, lo que terminó acarreando un perjuicio al taxi.

Al año siguiente, los taxistas colapsaron la ciudad con una huelga en protesta por la subida del precio del combustible. En 2001 atacaron a pedradas el autobús del aeropuerto. Esta táctica ha sido constante por parte de un grupo de taxistas, hasta que forzaron al Ayuntamiento a subir el precio del billete a los cuatro euros. Aquel mismo 2001 hubo otra huelga en el aeropuerto, donde el entonces delegado de Tráfico, Blas Ballesteros, implantó por poco tiempo el turno rotatorio de taxis para tratar de acabar con el monopolio de una parte del sector. Ya por entonces se lanzaban huevos entre taxistas en la terminal de San Pablo. El 30 de marzo, un cámara de Canal Sur que cubría las protestas fue atropellado por uno de los taxistas, que también causó heridas a un policía local. El 28 de abril, Blas Ballesteros intentó mediar en el conflicto y tuvo que salir escoltado por la Policía. Ocho años después, Ballesteros seguiría sufriendo amenazas. “El taxi no olvida”, le pintaron en la fachada del Consulado de Brasil en el año 2009.

Tampoco existían las licencias VTC (vehículos de alquiler con conductor) en el año 2002. El 12 de julio, un grupo de taxistas del aeropuerto propina una paliza al entonces presidente de la UniónSevillana del Taxi, José Padilla, a quien le abren la cabeza. En septiembre de 2003 vuelven los enfrentamientos a San Pablo. Dos taxistas del aeropuerto agreden a puñetazos a un compañero en la parada de la terminal. Al día siguiente, los taxistas colapsan la ciudad e insultan y abuchean al alcalde, Alfredo Sánchez Monteseirín. Luego harían una concentración en la puerta de su casa y otra en la del delegado de Consumo, José Antonio García.

En agosto de 2004 es asesinado un taxista por dos delincuentes y el gremio convoca una marcha de protesta que termina en un intento de asalto al Ayuntamiento de Sevilla. Los taxistas, que exigían al Consistorio que les pagase las mamparas de seguridad de sus coches, lanzan cuernos de toro contra la casa consistorial. Destrozan los cristales y un fotógrafo de prensa resulta herido en la cabeza. Unos días después bloquean los accesos al aeropuerto argumentando que hay vehículos privados aparcados en sus paradas.

Este tipo de huelgas salvajes, sin convocar previamente y sin servicios mínimos, se repetirán varias veces a lo largo de los años siguientes. Casi siempre el aeropuerto es el principal foco de problemas pero también hay brotes en Santa Justa. Las imágenes de viajeros tratando de llegar andando a la ciudad o de personas esperando colas kilométricas para tratar de subirse al autobús se repiten varias veces a finales de la década pasada.

Las amenazas y sabotajes entre taxistas son frecuentes. Los profesionales que acuden a realizar servicios concertados se encuentran habitualmente las ruedas pinchadas y en ocasiones sufren ataques con huevos, piedras y decapantes. La misma violencia reciben los conductores de los vehículos de alquiler con conductor.

En la última semana, tras la reunión del 10 de febrero en el Ayuntamiento, reina la calma. Una nueva tregua en una guerra que dura ya casi veinte años. Eso sí, en el aeropuerto siguen los mismos. Y en la ciudad también, aunque éstos llevan ruedas nuevas.

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