"Va a ser más fácil subir en silla de ruedas a la Torre Pelli que a la Giralda"

Los invisibles · María José Flujas Leal

El lenguaje y los símbolos, lo cortés y lo valiente. Los discapacitados la capacitaron para adentrarse en un mundo donde los límites son arbitrarios. De la filosofìa del protocolo ha pasado a un manual de uso.

María José Flujas, en su despacho de la delegación de la ONCE en Resolana.
María José Flujas, en su despacho de la delegación de la ONCE en Resolana.
Francisco Correal

23 de junio 2012 - 05:03

EL lunes presenta el cupón conmemorativo de los veinte años de Expo 92. En 1986, María José Flujas (almería, 1965) aprobó las oposiciones en la Once. Es autora de un libro sobre protocolo accesible.

-¿Cuál fue su primer destino?

-Huércal-Overa, entre Almería y Murcia. Allí me hice cargo de 59 vendedores de cupones.

-¿Cuándo da el salto?

-Volví a Almería y en 1991 me ofrecieron irme a Madrid con el director general adjunto. Hasta 2001, en que vuelvo a Sevilla.

-¿Sevilla está tan lejos de Almería como Madrid?

-No. Puede ser psicológico, pero por el hecho de estar en Andalucía las distancias se acortan.

-¿Cómo entra en el protocolo?

-Mi trabajo era organizar actos. Necesitaba una formación más específica y lo único que sabía era cómo ponerse un pañuelo o coger un cubierto. Entré en el grupo de empresas de la ONCE, que tenía una cadena de hoteles, Comfortel. En uno de ellos, el Isla Bonita, en Venezuela, organizamos una cumbre de jefes de Estado.

-Buenas prácticas...

-A la Isla Margarita fue el rey Juan Carlos. En Venezuela traté con la gente de seguridad de Fidel Castro. El presidente Aznar modificó el programa porque coincidió con las inundaciones de Badajoz.

-¿Cómo vivió la Expo?

-El pabellón de la ONCE fue un éxito abrumador. El circuito de movilidad, las demostraciones con el antifaz y el bastón. Las personas con alguna discapacidad entraban por la puerta Vip. No hacían las famosas colas.

-En su libro sobre protocolo accesible dice que hay más solicitudes que perros-guía...

-Surgen para personas que quedaron ciegas en la Primera Guerra Mundial. Tenemos una escuela de perros-guía con nuestra camada. Los dejamos un año en una familia para que se adapten al tamaño y carácter de la persona.

-¿Ha leído 'Informe sobre Ciegos', de Sábato?

-No, pero me lo apunto...

-Sus recomendaciones parecen un manual de literatura: frases cortas y sencillas, no abusar del aquí o el allí por imprecisos...

-Puede que no vean o tengan problemas para andar, pero a mí me superan en muchas cosas. A mi ex jefe, que con siete años quedó ciego total, le llamo con frecuencia para que me oriente porque me pierdo cuando voy conduciendo.

-Miguel Durán fue pregonero del Carnaval de Cádiz...

-Un signo de normalidad. Antes estas personas se retraían, las familias no tenían recursos, los trataban entre algodones. Hoy son mucho más libres porque tienen un trabajo. Pueden tomar sus decisiones, ir al cine o de compras.

-¿Ya no es exclusivo de 'artistas' como Stevie Wonder o Tete Montoliu?

-Cuando defendí mi tesina, la ilustré con una foto de Juan Pablo II en silla de ruedas. No hay nada más rígido que el protocolo eclesiástico, con sus ritos y ceremonias ancestrales, pero lo adaptaron para que el Papa estuviera en el altar y saludar a los fieles.

-¿Los ciegos y sordos son adorablemente poco protocolarios?

-Tenemos la idea de que el protocolo es lejanía. Es lo contrario.

-¿Los políticos lo normalizan o lo estigmatizan?

-Yo destacaría a Micaela Navarro, porque la Consejería de Igualdad lo llevaba en el ADN. Zoido es un político que se acerca mucho a la gente. A las personas ciegas, en silla de ruedas, se preocupa de dejar espacio libre en los pasillos. El mundo empresarial está descubriendo el protocolo accesible. Son mercado, son público. Si en una junta de accionistas no le facilitas el acceso a una persona discapacitada, se llevará el dinero a otro lugar.

-¿Y los capacitados?

-A veces los ven con miedo, se sienten mal porque le han dicho hasta la vista a un ciego. Cuando aprobé las oposiciones, en mi primera entrevista de trabajo con un jefe que era ciego, me quedé de pie cinco minutos y él me dijo: "María José, siéntate".

-¿Hay deformación profesional?

-Cuando llego a un sitio con amigos normales, entre comillas, les leo la carta, les cojo del brazo por la calle. Me da mucha rabia cuando vamos a un restaurante con alguien ciego y el camarero nos dice: "¿Y al señor qué le pido?".Pues pregúntele a él. Soy muy poco diplomática. No ve, pero no perdió criterio ni dignidad ni gusto.

-¿Alguna asignatura pendiente en accesibilidad?

-Se hacen muchas cosas, hay muchas normativas. Echo en falta accesos en el patrimonio, el disfrute en igualdad de edificios históricos. Poner una rampa o un montacargas rompería la estética, pero hay que echarle imaginación.

-¿Será más fácil subir a la Torre Pelli en silla de ruedas que a la Giralda?

-Eso está claro. Tendrá todas las medidas de accesibilidad.

-¿Le han tocado los cupones?

-¡Qué va! Yo soy la encargada de felicitar a los vendedores que dan premios en Andalucía.

-¿Le costó aprender el braille?

-Cuando me examiné para profesora de la ONCE, lo más difícil fue aprender a hacer ecuaciones en braille. Ahora quiero aprender la lengua de signos.

-Los futbolistas y los políticos se tapan la boca para que no les lean los labios...

-Cada vez hay más gente que sabe leer en los labios.

-¿Se ha avanzado mucho?

-Entre 1984 y 1986, entró la mitad de la plantilla en la ONCE. Se hizo una campaña en hospitales para que nos avisaran de niños recién nacidos con alguna discapacidad. Había gente que los encerraba en habitaciones, niños que llevaban doce años encerrados en sus casas porque no veían.

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