Cambio horario Verano todo el año en Sevilla

  • Los empresarios sevillanos apuestan por mantener un único horario, mientras que el sector hostelero aboga por que se implante para siempre el estival

Los sevillanos cambian la hora en primavera y otoño. Los sevillanos cambian la hora en primavera y otoño.

Los sevillanos cambian la hora en primavera y otoño. / D. S.

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El debate sobre el cambio de horario se traslada a Sevilla. No es la primera vez que los representantes de los sectores económicos de la ciudad hispalense se posicionan sobre la conveniencia de esta alteración que genera, tanto en primavera como en otoño, importantes trastornos en los hábitos cotidianos. En el viejo continente se han tomado muy en serio esta cuestión, postergada durante años. En España, además, se sugiere la vuelta al huso horario que tenía el país antes de la dictadura franquista, acorde con la proximidad al Meridiano de Greenwich e idéntico al que poseen Gran Bretaña, Portugal y las Islas Canarias. Una adaptación que en la capital andaluza vendría condicionada por su clima cálido y sus largas jornadas de sol.

¿Horario de invierno o de verano? Es la pregunta más frecuente estos días después de que la Comisión Europea haya propuesto que se mantenga un único horario durante todo el año. Aunque en un principio se habló de dejar el actual y no implantar el de invierno, la portavoz del Gobierno español, Isabel Celaá, ha precisado que no hay nada decidido al respecto. En Sevilla las preferencias por uno u otro horario van en consonancia con los ámbitos productivos.

En una ciudad donde el sector hostelero adquiere tal importancia, el representante de dicho colectivo, Antonio Luque, se decanta por mantener el horario actual, el de verano. “A nuestros negocios le resulta más ventajoso contar con más horas de sol, que es cuando más se disfruta de las terrazas”, refiere este empresario. Si se mantiene el sistema actual, llegados los meses más gélidos se podrá disfrutar, como mínimo, de una hora más de luz natural por las tardes, lo que invita a los clientes a permanecer en ellas, especialmente aquellas jornadas en las que los termómetros no bajen demasiado, algo habitual en el invierno sevillano. Además, se logra un considerable ahorro energético durante la apertura vespertina.

Otro de los sectores destacados de la economía de la ciudad es el comercio. El presidente de Aprocom, Tomás González, considera que es “indiferente” para esta actividad que continúe uno u otro horario. Lo que sí cree oportuno es establecer un único modelo y no cambiarlo dos veces al año. “Debemos aplicar esta tendencia, como ya han hecho en Rusia”, apostilla.

La opción de mantener siempre un único horario también la defiende la Confederación de Empresarios de Sevilla (CES). Su presidente, Miguel Rus, recuerda que el debate surge anualmente en España y ahora está impulsado por la propia Comisión Europea. Para Rus, “es necesario que se llegue a una propuesta razonable que conjugue la salud y productividad del ciudadano, con el aprovechamiento de las horas de sol y la rentabilidad de las empresas”. El presidente de la patronal sevillana incide en que se ha puesto en “entredicho” los supuestos beneficios que los cambios horarios suscitan. “Son unos cambios que no aportan ninguna ventaja y crean, además, trastornos a las personas, lo que a la postre supone una merma de su productividad en los días posteriores y el consiguiente riesgo de aumentar la probabilidad de accidentes”, asegura Rus.

En este punto conviene considerar los pros y contras de cada horario. De seguir con el de verano, se lograría más luz solar durante las tardes, pero eso sí, llegaría a amanecer pasadas las nueve de la mañana, lo que también repercutiría en el gasto que generan algunos servicios públicos (como el alumbrado) y en los trabajos que se desarrollan al aire libre (como la construcción o la restauración de edificios), que tendrían que postergar su hora de inicio. En el de invierno, por contra, anochece antes, pero amanece, como muy tarde, a las 8:30.

Al debate sobre este cambio se une también la antigua propuesta de volver al huso horario que tenía España antes de que el Gobierno de Franco instaurara el sistema de Berlín. Dicha alteración provocó que el país tuviera una hora más que las Islas Canarias y los países de nuestro entorno, como Portugal y Marruecos. Durante el verano esta diferencia se amplía a dos horas. Una distinción que también se traduce en hábitos cotidianos, como el horario generalizado del almuerzo, la cena y el prime time televisivo, que en casi toda Europa suele ser más adelantado que en España.

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