Viaje del aquí al allí: ahí le duele

Calle Rioja

Dolor sin fronteras. Las farmacias venden pastillas contra el dolor ajeno, idea de Médicos sin Fronteras para sensibilizar a la población con los enfermos olvidados

De izquierda a derecha, la farmacéutica María del Socorro Rodríguez, con sus ayudantes Felisa Carmona y Teresa Martín.
De izquierda a derecha, la farmacéutica María del Socorro Rodríguez, con sus ayudantes Felisa Carmona y Teresa Martín.

26 de noviembre 2010 - 05:03

ABRAHAM Lincoln no imaginaba que el mancebo de la farmacia de Washington a la que se acercaba desde la Casa Blanca era el joven que vigilaba sus movimientos y facilitaba información a quien iba a acabar con la vida del presidente de los Estados Unidos. Lincoln tenía buena salud, pero le gustaba el olor de la farmacia. Lo cuenta Gore Vidal en la biografía novelada del abogado de ferrocarriles.

Las farmacias no han perdido ese prestigio aromático que María del Socorro Rodríguez Rodríguez se encarga de mantener en la llamada Farmacia de la Feria. Una de las cuatro en la céntrica calle. Las farmacias huelen a generosidad. En tres días voló un original tratamiento que no necesita de receta: pastillas contra el dolor ajeno. "Nos mandaron 48 cajitas y hemos llamado para reponer las existencias".

Es una encomiable iniciativa de Médicos sin Fronteras, que destinará íntegramente los beneficios de la venta de estas cajas que contienen seis caramelos de menta sin azúcar enriquecidos con vitamina C al tratamiento de enfermos de malaria, Chagas, kala azar, enfermedad del sueño, sida infantil y tuberculosis.

María del Socorro Rodríguez nació en Huelva, estudió Farmacia en Granada y empezó el oficio en Sevilla en 1977. Desde 1981 está en la calle Feria, esquina con Antonio Susillo. Sus ayudantes, Teresa Martín Buendía y Felisa Carmona Pachón, se han visto sorprendidas y desbordadas por este afán de combatir el dolor ajeno. "Lo anunciaron en el descanso de un partido de fútbol".

La idea de Médicos sin Fronteras contó con el apoyo logístico de la cooperativa Cecofar. "El primer mundo tiene infinidad de remedios para mitigar el dolor y están al alcance de la mano", dice la nota que envió a las farmacias. "Pero ¿qué pasa si lo que te duele es el dolor ajeno, el dolor que no tiene 'pastillas' para curarse, el de los enfermos olvidados?".

Hacer propio el dolor ajeno es el único colonialismo legítimo. La idea ha cuajado en la ciudad de las Dolorosas, que tiene una calle con el nombre de Siete Dolores de Nuestra Señora y que en el argot utiliza la palabra dolorosa para referirse al pago de una consumición o al importe de una multa.

El escaparate de la Farmacia de la Feria parece el de una librería. Las pastillas contra el dolor ajeno se han convertido en un auténtico best seller. Al precio de un euro. El euro más solidario. Coincide con el mes del tensiómetro y el mes del sexo seguro. "Pregunta lo que quieras sobre sexo seguro a la sexóloga de Durex". Así empezó Elena Ochoa. Medios para conocer los síntomas de la diabetes, reducir la grasa localizada y resaltar las abdominales.

"Cuando nos empiezan a salir las cosas, Tere, hija", dice por la calle la cocinera del bar Norte Sur con su acento gallego de Arcade, paraíso de las ostras. Cuando los años se te echan encima, el escaparate de la farmacia también tiene a disposición del cliente el Lifactiv, un llamado Tratamiento Global Antiedad.

El dolor ajeno da para muchas tesis doctorales. En tiempos de crisis, el dolor ajeno se hace propio. No es casual que la economía se valga de un concepto de la medicina, el contagio, para hablar de los riesgos de que los zarpazos del tigre celta dejen al domador sin oficio ni beneficio. "Es que va a pasar. Después de Irlanda vamos nosotros y Portugal y después va Italia", dice la farmacéutica.

Hubo gente a la que le dolía España. "A mí no me duele", me dijo en una ocasión Julián Marías, el discípulo de Ortega, el padre del novelista Javier Marías. Les dolía España como si la patria fuera una muela. Hay dolores imaginarios, nos enseñó Molière, que se convierten en reales y al que los padece le sale un flemón. Dolores y sus variantes onomásticas, Lola de Caracol y Lolita de Nabokov.

"Las pastillas se las lleva todo el mundo", dice la farmacéutica. Médicos sin Fronteras anima a que la menta sin azúcar involucre a futuros colaboradores. Con cinco euros al mes se puede diagnosticar la enfermedad del sueño a seis personas. Con diez, dar tratamiento a 330 niños enfermos de malaria. Con 20, atender a 144 adultos enfermos de Chagas.

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