Zapatero (y Brown) a tus zapatos

Dos visitantes contemplan el tablero de parchís del arquitecto Francisco L. Soro.
Dos visitantes contemplan el tablero de parchís del arquitecto Francisco L. Soro.

19 de marzo 2010 - 05:03

HOY está Zapatero en Sevilla para presidir el Consejo de Ministros. Una ocasión ideal para darse una vuelta Regina arriba, esquivar Viriato y entrar por San Juan de la Palma a la galería de Pablo del Barco. El presidente del Gobierno podría participar en la exposición Zapatero a tus zapatos. La única condición, que reúnen los 22 autores, es no pertenecer al gremio de los artistas. Tan admirado, tan denostado.

Zapatero a tus zapatos es una iniciativa del galerista y pintor y poeta Pablo del Barco, paisano como burgalés del inquilino de la Moncloa. Cuando el cronista visita la galería, coincide con tres de los expositores. Tres historias.

Alice Cunningham llegó a Sevilla el 31 de enero. Londinense de 26 años, esta escultora vino con un proyecto Leonardo da Vinci. Ha participado en el diseño de la muestra y firma una de las obras, un globo terráqueo relleno de agua y nueve sinónimos de Cuidado en inglés, con borrachera verbal de gerundios: keeping, nursing, fondling, painstaking. Se vuelve a Londres el 11 de abril, entre Semana Santa y Feria.

Guitta Bennani muestra su carnet de profesora de Corte y Confección expedido por el sistema Amador de Valencia. Nació en Tetuán en 1944 y allí trabajó como costurera y maestra de modistas. Madre de cinco varones y una hembra, fue ésta la que le trajo a Sevilla. Su hija fue objeto de un trasplante de riñón y necesita atención médica. Su madre eligió un hospital sevillano y aprovechó para traer varios cuadros. "Pintar me tranquiliza más que coser", dice Ghita Bennani, hermana de un pintor cotizado en Marruecos.

Antonio Collantes de Terán es protésico dental con laboratorio en la plaza del Salvador. En sus ratos libres, pinta, sobre todo toreros. Ahora expone parte de su producción taurina en un hotel de Valencia, coincidiendo con las Fallas, y pronto hará lo propio en el Vincitt La Rábida, el hotel sevillano "donde se visten los toreros". Ha ido a la galería para recoger un cuadro, retrato de un alguacilillo que le ha comprado una clienta para regalarlo el día del Padre. Su primera obra se la vendió el protésico a un amigo italiano que regenta una pizzería. "Por eso la firmé Antonelo".

Así hasta 22 historias. Como la de Ana Juez, que habitualmente está en ambulancias y helicópteros prestando servicios como médico del 061. O la de Gilbert Larrea, padre de Marsella, madre de La Puebla del Río, que sienta a su hombre contemplando al Absoluto. Una pipa del bibliotecario José Cala Fontquernie; la obsesión por el tiempo de los círculos y relojes de la investigadora del Arte Teresa Lafita. El cómic de trazo seguro, épico, abigarrado, llegado desde Almería con la firma de Santiago Girón.

Juan Lozano es el mismo propietario de la empresa de grúas que convoca el ya asentado premio de Pintura y que ha respondido a la invitación de su amigo galerista con una letra de letras, palabra fundida. Muchos oficios. Los trazos del magistrado Manuel Rico Lara, que cumplirá años la víspera de la clausura de la exposición, el próximo 24 de marzo. El informático José Antonio Pinillos, que abre las puertas a una windows por la que aparecen cúpulas de Venecia y hasta los remos de gondoleros sin rostro. Al galerista Pablo del Barco lo ha retratado en boceto inconfundible su amigo y su abogado José Antonio Santamaría.

"El objeto fundamental de esta exposición es que la gente se acerque al arte sin complejos", explica Pablo del Barco. "No ha habido ninguna selección". Sólo dos condiciones: que la obra no fuera demasiado grande y que cada autor sólo tuviera una presencia en la muestra. Al no ser una antológica, el resultado es antológico.

Hay vocaciones marcadas. "Ana Delgado es una esteticién que cada vez tiene más clara su vocación pictórica". Ecos lejanos: Chelsea Dubick, norteamericana de Kentucky que enseña Inglés en Sevilla, o Aileen Hamilton, irlandesa y profesora de Arte. Pilar Álvarez y Carmen Toro son maestras de escuela; Joaquín Rodero, intérprete de música antigua; Fernando Rodríguez-Izquierdo, experto en Japonés; Francisco L. Soro, arquitecto; Alfonso Clemente, administrativo. María Dolores Gallego, sevillana de Almadén de la Plata, autora de la única escultura, representa al colectivo de las amas de casa.

El galerista ha pedido a este insólito y heterogéneo colectivo que definan el arte y su mercado. Pueden parecer antagónicos. Están condenados a entenderse, dice Alice Cunningham, que regresará a Londres contra su voluntad con ecos de Amargura. De Zapatero a Gordon Brown. Cuidado.

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