Se acabó el Carbón. Segundo Año Triunfal

calle rioja

Pioneros. Isabel Olmedo, viuda y nuera de dos carboneros míticos de Triana, es matriarca emprendedora de una familia que se reconvirtió con el butano y ahora con los vinos de autor

Isabel Olmedo, con su nieto Luis y tres de sus siete hijos: Sebastián, José Luis y Francisco (de izquierda a derecha).
Isabel Olmedo, con su nieto Luis y tres de sus siete hijos: Sebastián, José Luis y Francisco (de izquierda a derecha). / Fotos: Juan Carlos Muñoz
Francisco Correal

26 de julio 2017 - 09:16

Año 1937. Calle Pagés del Corro. La gente hace cola y el dueño del negocio pone un letrero: Se acabó el carbón. Debajo: Segundo Año Triunfal. Lo que escribió entre paréntesis (Y sin carbón) le llevó al cuartelillo de la Cava de los Civiles.

Todos los comienzos son difíciles. Sebastián Becerra Gil nace en 1891 en Parauta, un pueblo de la sierra de Ronda. Hace la mili en Canarias. El dinero que pensaba invertir en comprar cabras en su pueblo tuvo que gastarlo en enterrar a sus padres. Decide no volver al pueblo y llega a Sevilla, donde lo acoge un tío suyo que tenía una carbonería en la calle Valladares. Le paga con la pernocta y la comida y se gana la vida en la carga y descarga del mercado de Triana. Aprende a leer y a firmar.

El comienzo del segundo carbonero de la generación no fue menos sencillo. Francisco Becerra Calvente nace en el poético año 1927, pero su vida fue demasiado prosaica. Estudió en los Salesianos y los Escolapios, de donde lo sacaron para sustituir a su hermano mayor en la carbonería de su padre. El primogénito se llamaba Juan y con 16 años lo mataron las tropas franquistas en la guerra. La muerte de su hermano precipitó su madurez y le robó su juventud.

Se familiarizó con el negocio del carbón, que llegaba en camiones al Paseo de Colón y en vagones de trenes de mercancías a la Barqueta. Si el patriarca fue a su pueblo rondeño para volver ya casado a Sevilla con una hija del señorito, el cortejo de su hijo fue más sofisticado. Se inició en el tranvía del Altozano a la Magdalena, siguió en Casa Marciano y Almacenes Velázquez y lo certificó una celebración en torno a la Virgen de Fátima. La destinataria del cortejo es una niña, hija única, que estudia Piano y le dicen la Niña de las Trenzas. Amiga desde la infancia de María Galiana, venció la resistencia familiar y con 18 años se casó con el carbonero en San Gonzalo.

La carbonería de Pagés del Corro, un edificio de Aníbal González, pasó después a la calle Evangelista. Francisco e Isabel tuvieron siete hijos. La actual casa familiar es el estudio de Arquitectura de Paco Becerra, el mayor de los seis varones, y la tienda de vinos que regentan Juan Antonio -el Juan se lo añadieron en homenaje al tío muerto en la guerra-, José Luis y Maribel, con la ayuda de Jaime Carlos, que está al frente de una gasolinera. El nombre del patriarca lo lleva Sebastián Becerra, el quinto de la saga, que se fue a Estados Unidos para dejar de repartir butano y ahora trabaja en la división de petróleo de una empresa de Florentino Pérez en México. La saga la completa Jesús María.

Hijos de una pirueta rondeña en Triana, el principal legado que le dejaron su abuelo y su padre no es un olfato casi congénito para los negocios, sino la lección de ética que exhiben como gloria de su árbol genealógico. "Ni papá ni el abuelo nos educaron jamás en el odio, pese a que al tío Juan lo mataran en la guerra", dice Paco.

Su padre participó más de una vez en la cucaña y su hermano Jaime se llevó varias banderillas. La casa-matriz está en la calle Constancia, perpendicular a Trabajo, en la barriada Voluntad. Nombres que resumen la trayectoria de esta familia. El padre rechazó una bicoca en Iberia con tal de conseguir una adjudicación para el reparto de butano.

Dos miembros de la familia hicieron las Américas. Sebastián terminó bachiller en Estados Unidos. Allí tuvo ocasión de conocer a Fernando Martín, que lo honró con su amistad. Un día atendió en un bar de Chicago a Hugo Galera Davidson, que se presentó como "el presidente del Betis", lo que agradó al único bético de la familia, este analista de sistemas que se llevó tres semanas repartiendo bombonas de butano para pagarse una entrada para la final de Copa del 77. Participó en un maratón televisivo a beneficio de las víctimas del terremoto de México, lo que le permitió conocer a Plácido Domingo, a quien presentó a sus padres cuando vino con los tres tenores al teatro de la Maestranza en la Expo. Edificio en cuya construcción, con los arquitectos Luis Marín de Terán y Aurelio del Pozo, estaba su hermano Paco.

Isabel tiene siete hijos y con la tabla del dos que se aprendió su suegro le salen catorce nietos (y dos bisnietos). Uno de aquéllos, Luis, juega al baloncesto en Estados Unidos, a 45 kilómetros de Chicago. El carbonero del 27 se coló en las Cortes de Franco para conseguir el contrato del butano. Fundó la peña sevillista Al Relente y un día llegó con todo el equipo campeón de Liga al teatro San Fernando donde actuaban Lola Flores y Manolo Caracol. Paco el carbonero murió en 2012. Fue el primero en felicitar a Pasqual Maragall cuando Barcelona fue designada para los Juegos del 92 y el alcalde de la ciudad se lo agradeció personalmente en una visita a Sevilla.

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