Calle Rioja

Una calle del Infierno con aromas de cielo

  • Reciclaje. La pista de coches locos que de las ferias vino a la Alameda para sala de conciertos de Monkey Week es la pista de hielo en la variada oferta para las Navidades

La pista que fue escenario del Monkey Week acoge ahora una pista de hielo. La pista que fue escenario del Monkey Week acoge ahora una pista de hielo.

La pista que fue escenario del Monkey Week acoge ahora una pista de hielo. / Juan Carlos Muñoz

EL cambio climático llegó a la Alameda. De los camellos de Zoido se pasó a los trineos de Espadas. Del desierto del Sáhara con los iconos de Lawrence de Arabia que repostaban en Matalascañas a esta recreación del Ártico.

Un reciclaje perfecto. La misma pista de coches locos que amenizó las veladas en la feria de Villamartín se transformó en sala de conciertos de una nueva edición del Monkey Week. Finalizada la semana de los Monos en la que triunfó el Pájaro, ese escenario se ha convertido en pista de hielo.

Nacho Montiel se multiplica entre la Alameda y la Encarnación en la logística navideña. Este hombre es el responsable de la pista de hielo, que comparte espacio con la chocolatería de Hermanos Pernía. Fernando Pernía es el pequeño de la saga y lo mismo atiende en cafetería que en la taquilla de la pista de hielo. El quiosco Carlos V es La Latina. La Alameda es una calle del Infierno a escala donde las casetas son de productos artesanales, bisutería y regalos. Una de las novedades son los ponys con inteligencia artificial. Tienen la doble ventaja de que no hay que alimentarlos y no despiertan las quejas de los animalistas, a los que sí hay que darles de comer.

Unos animadores salen disfrazados de gnomos y arlequines y con zancos del árbol de Navidad en el centro de la Alameda. Tránsito del café a la cerveza en el quiosco Los Leones. En una pantalla de televisión dan el fútbol y en la otra se ve al rey en las Cortes con un subtítulo de arte y ensayo (histórico): “Felipe VI destaca el progreso en estos 40 años”. Los que lleva vigentes la Constitución. El Progreso del que habla el televisor suena a un periódico de Lugo que sale en una novela de Torrente Ballester. “Somos de Lugo”, se lee en una de las tiendas, con panes y dulces de Gargantúa y Pantagruel. Un joven se sienta en uno de los bancos, con el galgo a su lado, y se pone a leer la novela Ensayo sobre la lucidez de José Saramago. Junto a la casa donde estaba la Escuela de Tonadilleras de Adelita Domingo han abierto la churrería y chocolatería Abuelo Paco. Data de 1954 y vienen de Dos Hermanas.

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