La ciudad que no volverá
Nicolás Salas presenta su último libro, 'La Sevilla perdida', un acta gráfica de la destrucción del patrimonio hispalense
Es, afirma Nicolás Salas, "el mejor de mis libros". Lo que es mucho decir dada la larga trayectoria de este periodista y escritor , colaborador de Diario de Sevilla, que ha publicado nada menos que 47 obras, todas ellas sobre temas sevillanos y andaluces.
La ciudad perdida (Guadalturia Ediciones) es el último de ellos y fue presentado ayer en la sede del Colegio de Médicos de Sevilla, siendo el autor acompañado por Miguel Carretero Hernández, gerente del Colegio, y de José María Toro Sánchez, director de Guadalturia. Se trata, explica el autor, del "fruto de más de medio siglo de coleccionismo propio y también de las aportaciones generosas de muchos sevillanos que nos ayudaron a recuperar la memoria gráfica de la ciudad. Ahora, al menos, los ciudadanos del siglo XXI tienen a su disposición un catálogo de la ciudad perdida".
Más de 700 imágenes, una "prueba excepcional y nunca hasta ahora acumulada en un libro de síntesis", dan fe de la enormidad del inventario. "Ver cómo era la ciudad perdida produce pena, incomprensión", afirma Salas.
En esta especie de acta gráfica, Salas recoge desde "las murallas y puertas hasta los edificios emblemáticos de las Arquitecturas del Modernismo y el Regionalismo. Conventos, templos, casas solariegas, industrias y comercios, cuarteles...". Además de "pérdidas incalculables de contenidos" como artesanados y alfarjes, mármoles y yeserías, azulejos, fuentes, muebles, bronces, tapices...
En el libro, Nicolás Salas explica que "las principales etapas destructivas se iniciaron con la invasión francesa" de entre 1810 y 1812. "La ciudad fue expoliada en sus riquezas artísticas además de sufrir derribos de varios conventos medievales y otros edificios emblemáticos del Renacimiento y el Barroco. A los franceses sucedieron las desamortizaciones de los años treinta del siglo XIX y las pérdidas ocasionadas por la Revolución de 1868. Luego, ya en el siglo XX, las pérdidas patrimoniales las ocasionaron los Ayuntamientos entre 1900 y 1936, y después desde la posguerra de 1936-1939 hasta 1979. En el intermedio, entre 1931 y 1936, fueron los acontecimientos bélicos los causantes de las destrucciones sufridas". "Ya en el tardofranquismo", añade Salas, "se produjo, sin duda alguna, la más significativa etapa destructora de la ciudad, etapa simbolizada en los derribos de las plazas de la Magdalena y del Duque.
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