"Si me hubiera conchabado con los políticos tendría un chalé en la playa"

Los invisibles

En 1989, con treinta y pocos años, creó Qüasyeditorial, la aventura cultural de un mohicano que renunció al funcionariado sin renegar del plato de lentejas.

Manuel Trancoso, durante la entrevista en el bar El Algabeño, junto al mercado de Feria.
Manuel Trancoso, durante la entrevista en el bar El Algabeño, junto al mercado de Feria.

21 de agosto 2010 - 05:03

FUE conserje y hoy es mayordomo. Manuel Trancoso (Constantina, 1957) es el segundo editor más importante de la Sierra Norte después de Lara. Tras promocionar a autores jóvenes, se dedicó a cuidar ancianos. En octubre será abuelo.

-¿Qué acabó con Qüasyeditorial, las dudas o las deudas?

-De todo un poco. Cierto empacho. Llevaba muy mal la vanidad artística, el divismo del autor joven que no te admitía una corrección, y la ingenuidad de la casta intelectual, las conversaciones de perogrullo. Yo entendí la editorial como una vía de conocimiento y aquello empezó a chirriar.

-¿Encontró otros caminos?

-Desde que recuperé la automoción, voy mucho a mi pueblo, a bañarme en las albercas de los cortijillos de mis amigos. Es mucho más gratificante.

-¿A qué vino a Sevilla?

-A estudiar Derecho. En segundo me pasé a Filosofía. Me queda una de cuarto y otra de quinto. No pude acabarla. Se me olvidó pedir la prórroga y se presentó la Guardia Civil en mi casa de Constantina. Tuve que ir a Obejo y después a Campo Soto, en San Fernando, al Depósito de Víveres, donde los militares me enseñaron el oficio de falsificador de facturas.

-¿No acabó Filosofía?

-Cuando he tenido ganas no he tenido dinero y cuando he tenido dinero, ni me acordaba. Soy pascaliano, cada día más. Gracias a Pascal existen el frigorífico, la automoción. Su intuición poética. Lo de que hay razones del corazón que la razón no comprende es una copla de las Alpujarras.

-Escribir en España es llorar, decía Larra. ¿Y editar?

-Yo me tiré sin paracaídas. Dejé el puesto de funcionario que saqué por oposiciones, año y medio de bibliotecario. Me fui de aventura brasileira-amazónica con dos amigos, el Pelojopo y Manuel Requena, un militar que pidió excedencia para ser músico callejero. Al volver, murieron mis padres y cambió mi vida, quedé sin rumbo.

-¿Por qué la editorial?

-Había hecho mis pinitos literarios. Relatos cortos, poesía, y una novela que está inédita. Era muy extraña y preferí guardarla, consolidarme como editor. No sé si la perdí o está en un almacén de Constantina.

-¿Precedentes en la familia?

-Tal vez mi bisabuelo Claudio, republicano, uno de los tres que hablaba esperanto en el pueblo. Los otros dos eran el cura párroco, que cada dos por tres lo amenazaba con el infierno, y Balaguer, odontólogo falangista consuegro del nazi Leon Degrelle.

-¿Qué se encontró como editor, una alfombra o una jungla?

-Choqué con los catetos de las Cinco Llagas, con la ignorancia de los políticos sobre la importancia del distribuidor, del librero, de la industria editorial. Pagué el pato. No fui yo solo. Le pasó a toda una generación creativa, nos tragamos la línea del crédito duro, los desfases presupuestarios. Aprendí que para subsistir en ese mundo tenías que ser un poco trilero, y eso no estaba en mi carácter. Si hubiera sido trilero, si hubiera conchabado con los políticos, hoy tendría un chalet en la playa y otro en la sierra.

-¿Por qué se puso a cuidar de personas mayores?

-Me lo dijo un amigo ATS y me saqué el título de auxiliar de enfermería geriátrica. Ocho años cuidando 24 horas de esas personas. Las dos empresas que se dedican a la Dependencia en Ayuntamiento y Diputación son de Florentino Pérez. Sólo quieren colombianas y peruanas. No quieren tíos y gente de aquí. No fuimos capaces de responder a la atención de nuestros mayores. Hasta los lobos lo hacen. Cuando a los lobos viejos se les caen los dientes, un lobo joven les mastica la comida.

-¿Qué prefiere, al joven (escritor) o al viejo?

-Aprendes mucho más del viejo peregrino. El otro no hace más que exigir. Debo tener el chip Teresa de Calcuta.

-¿Su oficio actual?

-Soy mari, maruja, mayordomo de mi casa, me dedico a las tareas domésticas. Mi mujer es médico nuclear y no se me caen los anillos por asumir ese rol en la pareja.

-Las feministas ni le rechistarán.

-Vivía en un bajo. En las otras dos plantas vivían dos chicas. Llegamos a un acuerdo para que cada uno limpiara la escalera una vez por semana. Ellas no cumplían el trato. El Gobierno creó el Ministerio de Igualdad. Les puse en la escalera una entrevista con Bibiana. No se dieron por aludidas.

-¿Ficción o realidad?

-Es lo mismo. Yo vaticiné cósmicamente la muerte de Cortázar.

-¿Aficiones?

-Cocinar y los deportes de motor.

stats