Un concierto de Bob Marley en Amsterdam

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Regreso. El doctor Francisco Gallardo volvió a la Facultad de Filología, su carrera soñada, para presentar la reedición de su primera novela, 'El rock de la calle Feria'

Francisco Gallardo, en Filología, entre los profesores Fátima Roldán y Juan Ignacio Guijarro.
Francisco Gallardo, en Filología, entre los profesores Fátima Roldán y Juan Ignacio Guijarro. / Charo Martínez

El escritor siempre vuelve al lugar del relato. En el Aula de Grados de la Facultad de Filología, en presencia de algunos de los figurantes que como personajes de Pirandello aparecen en su primer (y último) libro, Francisco Gallardo (Sevilla, 1958), confesó que él en realidad quería ser filólogo. "Tengo aprobadas tres asignaturas de Filología". Una vocación fallida, porque por medio se metieron el baloncesto, la Medicina y la literatura en la exagerada vida de este Martín Romaña de san Lorenzo.

El filólogo frustrado aprobó con matrícula de honor con 'El rock de la calle Feria', novela de la que habló con Juan Ignacio Guijarro. Antes, hizo una semblanza del autor Fátima Roldán, vicedecana, arabista que en sus tiempos de estudiante conoció a Gallardo cuando el doctor acudió al departamento para documentarse sobre la Medicina de Al Andalus que trasladaría a su novela 'La última noche'.

Lleva 49 epílogos, la muerte de Quintero impidió que llegaran a 50

'El rock de la calle Feria' es muchas cosas. Un rock que empieza con música de James Taylor y soleás de Triana. Una música que a veces es callada, como la de Bergamín, que es tiempo de silencio, como la novela de su colega Luis Martín Santos. Es también un homenaje a Cortázar, a la Maga. Un retrato "del último Romanticismo que hubo en Sevilla. Fue una eclosión musical, de juventud, de política, anterior a la movida madrileña y a lo que se llamó el rollo de Barcelona".

El libro se reedita quince años después, nuevamente con Algaida, con dos novedades: la portada, una pintura de Manolo Cuervo, y la prórroga de la novela, 49 epílogos. Habrían sido 50 pero el de Jesús Quintero no llegó a tiempo. Medio centenar de miradas que animan a leer esta novela como una Rayuela sevillana. Al Aula de Grados acudió una representación de los epiloguistas: Antonio Rivero Taravillo, Rosa Pinto, Pepe Arenzana, Juan Lamillar, Víctor Jiménez, Ismael Yebra en la persona de Victoria. El capricho alfabético ha querido que el remate lo pusieran un zamorano de ascendencia, Ismael, y Zamora, José Antonio, el fotógrafo, que glosa a sus colegas Pablo Juliá y Atín Aya, con lo que el libro vuelve a San Lorenzo, a la plaza que este último inmortalizó en fotografía otoñal que Juan colgó en una pared del bar El Sardinero.

Es un palabro, pero propio de un aula de Filología. La novela es un palimpsesto. Unos materiales que permanecían soterrados en la memoria de su autor, activados después de una vivencia personal. Tres veranos (77, 78 y 79) de prácticas en geriátricos de Bruselas, con viajes en tren en Interrail y un concierto de Bob Marley en Amsterdam, que debía ser como ver jugar a Johan Cruyff en Jamaica. Rosa Pinto recuerda que un gobernador civil prohibió un concierto de Bob Marley en España.

El Bob Marley sevillano se llamó Jesús de la Rosa, nacido en la calle del título de la novela, evocado en buena parte de los epílogos en este regreso a 1978, el año de la Constitución y de tantas otras cosas. En una semana, el 4 de marzo, se cumplen 75 años del nacimiento de Jesús de la Rosa, alma de Triana. Se lo llevó la carretera, como a Albert Camus, apellido que Paco Gallardo adopta y adapta para este ejercicio de autoficción. "Camus soy yo y no soy yo". El autor nace un año después de que Camus obtuviera el Nobel de Literatura.

¿Regreso al pasado o al futuro? "La libertad y la democracia venían sin manual de instrucciones. La heroína se llevó a mucha gente". Gallardo se deshace en elogios a la obra 'Canijo', de Fernando Mansilla, que como 'El rock de la calle Feria' contó con el apoyo incondicional de Esperanza Alcaide, alma mater de la librería El Gusanito Lector.

Local y universal. Gallardo vivió diez años en la Alfalfa, vecino del doctor Yebra, con el que preparó un libro sobre médicos y escritores que pronto verá la luz. Contó que cuando dejó ese lugar mágico para volver a san Lorenzo, el amigo dermatólogo, que tenía su consulta en la calle Cabeza del rey don Pedro, le preguntó por los efectos del jet lag. Broma y metáfora de viajes que sí pudo hacer el autor de la novela. "Podía haber terminado en Bruselas, París o Seattle, pero no me fui por miedo a no regresar a Sevilla". En Seattle no hay Morapio. En Sevilla tampoco, pero ésa es otra historia.

El profesor Guijarro le preguntó en esta clase práctica de Filología cuándo escribirá "la gran novela sobre baloncesto". En Estados Unidos la publicó John Updike, el albacea de Nabokov, un libro titulado 'Corre, Conejo', que le gustaba mucho a Javier Imbroda, el entrenador de baloncesto que trajo a Sevilla la final de la Copa del Rey de fútbol.

Después de 'El rock de la calle Feria', vinieron las novelas 'La última noche' y 'Áspera seda de la muerte', amén del álbum de recuerdos 'Cuaderno de san Lorenzo', un ejercicio de orfandad en el territorio becqueriano de su infancia. Para su próxima novela, vuelve a Camus 45 años después. "El rock de la calle Feria' parte de la idea de que lo que recordamos no es verdad; hay muchas trampas en la memoria".

Entre los epílogos hay dos Machucas, dos oficios distintos, una misma vocación literaria; dos Carrascos, Marta y Diego; dos Díaz Pérez, Eva e Ignacio; dos García Pelayo, Gonzalo y Javier, éstos sí son hermanos; un sobrino de Jesús de la Rosa y la estela del señor Troncoso, título de una canción de Triana para gloria del guardacoches de San Lorenzo y el Pozo Santo. Al cronista le regaló el inmenso honor de aparecer por orden cronológico detrás de Salvador Compán y José María Conget. Con su maestro Julio Manuel de la Rosa, se quedó con las ganas de unas jornadas sobre Faulkner en san Lorenzo. Amanece, que no es poco. Con palabras de José Luis Rodríguez del Corral, sólo amanece sin estás despierto.

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