Un cruce de lunas a pleno sol
calle rioja
Visión. Cada trianero del desarraigo lleva su Triana en el bolsillo; desde el Barranco y los hierros del puente de Isabel II se ve en su crepúsculo festivo envuelta en papel de regalo.
LOS Especiales es un puesto que crece y decrece según las circunstancias. Está en uno de los extremos del puente de Triana, el que da a Sevilla, para entendernos. Capote está cerrado a cal y canto. Allí tuvo lugar la puesta de largo de Juan Ignacio Zoido cuando inició su aventura municipal, con tres triunfos electorales y una sola alcaldía verdadera. El mercado del Barranco es un contrapunto lúdico del castillo de San Jorge. Ayer por la tarde, a la hora del café, se celebraba un ágape múltiple, la rubia cerveza era el vellocino de oro entre los comensales de esta tabla rectangular frente a la antigua sede de la Inquisición. Santo Oficio.
El puente de Triana o de Isabel II lucía en el último día de la Velá banderas andaluzas y españolas de forma alterna. El sol era inclemente. El 47 no pasa por la Barqueta, pero eran los grados que marcaba el termómetro en la glorieta que lleva el nombre de Cayetana de Alba. Sólo el puente del Cachorro, el que diseñó el trianero José Luis Manzanares Japón, tiene toldos. Profeta en su tierra. Atraviesa el puente de Triana un joven que come un bocadillo de Pepe Gotera y Otilio y luce una camiseta del Atlético de Madrid con el apellido Agüero en el dorso.
Bajo el puente de Triana dos barcos turísticos se cruzan. En dirección Barqueta va el llamado Luna de la Giralda; dirección Bonanza, el Luna del Guadalquivir. Dos lunas a pleno sol con Ripley durmiendo la siesta y un solo hombre-lobo, el que enunció Hobbes: el hombre es un lobo para el hombre. Una loba amamantó a los fundadores de Roma. ¿Quién amamanta a los de esta Nova Roma? Triana es el Trastevere de Sevilla, Harlem para unos, Brooklyn para otros. Una joven agrupación interpreta música de películas en la puerta de la Estrella. Christine Diger, periodista francesa, entra en la Alboreá con el maestro Manuel Marín, de quien escribe la biografía.
El Sur también existe, cantó Serrat con letra de Benedetti, que llamó a Machado letrista de Serrat en un bucle de préstamos líricos. La existencia del Sur entra metafísicamente en cuestión cuando suben los termómetros. Muchos buscan el Norte, el viaje de vuelta del almirante Bonifaz, sevillanos de Cedeira, de Villaviciosa, de Laredo o de Santurce. El azar quiere que el mismo día el cronista se encuentre el topónimo Lequeitio en dos novelas bien diferentes, San Camilo 1936, de Camilo José Cela, y Guarnición de Sevilla, que Alfonso Grosso escribió en 1970 y firmó un prólogo para una reedición de 1980, el año del 28-F y los Juegos Olímpicos de Moscú. Lequeitio y Ondárroa, siameses de la geografía como lo eran Elda y Novelda, Aranda de Duero y Miranda de Ebro, Astorga y Ponferrada, Úbeda y Baeza, Pilas y Carrión... Triana y Sevilla son otra cosa. Una sinécdoque, la parte por el todo, el todo por la parte.
Luis Rodríguez, propietario del último cine de verano de Triana, cruzó el puente para hacerse cargo del ambigú de la Diputación Provincial, frente a los Jardines Murillo. Un verano sin cines de verano y selecta nevería es el cambio climático sin recambio; las bicicletas van por el carril-bici pero ya no son para el verano; los camareros de los bares del Barranco van vestidos de arquitectos o bailarines de Víctor Ullate y dan pasos de baile cuando se cruzan por los pasillos de este edificio construido en su fase originaria por un discípulo de Eiffel.
El puente de Triana luce volantes de hermosa buñolera y sus cimientos forman un arco de hierro y hormigón para envolver en papel de regalo las casas de Triana, ese paseo fluvial que las atarazanas hicieron marítimo. Los toreros vivían en Triana y triunfaban en Sevilla. Desde Belmonte hasta Franco Cardeño, que se salvó milagrosamente de la embestida de Hocicón una tarde que para espanto de Joaquín Vidal lo esperaba a porta gayola. Sublimó el miedo y le dio ese nombre a una tienda de souvenirs antes de dedicarse a otros menesteres.
Todos los barrios de Sevilla tienen su Triana, se la llevó cada trianero del desarraigo en el bolsillo como aquel militar llevaba París en Los chuanes de Balzac.
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