Sevilla

59-64, un curso con mucha clase

  • La promoción de la que salió la clase política de la Transición celebró sus bodas de oro Olivencia y Rodríguez Piñero se sumaron a un encuentro al que faltó Felipe González.

En las escaleras del Paraninfo se producía el relevo. Los que subían podían ser los hijos de los que bajaban; acudían a un curso de Historia Moderna. Lo podían haber convalidado con la lección de Historia Contemporánea que acababa de tener lugar en el mismo escenario. La tesis central de dicha lección la explicó Manuel Olivencia Ruiz. "No es hipérbole ni exageración, pero la Transición española empezó en la Facultad de Derecho de Sevilla".

Era el pórtico de las bodas de oro que ayer celebraron y conmemoraron -verbos que quiso conjugar juntos Miguel Rodríguez Piñero- los alumnos de la promoción 1959-1964. Los que se licenciaron en la primavera de la coronación canónica de la Macarena y el gol de Marcelino a Yashin.

Una Facultad humilde de grandes maestros. Así la definió Olivencia, que llegó desde la Universidad de Bolonia en 1960, cuando esta hornada estaba en segundo curso. "Era el catedrático más joven y ahora soy el más antiguo de los presentes". Sólo lo supera en trienios Manuel Clavero Arévalo, que envió un escrito leído por Manuel del Valle Arévalo.

Miguel Rodríguez Piñero, profesor de cuatro presidentes de la Junta de Andalucía, llegó soltero y se casó en el paso del ecuador de esta promoción, el 14 de julio de 1962. Otras bodas de oro en el currículum de este catedrático de Derecho del Trabajo.

Manuel Giménez Fernández, generador de inquietudes políticas, ministro de Agricultura en la República, que les dio Derecho Canónico, estaría orgulloso de los frutos de su apostolado. Un curso con mucha clase del que salieron un presidente del Gobierno, dos presidentes del Parlamento de Andalucía (uno de ellos, Antonio Ojeda, fue el introductor de la celebración), un alcalde de Sevilla, senadores, diputados, consejeros autonómicos y hasta un presidente del Betis, "que tengo mis dudas sobre qué es más importante, ser presidente del Gobierno o del Betis", decía Ojeda para regalarle los oídos a Gerardo Martínez Retamero, que presidió entre 1983 y 1989 un equipo que en el final de aquella promoción quedó tercero.

Del Derecho Romano que enseñaba Francisco Pelsmaeker al que ahora explica en sus clases Alfonso Castro, el decano de la Facultad de Derecho. Este profesor nació en 1969. De la generación del príncipe Felipe "y mi mujer tiene la edad de doña Letizia". Todos coincidían en que Derecho no debió abandonar la Fábrica de Tabacos. "Los anchos pasillos permitían el diálogo y la convivencia", según Rodríguez Piñero.

José Antonio Bocanegra, gaditano de Olvera, pone un ejemplo de la excelencia de aquel curso. "Don Francisco de Pelsmaeker dijo que o el curso era excepcional o se estaba volviendo viejo. Porque de 120 que éramos nos aprobó a 23 y sólo dio cinco matrículas. Una de ellas a mí". Olivencia le dio ayer matrícula a todos, variante superlativa del aprobado político, pero le puso falta grave a Felipe González, el alumno que le llamó para nombrarlo comisario de la Expo. Por eso al actual decano, de la promoción 1987-1992, no le dio clase de Derecho Mercantil el autor del código Olivencia. Le dio clase su hijo Luis, recientemente fallecido, que nació en 1961, un año después de que su padre llegara de Bolonia, Universidad de procedencia de Jaime García Añoveros, que fue ministro de Hacienda y sustituyó en la cátedra de Derecho Financiero a Ramón Carande.

Felipe estaba en Nueva York, ciudad de cuyo Metro siempre se mostró un ferviente entusiasta. Pero su alargada sombra apareció en los recuerdos de sus condiscípulos. "Una vez nos recibió en la Moncloa a toda la promoción", dice José María Neyra. Emilio Pérez Ruiz, diputado andalucista al que le cogió el 23-F -"había presentado mi dimisión, pero no había firmado la renuncia y Rojas-Marcos me dijo que esperase"- lo recuerda "sin meterse en política, sólo pendiente de los estudios y de sus vacas". Pérez Ruiz dejó la política y ahora se dedica a fabricar gazpacho en la Alpujarra almeriense.

Un presidente del Gobierno y un preso de Carabanchel. Cinco años después de acabar la carrera, Eduardo del Campo fue detenido en Barcelona y entre 1969 y 1971, vagó por la Modelo, Carabanchel y los presidios de Jaén y Palencia. "Felipe vino a mi juicio". Manuel del Valle se lo encontró años después, siendo alcalde, de funcionario del Ayuntamiento. El alcalde que le precedió y el que le sucedió, Luis Uruñuela y Alejandro Rojas-Marcos, pasaron por esta Facultad.

No estaba Felipe, pero sí Alfonso Muñoz Repiso, que fue alcalde de Paradas y nació el mismo 4 de marzo de 1942 que el vaquero de Bellavista. "Yo soy una hora más viejo". Se fueron a comer al hotel Alfonso XIII. Aparcaron la Historia y pasaron a las historias. Manuel Font Cabrera, hijo de Manuel Font de Anta; José Ignacio Uclés, abogado del Estado unido a la perfumería familiar del Salvador; Antonio Ruiz de la Cuesta, que enseña Filosofía del Derecho y Bioética; Francisco Baena Bocanegra, abogado todoterreno; Carmen Gago, una de las doce chicas de la promoción; Quino Galán, aficionado a los caballos, Pepe Vargas, Manuel Romero Jiménez, Augusto del Cacho, abogado de altos vuelos: acabó en la asesoría fiscal de Iberia...

Ojeda agradeció el trabajo de Luis Díaz Rementería, Mari Luz Llorca y Mari Carmen García Vázquez para juntar a la gente. Una élite local y mundial. Salió hasta un embajador de España en la ONU, Juan Antonio Yáñez.

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