El declive de la heroína, el fenómeno contrario a EEUU

La droga que repunta ahora en Norteamérica lleva años siendo una sustancia residual en Sevilla De la inyección intravenosa se ha pasado a la inhalación mezclada con cocaína

El declive de la heroína, el fenómeno contrario a EEUU
Fernando Pérez Ávila

09 de febrero 2014 - 05:03

La muerte del actor Philip Seymour Hoffman por sobredosis de heroína en su apartamento de Nueva York ha revelado un incremento alarmante del consumo de esta droga en EEUU en los últimos meses. Las crónicas que llegan de América hablan de la entrada de heroína barata y de muy baja calidad desde México y de la nutrida presencia de traficantes en las calles de las principales ciudades del país, especialmente en Nueva York. En el Bajo Manhattan, donde residía Hoffman, un pico de heroína puede adquirirse por unos seis dólares, aproximadamente cuatro euros al cambio.

Pero, ¿y en España? ¿Cuál es el panorama actual de una droga que arrasó en todo el país en los años ochenta? Sevilla fue una de las ciudades más castigadas. Miles de jóvenes sevillanos murieron en aquellos años enganchados al caballo, por sobredosis o como consecuencia de enfermedades como el sida o la hepatitis, que se transmitieron de forma masiva por la reutilización de jeringuillas.

La realidad de la heroína en Sevilla en el año 2014 nada tiene que ver con la de Nueva York. A juicio de los investigadores de la Policía que luchan contra el tráfico de esta droga, en ningún caso puede hablarse de un resurgir de la heroína en estos tiempos. Más bien debería hablarse de un paulatino y continuo declive.

Los hábitos de consumo han cambiado. La heroína ya no se inyecta, sino que se fuma o inhala, la mayoría de las veces combinada con cocaína en lo que se conoce en el argot policial como el revuelto o el rebujito. La mezcla de una droga excitante, como la cocaína, con una depresora, como la heroína, es lo que le dio un cierto repunte a principios del siglo XX a una sustancia que parecía desterrada desde finales de los ochenta. Puede quedar algún toxicómano superviviente de los ochenta que se siga inyectando, pero son los menos. De hecho, el último caso de muerte por sobredosis de heroína en Sevilla se dio hace tres años.

Tanto el jefe de la Unidad de Drogas y Crimen Organizado (Udyco) de la Policía Nacional en Sevilla como el responsable del grupo I de esta unidad, que se encarga específicamente de las investigaciones de heroína, coinciden en que esta droga puede considerarse como residual en la actualidad. Los alijos se han ido reduciendo en cuanto a cantidades intervenidas en los últimos años, y esto sólo puede indicar que hay una menor demanda de esta droga.

Un repaso a las operaciones policiales de las últimas dos décadas refleja este declive de la heroína. Uno de los alijos que se consideró un referente fue el del clan de los Casianos, que se saldó la aprehensión de 40 kilos de esta sustancia en diciembre de 1995. En junio de 2001 se intervinieron 36 kilos a un camionero en la N-IV. A mediados de la década pasada se sucedieron varios alijos importantes. En julio de 2006 la Policía requisó 44 kilos al clan de los Pellejos. En octubre de ese mismo año, la Guardia Civil se incautó de 93 kilos que un narcotraficante de Dos Hermanas guardaba en una pedanía de Las Cabezas. En octubre de 2007 se aprehendieron otros 24 kilos.

Desde entonces la cantidad aprehendida ha bajado considerablemente. En 2009 se decomisaron nueve kilos. Las dos operaciones recientes más importantes se saldaron con diez kilos intervenidos en diciembre de 2011 a una banda asentada en las Tres Mil Viviendas y en la barriada de Los Montecillos, en Dos Hermanas, y cuatro kilos aprehendidos a una furgoneta en el puente del Centenario en noviembre de 2013, también a una red de Dos Hermanas. Para los investigadores de la Policía, un alijo de cuatro kilos de heroína en la actualidad es tan importante como uno de 30 kilos hace diez años, ya que las cantidades que se mueven son mucho menores.

La Policía sí suele intervenir con frecuencia heroína en pequeñas cantidades, ya preparada y mezclada en la cocaína en el clásico paquetillo, un trabajo que desarrolla el grupo de Mediano Tráfico de la Udyco. En estos envoltorios hay menos de un gramo de droga, lo que supone otro indicador más de que la distribución de heroína en la actualidad en Sevilla está más centrada en el menudeo que en una venta a gran escala. De hecho, la droga intervenida en los últimos alijos importantes no iba a ser distribuida en Sevilla y estaba aquí de paso.

Dos Hermanas siempre ha sido un punto caliente del tráfico de heroína a nivel nacional. La gran mayoría de las operaciones policiales contra la venta de esta sustancia se desarrollan en este municipio y, en concreto, en la barriada de Cerro Blanco. Allí reside una familia especialista en la preparación de esta droga. La heroína ha de ser cortada y rebajada con otras sustancias como paracetamol o cafeína y para esto se precisa una cierta técnica. Es por eso que, durante años, traficantes de distintos puntos de España se dirigían a Cerro Blanco para que le prepararan su droga, que luego se iba de vuelta a sus lugares de origen.

El control de esta sustancia es prácticamente exclusivo de distintos clanes de etnia gitana, asentados principalmente en las Tres Mil Viviendas y con conexiones familiares con otras zonas deprimidas de la ciudad y con otros barrios de la provincia. Si a principios del siglo XX la Policía llegó a desmantelar laboratorios caseros en el Polígono Sur, ahora la distribución está mucho más enfocada al menudeo, en parte gracias a esta presión policial que se ha mantenido fuerte desde hace años.

La ruta clásica de la heroína antes de llegar a España es a través de Turquía. El principal productor del mundo es Afganistán. De los campos de amapolas de este país, la droga llega a Turquía y entra en Europa por el Bósforo. Después suele atravesar el viejo continente y llegar a Holanda, desde donde se distribuye a los diferentes países por carretera. Una vez en España, suele distribuirse desde Madrid (en la Cañada Real está el considerado como mayor supermercado de la heroína de España) a las provincias. Estos itinerarios han podido ir cambiando a medida que la Policía ha ido descubriendo y quemando estas rutas.

Los precios se han mantenido estables desde el año 2005 y apenas han variado con la crisis económica. Un kilo de heroína pura suele estar alrededor de los 35.000 euros. De aquí pueden salir miles de dosis, ya que cada papelina de rebujito lleva menos de un gramo. Las papelinas suelen costar entre seis y siete euros.

En cuanto al perfil medio del consumidor, los investigadores creen que es una droga poco apreciada por los jóvenes, que buscan más el subidón de otras sustancias como las drogas químicas. Tampoco es una droga reclamada por gente de clase alta, ya que los efectos de la heroína en el ser humano son mucho más visibles que los de otros estupefacientes como la cocaína. Un heroinómano suele presentar un aspecto demacrado, sin piezas dentales y muy delgado. Esto, unido al efecto depresor, convierten a la heroína posiblemente en la droga que se empieza a consumir a una edad más tardía.

Aún así, la Policía aconseja a cualquier persona que encuentre alguna papelina entre las ropas de su hijo que se ponga en contacto con este cuerpo de seguridad, ya que esto permitirá iniciar una investigación para conocer dónde y cómo se está vendiendo esta droga.

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