Sevilla

Degradación en Los Pajaritos: "Les venden droga hasta a niños con uniforme de colegio"

  • Los clanes siguen apoderándose de las viviendas que quedan vacías para el negocio de los estupefacientes.

Diego Alejandro Gómez, un argentino apodado el Boludo, describió bien esta semana cómo funciona un fumadero de Los Pajaritos. Lo hizo en el banquillo de los acusados de la Audiencia de Sevilla, donde se le ha enjuiciado por matar, la mañana del 3 de abril de 2017, de 45 puñaladas a María Luisa Richarte, una toxicómana conocida como la Flor, en un piso de la calle Perdiz. El Boludo, que vivía en San Jerónimo, dijo en su declaración que fue a la vivienda por recomendación de una prostituta que le había asegurado que en aquel piso se vendía cocaína de buena calidad y a buen precio. Buscaba la variante más barata, la pasta base de cocaína, lo que se conoce popularmente como basuco.

Allí se encontró a la Flor, su víctima, que era la encargada del punto de venta. Cuando se le pagaba -35 euros por cinco micras-, ésta sacaba una caja con la droga y la pesaba en una balanza, y se la entregaba al cliente. Una vez comprado el basuco, podía quedarse a consumirlo en una sala de la casa. Allí vio a varias parejas fumando.

Su testimonio -tomándolo siempre con las cautelas necesarias al tratarse de un acusado de homicidio- sirve para hacerse una idea somera de cómo funciona el negocio de la droga en Los Pajaritos, donde es díficil ver a toxicómanos consumiendo en plena calle porque pueden hacerlo con más tranquilidad en los numerosos fumaderos que los propios clanes de la droga mantienen abiertos. Fuentes de la lucha contra el narcotráfico explicaron a este periódico la semana pasada que en el barrio hay ya más de 30 pisos -otras fuentes apuntan que en realidad son más de 50- que se utilizan como puntos de venta, fumaderos o almacenes de droga.

Es muy común que los clanes utilicen a los toxicómanos para vender y también como correos. Así se aseguran de que no caiga alguien importante de cada organización en el caso de que sean sorprendidos por la Policía. En Los Pajaritos hay un grupo de traficantes que lo controla todo. 

Algunas de estas bandas cuentan con bloques enteros dedicados al negocio, otras apuestan por tener los puntos de venta repartidos por el barrio y casi todas tienen negocios tapadera, como pizzerías, quioscos y peluquerías. A veces cambian la droga por oro en joyerías que no cumplen con la ley. Algunas de estas organizaciones han protagonizado enfrentamientos a tiros, como uno ocurrido en la plaza del Astrolabio, que terminó con varios detenidos y armas incautadas. También ha habido equivocaciones que terminaron con heridos por arma de fuego. Algún narcotraficante ha llegado a disparar al confundirse de vivienda cuando iba a uno de los narcopisos.

La Policía Nacional, en el fumadero de la calle Perdiz donde fue asesinada María Luisa Richarte, 'la Flor'. La Policía Nacional, en el fumadero de la calle Perdiz donde fue asesinada María Luisa Richarte, 'la Flor'.

La Policía Nacional, en el fumadero de la calle Perdiz donde fue asesinada María Luisa Richarte, 'la Flor'. / antonio pizarro.

Éstos pueden reconocerse por ciertas características comunes. "Los pisos parecen cárceles, tienen las puertas blindadas, y antes tienen incluso cancelines. Son una fortaleza. Cuando la Policía va, se avisan unos a otros, lo tiran todo", explicaron algunos residentes. Los bloques suelen tener las puertas cerradas y una persona en la ventana, que abre y cierra a quien conoce y avisa de la presencia policial. Son los llamados aguadores o machacas en el argot policial.

Los vecinos echan en falta una mayor presencia policial, sostienen que desde el incidente con un policía herido grave el pasado 1 de mayo la venta de drogas ha crecido. Aquella noche, dos agentes se cruzaron con un delincuente muy conocido, Roberto Carlos R. L., que trabajaba como mula y transportaba estupefacientes de un lugar a otro. Los policías le intervinieron una mochila con un arma de fuego y más de 1.500 pastillas de éxtasis, cocaína, heroína, hachís y marihuana, una mercancía valorada en más de 30.000 euros en el mercado negro. Los dos agentes resultaron heridos de gravedad. Uno de ellos estuvo a punto de morir tras recibir un fuerte golpe en la cabeza y un disparo, que no llegó a herirle gracias a la intervención de su compañero. Los dos agentes están a la espera de recibir la medalla al mérito policial con distintivo rojo, la más alta distinción del cuerpo, por haber expuesto su vida durante la intervención. La Subdelegación del Gobierno en Sevilla propuso su condecoración tras la intervención.

También influye la jubilación de dos policías nacionales con un gran bagaje en la lucha contra el narcotráfico, a quienes los delincuentes apodaban Nazi y Corrupto. Otro factor es una serie de enfrentamientos internos en la propia comisaría de la zona, que ha terminado por apartar de la zona a dos subinspectores, así como la marcha de un inspector jefe.

Los puntos de venta de droga se reparten por las calles Tordo, Mirlo, Perdiz, Estornino, Gavilán, Tórtola y Jilguero, en Los Pajaritos; Candelabro y Candelón, en la Candelaria; y la plaza del Astrolabio, Lebreles, Galaxia y Ballena, en Madre de Dios. En esta última calle hay uno de los puntos más activos, que regentan varios traficantes asociados. "Le venden droga hasta a los niños con el uniforme del colegio. Viene gente a comprar drogas y armas desde los pueblos de la provincia de Sevilla, y hasta de Badajoz. Hay muchas peleas, también disparos. Vivimos asustados. Nos están obligando a que les vendamos los pisos y se están quedando con bloques enteros", aseguran algunos de los vecinos, siempre con la condición de que no se revele su identidad. Se ha dado el caso de toxicómanos que han entregado, o cedido, sus viviendas a los narcotraficantes, que los utilizan como puntos de venta a cambio de unas dosis para el dueño.

El problema se agrava con la llegada al barrio de algunos traficantes del Polígono Sur, que han abierto sucursales en Los Pajaritos.

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