Plaza de España · Córdoba

Los escépticos no se rinden

  • Manuel Gracia Navarro. Fue senador, diputado, 'ministro' autonómico, concejal y preside el Parlamento andaluz. Estudió Filosofía Pura, alumno de García Calvo y el profesor Aranguren.

HUBO un tiempo en que el Guadalquivir era el AVE de la historia. Fernando III conquista Córdoba en 1236, rendición que reproduce el banco de la plaza de España, y toma Sevilla en 1248. Manuel Gracia Navarro (Peñarroya-Pueblonuevo, 1946) tardó bastante más en hacer ese recorrido. Cuando lo deshizo, sufrió su particular rendición. Este catedrático de Filosofía lo ha sido casi todo en política: senador en 1977 y en 1990; diputado en el Congreso en 1979; consejero en los gobiernos de Escuredo y Borbolla entre 1982 y 1990; con José Caballos, el único que ocupa el escaño desde que se constituyó el Parlamento andaluz en el salón de Tapices del Real Alcázar, Cámara autonómica que preside desde el 19 de abril de 2012. El casi fue el intento fallido de conquistar la Alcaldía de Córdoba, la única capital andaluza donde no ha gobernado su partido, el PSOE, al que se afilió en 1975 en Montilla, donde sacó la plaza de catedrático de Filosofía en el instituto Garcilaso el Inca.

Pero en un personaje público como Gracia Navarro, expuesto a los demás desde que pronunció su primer mitin en el cine Almirante de Córdoba, lo más interesante es conocer lo que no se ve en el escaño, en los plenos a los que fue como parlamentario de a pie, portavoz y ahora preside.

Nace en Pañarroya-Pueblonuevo porque allí era maestro su padre, Francisco Gracia. Vivían en el segundo sumando del topónimo, Pueblonuevo del Terrible, nombre este último de la mina de carbón que explotaba una compañía francesa que la leyenda popular atribuye al perro que la descubrió. Mediano de tres varones, con tres años ya está en la capital. Adolescente en el instituto Séneca, con otros condiscípulos entablan relación en un bar de las Tendillas con Pablo García Baena, Juan Bernier y Ricardo Molina, voces del grupo Cántico.

El mismo instituto al que después de su primer paréntesis madrileño -los siguientes serían las etapas de senador y diputado- regresa como profesor de Filosofía por las tardes y de Francés en el nocturno. "Por la mañana daba Psicología Social y Evolutiva en la Escuela de Magisterio, echaba más horas que un reloj".

Un profesor del Séneca le inculcó la pasión intelectual que le llevó a Madrid. Estudió Filosofía Pura en la promoción 1963-68. El paso del ecuador de ese quinquenio, curso 1965, se vio salpicado por la expulsión de la Universidad de dos de sus profesores, Agustín García Calvo, que había vuelto de Sevilla, y Aranguren, el mismo año del recital de Raimon en la Facultad de Económicas. De aquel claustro recuerda al profesor de Antropología, un tal Lucio Gil de Fagoaga que en una clase "donde la mitad del alumnado eran curas y monjas a los que les convalidaban asignaturas con Teología, disertaba gráficamente sobre la turgencia de los pechos en las negras y las blancas".

Javier Muguerza, discípulo de Aranguren, le dirigió la tesis doctoral sobre el escepticismo de David Hume y lo incorporó como ayudante de Metodología Científica. "Un sano escepticismo siempre es recomendable". La enseñanza es la cantera de sus primeras inquietudes políticas.

La política puso fin a una brillante carrera pedagógica que le llevó por aulas de Córdoba, Málaga y Montilla. En su plaza del instituto Luis Cernuda, junto a Piscinas Sevilla, no llegó a dar ni una clase. A Sevilla llega primero de alquiler y cuando se trae a la familia -su particular grupo mixto: tres hembras de su primer matrimonio; dos varones del segundo-, se compran un piso en Felipe II. Muy cerca de su primer despacho como consejero de Educación del Gobierno Escuredo en el Pabellón Real. "Las competencias de Educación llegaron en diciembre de 1982, se llevaba la mitad del presupuesto de la Junta porque las de Sanidad no llegaron hasta mediados del 83". El hijo del maestro gobernaba sobre más de treinta mil profesores repartidos entre más de dos mil colegios por toda Andalucía.

Desde Antonio Ojeda hasta él mismo, sobrevivió a ocho presidentes del Parlamento andaluz. Desde una fortaleza real a un hospital. Se fue de la Sevilla de Alejandro Rojas-Marcos (1991-1995) para ser portavoz de su grupo municipal en el Ayuntamiento de Córdoba regido por Herminio Trigo. "El que me propone encabezar la candidatura a la Alcaldía de Córdoba fue Alfonso Guerra, después de reunirme con él en la Moncloa". Regresa a la Sevilla de Soledad Becerril para asumir nuevas encomiendas en el Parlamento cuyas entrañas conoce como nadie. "Éramos tres históricos, Paulino Plata se fue al Puerto de Málaga". Tiene pendiente la reconquista de Córdoba, empeño en el que se muestra sanamente escéptico.

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